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El hombre que mató a Vargas Llosa

No es la primera vez que el premio Nobel peruano es suplantado en las redes. En 2015 se anunció desde una cuenta falsa su compromiso con Isabel Preysler

La última broma de Tommaso Debenedetti, el periodista que se hizo pasar por Vargas Llosa, se suma a un largo historial de asesinatos ficticios, que incluyen a Fidel Castro y Almodóvar

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El escritor Mario Vargas Llosa en un acto promocional EFE

"Recibimos ahora la noticia de la muerte de Mario Vargas Llosa. El escritor falleció hace unos minutos por infarto". Con este mensaje colapsaba en la mañana del martes las redes sociales el freelance Tommaso Debenedetti, el campeón italiano de la mentira.

No es la primera vez que Debenedetti, que durante una década se especializó en publicar entrevistas falsas en medios de comunicación italianos -quién sabe si con su connivencia o no-, se hace pasar por el laureado escritor peruano. En 2011, abrió un perfil de Vargas Llosa en Facebook y cuatro años más tarde volvió a crear una cuenta falsa desde la que anunció su compromiso con Isabel Preysler.

Tras cerca de veinte minutos de polémica, de enfrentamientos, pésames y conjeturas en la red sobre la presunta muerte de Vargas Llosa, la editorial Alfaguara desmentía en su cuenta de Twitter los hechos. Esta vez le duró poco la broma a Debenedetti, quien también anunció desde la cuenta falsa que había abierto apenas 48 horas antes de que todo era un 'fake' creado por él mismo.

"Estoy vivo y feliz", afirma ahora un clon de Vargas Llosa en la red, quién sabe si otro Debenedetti disfrazado.  El perfil ficticio que anunció la muerte del escritor ha sido retirado de Twitter, después de que la editorial avisara a los responsables de la red social.

El engaño hecho profesión

Tommaso Debenedetti ha publicado más de un centenar de entrevistas inventadas en medios italianos. En una década ha jugado a entrevistar a intelectuales de la talla de Noam Chomsky, Derek Walcott, Manuel Vázquez Montalbán o Philip Roth. De hecho, fue el autor de Me casé con un comunista quien sacó a la palestra las prácticas poco lícitas de Debenedetti, después de que un periodista de La Reppublica le preguntara acerca de unas declaraciones en las que tachaba a Barack Obama de "repulsivo y con una nula capacidad resolutiva".

¿Pero quién se esconde tras la máscara? Un padre de familia y profesor de Historia italiana en un colegio situado en el centro de la ciudad eterna, aunque lleva sus instintos periodistas en la sangre. Su padre, Antonio Debenedetti, es un valorado escritor, poeta y crítico literario italiano, con el reconoce que apenas mantiene relación, quizás por no seguir sus pasos.

"Italia es de chiste", criticaba Debenedetti, denunciando la falta de rigor del periodismo italiano. "Mi idea era ser un periodista cultural serio y honrado, pero eso en Italia es imposible", explicaba en una entrevista a El País, periódico al que Debenedetti coló en 2013 una foto falsa del exdirigente venezolano Hugo Chávez.

"La información en este país está basada en la falsificación. Todo cuela mientras sea favorable a la línea editorial, mientras el que habla sea uno de los nuestros. Yo, simplemente, me presté a ese juego para poder publicar y lo jugué hasta el final para denunciar ese estado de cosas", apostillaba.

Ahora, ha pasado del papel a la red porque "Twitter funciona bien con las muertes". El dictador cubano Fidel Castro, la creadora del universo Harry Potter, J.K Rowling, el segundo del Papa, el cardenal Tarcisio Bertone, y el cineasta español Pedro Almódovar, figuran entre sus muchos "asesinados".

"El Gobierno español anuncia la muerte del director de Pedro Almódovar", recogía un tweet publicado desde una cuenta falsa del ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro. Otros políticos como el líder de Corea del Norte, Kim Jong Un, el expresidente de Afganistán Hamid Karzai o el dictador sirio, Bashar al Assad, se suman a la lista de políticos troleados.

Y aún a la espera de que algún día se anuncien acciones legales por delitos de suplantación -el último damnificado, Vargas Llosa, junto con la editorial Alfaguara, no interpondrá ninguna denuncia-, Debenedetti siempre se ha mostrado satisfecho con su trabajo.

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