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Cultura

La Fundación Mapfre debuta en Barcelona con el impresionismo

La exposición El triunfo del color. De Van Gogh a Matisse inaugura la sede de la Fundación en la capital catalana, instalada en la casa Garriga Nogués

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Paul Gauguin "Femmes de Tahiti ou Sur la plage" (1891) Oleo sobre tela, 69 x 91,5 cm Musée d’Orsay, París Donación de la condesa Vitali en recuerdo de su hermano, el vizconde Guy de Cholet, 1923 RF 2765 Photo © RMN-Grand Palais (musée d’Orsay) / Hervé Lewandowski

Paul Gauguin "Femmes de Tahiti ou Sur la plage" (1891) Oleo sobre tela

La Fundación Mapfre llega a Barcelona pisando fuerte con la exposición El triunfo del color. De Van Gogh a Matisse con obras procedentes de los museos de Orsay y de La Orangerie, referentes internacionales del arte impresionista y postimpresionista. La muestra, compuesta por 72 pinturas, abrirá sus puertas el  sábado 10 de octubre y los interesados podrán visitarla hasta el 10 de enero de manera gratuita.

Comisariada por Guy Cogeval, presidente de los museos que han prestado las obras; Pablo Jiménez Burillo, director del área de cultura de la Fundación Mapfre e Isabelle Cahn, conservadora del museo de Orsay, la exposición está dividida en cuatro secciones: El color científico; El centro misterioso del pensamiento; Gauguin y la escuela de Pont-aven; Los nabis, profetas del nuevo arte y el color en libertad.

Según explicó Pablo Jiménez en la rueda de prensa de presentación: “Nos gustaba la idea de hacer una exposición sobre el color y como éste es uno de los elementos que mejor nos ayuda a entender cómo se transforma la pintura del XIX y cómo se llega al siglo XX”. La muestra está concebida exclusivamente para Barcelona y cuando termine los cuadros volverán directamente a sus museos de origen, de los que salen en muy contadas ocasiones, sin pasar por otras ciudades.

Isabelle Cahn, que ha trabajado como comisaria científica de la exposición, afirmó que la exhibición también demuestra la relación entre unos artistas que se encuentran en un momento en concreto en París para trabajar e intercambiar influencias.

Entre este conjunto de obras “canónicas”, como las definió Cahn, el visitante puede admirar algunas tan conocidas como el Autorretrato de Vincent van Gogh, las Mujeres de Tahití de Paul Gauguin o el Retrato del artista sobre fondo rosa de Cézanne. Además también hay pinturas de Toulouse Lautrec, Monet, Matisse o Seurat.

Pablo Picasso "Nu sur fond rouge" (1906) Óleo sobre tela, 81 x 54 cm Musée de l’Orangerie, París Comprado a la mujer de Jean Walter con la participación de la Société des Amis du Louvre, 1963 RF 1963-74 Photo © RMN-Grand Palais (musée de l’Orangerie) / Hervé Lewandowski © Sucesión Pablo Picasso, VEGAP, Madrid, 2015

Pablo Picasso "Nu sur fond rouge" (1906)

Para mantener la sede barcelonesa de la Fundación, Jiménez ha explicado que se modificará la programación de Madrid. El presupuesto global, de unos 10 o 12 millones de euros [no supo precisar], se divide en la salas de pintura y fotografía de Madrid y la nueva de Barcelona. Los responsables de la programación y la gestión serán los mismos para ambas ciudades ya que: “tenemos unas señas de identidad muy concretas que mantenemos desde hace más de 25 años y la manera de preservarlas es que seamos el mismo equipo”, apostilló.

La idea es que en la sede de Barcelona acoja una gran exposición de pintura del nivel de la que se inaugura este sábado y dos exposiciones de fotografía al año. En algunos casos estarán pensadas solamente para la capital catalana y otras se exhibirán en ambas ciudades. Por el momento, la segunda que se celebrará en la nueva sede será una retrospectiva del fotógrafo japonés Hiroshi Sugimoto y después otra del norteamericano Bruce Davidson.

La casa Garriga Nogués

Al innegable interés artístico de la exposición hay que sumarle la del edificio en el que se alojan las pinturas. La Fundación Mapfre se ha instalado en régimen de alquiler en la casa Garriga Nogués, un edificio de inspiración modernista obra del arquitecto Enric Sagnier construido a principios del siglo XX en el centro de la ciudad y catalogado como Bien de Interés Cultural en 1990. Hasta el pasado mes de abril fue la sede del Museo Fundación Francisco Godia, presidida por Liliana Godia, quien adquirió el edificio en el año 2004.

La dueña del inmueble es la hija de Francisco Godia, empresario, coleccionista de arte y el primer piloto español en saltar a la fórmula 1. Cuando murió en 1990, sus hijas Liliana y Carmen heredaron su fortuna en la que se incluía su colección de arte y que se dividió entre las dos hermanas. La primera decidió destinar las obras que le correspondieron en el reparto en crear la fundación que llevaba el nombre de su padre: unas 1.500 piezas que incluían cerámicas, dibujos, grabados o pinturas catalanas y españolas desde el siglo XII hasta el XX.

Durante más de década y media Godia organizó exposiciones de artistas españoles como El Greco, Rusiñol o Barceló pero, según un comunicado oficial, la falta de ayudas gubernamentales y sus problemas financieros llevaron a la organización a cerrar las puertas del museo. Meses antes, algunas de las obras se  habían vendido en subastas internacionales [de manera discreta pretendidamente], entre ellas la pintura Vuelta de la pesca. Playa de Valencia de Sorolla por 2,9 millones de euros en la londinense Sotheby’s.

Aunque en teoría Liliana Godia, perteneciente a una de las familias más ricas de Cataluña, no tendría por qué tener problemas económicos como para tener que deshacerse de la colección, puede que sus problemas con Hacienda hayan influido en su decisión. En 2013 el Servicio de Delitos Económicos de la Fiscalía de Barcelona acusó a la heredera, a su marido Manuel Torreblanca y a su primo Javier Amat por un presunto fraude fiscal de 5,7 millones de euros, por haber mentido en el pago del IRPF y los impuestos de patrimonio desde el 2007 al 2011. Finalmente, Liliana fue exculpada del delito ya que no hubo pruebas que acreditasen su participación en el delito, aunque tanto su marido como su primo aceptaron sendas penas de cárcel y multas de más de millón y medio de euros, según El País.

Todo este lío ha acabado por beneficiar a la Fundación Mapfre que según Pablo Jiménez llevaba más de 10 años pensando en abrir una sede en Barcelona. “Uno de los problemas que teníamos era el del lugar porque Barcelona es una ciudad muy dinámica en la que un espacio libre no dura mucho tiempo. Tenemos unos ritmos más lento y aunque ya teníamos convenios con el MNAC o con otros museos para hacer exposiciones conjuntas realmente nuestra vocación era tener un espacio nuestro en la ciudad”. Difícilmente podrían haber conseguido un emplazamiento mejor.

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