'Sin novedad en el frente', la sorpresa (inmerecida) de las nominaciones a los Oscar

'Sin novedad en el frente' es la tercera adaptación de la novela del mismo nombre

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La carrera por el Oscar suele ser bastante previsible. Desde septiembre se ven claramente las favoritas. Todo comienza en el festival de Venecia y posteriormente, en Toronto. En el certamen italiano es donde, además, Netflix presenta sus apuestas para la temporada de premios. Fue allí donde Roma ganó el León de Oro y comenzó su salto al Oscar; que luego perdería frente a Green Book. Allí enseñó por primera vez, un año después, Historia de un matrimonio. Tras la parada por la pandemia, en 2021 regresaron a Venecia para enseñar El poder del perro, La hija oscura y Fue la mano de Dios. Todas ellas estuvieron después en los Oscar.

Este año Netflix fue con todo y desveló las que ellos consideraban que iban a ser sus apuestas de cara a los Oscar: Bardo, Blonde y Ruido de fondo. Películas con directores consagrados como Alejandro González Iñárritu, Andrew Dominik y Noah Baumbach, vacas sagradas que parecían claras vencedoras. La respuesta no fue la esperada. La crítica masacró a Bardo, se polarizó con Blonde y fue tibia con Ruido de fondo. Los planes de la plataforma en la carrera de premios se veían, por primera vez, trastocados.

Tocaba buscar otra película. Netflix no se podía permitir no tener ninguna entre las 10 finalistas. Actúan como un gran estudio, produciendo a grandes nombres e invirtiendo mucho dinero, y no estar sería una derrota moral. Lo intentaron con Pinocho, de Guillermo del Toro y luego con Glass Onion, la secuela de Puñales por la espalda, aunque finalmente la mejor baza la tenían en Europa y no lo sabían.

Sin novedad en el frente no contaba para nadie hace unos meses. La prueba es que Netflix no la presentó en ningún festival internacional de clase A. En Europa la respuesta fue correcta, pero sin algarabías. De hecho, en los Premios del Cine Europeo no logró estar nominada en ninguna de las categorías importantes. Ni película, ni dirección, ni guion. Nada. Sin embargo, la crítica de EEUU empezó a incluirla en todas sus listas de las mejores películas internacionales del año. Netflix tenía su nueva favorita y empezó a posicionarla. Ha sido una carrera de poco a poco, pasito a pasito, que dio el golpe en la mesa en los BAFTA y que lo ha confirmado en los Oscar, donde ha sido la segunda más nominada con nueve candidaturas. 

Un éxito tremendo contando con que se trata de una producción alemana, sin un director conocido internacionalmente y sin estrellas en su reparto. Aun así, ha conquistado a los académicos de Hollywood, que vuelven a demostrar que no hay nada que les guste más que una película bélica bien hecha. La historia de Sin novedad en el frente no les es desconocida. La novela en la que se basa, de Erich Maria Remarque, es un clásico que ya había visto dos adaptaciones cinematográficas. La primera, de 1930, incluso ganó el Oscar a la Mejor película y al mejor director para Lewis Milestone. En 1979 se adaptó en forma de TV Movie que ganó el Globo de Oro y fue nominada en las principales categorías de los Emmy. En estos Oscar, ha conseguido la nominación a Mejor Guion Adaptado.

La historia se repite, y la nueva versión, esta vez realizada fuera de Hollywood, vuelve a conquistar los premios. No se puede decir que este Sin novedad en el frente sea una mala película. Es un filme más que competente que destaca en todos sus apartados técnicos. Crea una experiencia inmersiva que consigue meter al espectador dentro de esas trincheras y sentir el miedo de estos soldados jóvenes que se sienten engañados por estar allí. El filme de Edward Berger tiene una fotografía exquisita, una música envolvente y unos efectos de sonido atronadores, pero nunca va más allá.

No hay novedad en el frente, pero tampoco en un filme visto mil veces que coge los aportes que han traído obras recientes como Dunkerke o 1917 y los incorpora. La música del filme de Berger bebe de la del de Nolan; y sus travellings largos y la expresionista fotografía también recuerdan a la que hizo Roger Deakins en el título de Sam Mendes. Por supuesto, queda lejos de otras obras mayores como Senderos de gloria, la madre de todas ellas. 

Su presencia en categorías importantes como Mejor Película y Mejor Dirección de Fotografía, por encima de trabajos como Babylon o Women Talking, es inexplicable. También lo es que cope la cuota internacional de una Academia que tiende a abrirse cada vez más, pero que en esta ocasión lo ha hecho apostando por la opción más clásica y hollywoodiense. La misma Academia que el año pasado nominó a Drive my Car y a Riusuke Hamaguchi, que el año anterior sorprendió con Thomas Vinterberg por Otra ronda, y en 2019 lo hiciera con Pawel Pawlikowski, por Cold War, esta vez ha elegido lo más tradicional de todo lo que tenía para escoger.

También sorprende viendo el nivel de la producción cinematográfica fuera de EEUU. Que en un año donde había propuestas internacionales como Decisión to Leave, Close, Saint-Omer, Argentina, 1985 o Holy Spider, la Academia opte por una obra tan poco imaginativa es decepcionante. Siempre hay que agradecer que se fije en obras producidas fuera de sus fronteras, pero esta vez han elegido la que ellos mismos podrían haber hecho. La conexión del filme con el público es evidente, ya que su éxito en Netflix ha sido apabullante y se ha colocado como la cuarta película —en un idioma que no sea el inglés— más vista de la historia de la plataforma con más de 100 millones de horas de visionado.

Quizás el éxito de Sin novedad en el frente haya que buscarlo en lo extracinematográfico, en un mensaje antibelicista que en 2023 cala mucho. Nadie esperaba ver una nueva guerra, pero la invasión rusa a Ucrania ha hecho que todos sientan más cerca que nunca un conflicto bélico que afecta de forma frontal a EEUU. Sin novedad en el frente muestra de forma cruda los horrores de una guerra donde se perdió la inocencia, y eso le otorga una relevancia que hace cinco años quizás no hubiera tenido.

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