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Los 2.800 Gary Coopers que defendieron la República española

libro 2

Miguel Ángel Villena

Una imagen colectiva: los multitudinarios, conmovedores y reivindicativos recibimientos en varias ciudades a los ancianos supervivientes de las Brigadas Internacionales cuando se les concedió la nacionalidad española en 1996.

Universidades, estaciones de trenes, ayuntamientos y plazas fueron testigos de que buena parte de la sociedad española no había olvidado, 60 años después, la generosidad de unos 35.000 brigadistas, de medio centenar de países, que fueron solidarios con la España democrática.

Ahora, una imagen individual convertida en un icono: Robert Jordan (Gary Cooper), con su sombrero y su cazadora de cuero, volando un puente junto con un grupo de milicianos, entre ellos María (Ingrid Begman), como apoyo a las fuerzas de la República. La película ¿Por quién doblan las campanas? (Sam Wood, 1943), basada en la novela homónima de Ernest Hemingway, proyectó al mundo entero aquella misión de los 2.800 jóvenes idealistas de la Brigada Lincoln que acudieron en ayuda de la democracia española.

El escritor, periodista e historiador Adam Hochschild (Nueva York, 1942), un prestigioso colaborador del diario The New York Times y de la revista New Yorker, ha investigado durante una década la gesta de aquellos miembros de la Brigada Abraham Lincoln. El resultado es el libro España en el corazón (Malpaso), un magnífico ensayo escrito con el rigor de un historiador y la amenidad de un periodista, que acaba de publicarse en nuestro país y que repasa el papel de Estados Unidos en la guerra. Desde la actitud de personajes famosos como el presidente Franklin D. Roosevelt o los reporteros Ernest Hemingway o Herbert Matthews, hasta empresarios profranquistas, como el ejecutivo de Texaco, Torkild Rieber, y pasando sobre todo por infinidad de historias personales de los brigadistas de la Lincoln.

Hombres y mujeres, blancos y negros, burgueses y obreros, sanitarios y periodistas integraron la amalgama de aquellos idealistas, la mayoría de ellos comunistas, que abandonaron familias, hogares y trabajos para luchar en las batallas del Jarama o de Teruel. “¿Qué los llevó a ir a España? ¿Qué aprendieron tanto de sí mismos, como de la guerra, del país que se habían comprometido a defender o del país que habían dejado?” se pregunta Hochschild en el prólogo del libro. A responder a estos interrogantes dedica el autor, muy esquivo con la prensa y que declinó una entrevista con este periódico, las 500 páginas de un libro apasionante.

Malcolm Otero, editor de Malpaso, confiesa a eldiario.es que el libro de Hochschild le cautivó desde que lo leyó en inglés y destaca como uno de los principales atractivos de la obra que “brinda mucha información sobre los brigadistas norteamericanos, pero siempre desde un punto de vista español”. “Se nota que el autor”, remacha, “ha empollado bien la historia de nuestra guerra civil”. En opinión de Otero, en un juicio que coincide con muchos editores de nuestro país, los anglosajones tienen un talento y una habilidad especiales para narrar historias individuales dentro del marco de una gran historia global y en sus declaraciones aparecen nombres ya clásicos de autores como Paul Preston o Antony Beevor.

España en el corazón”, señala el responsable de Malpaso, “logra un equilibrio perfecto entre las pequeñas y las grandes historias. Baste citar a los brigadistas que cruzaron el Ebro a nado durante la batalla o el caso de Oliver Law, un afroamericano que fue de los primeros negros que mandó un contingente de tropas de Estados Unidos”.

Esas biografías de tantos brigadistas anónimos salpican todo el libro y contraponen el idealismo inicial con la terrible realidad de miseria, hambre, frío y enfermedades de una contienda muy cruel. A pesar de la imagen de la Brigada Lincoln como un nido de rojos, Otero insiste en que su llegada a España fue voluntaria y motivada por un anhelo de defender la libertad.

“Todo lo contrario de las tropas alemanas e italianas regulares que enviaron Hitler y Mussolini para apoyar a Franco y a los sublevados contra la República”, apostilla el editor. Para Otero, los brigadistas de la Lincoln fueron doblemente perdedores: resultaron derrotados en España y, más tarde, perseguidos en Estados Unidos por sus ideas comunistas.

Aurora Bosch, catedrática de Historia Contemporánea en la Universidad de Valencia y especialista en Estados Unidos, subraya que el 80% de los integrantes de la Lincoln fueron comunistas, pero se apresura a matizar que el idealismo de aquellos muchachos estaba fuera de toda duda. “Tuvieron que vencer muchas dificultades para llegar a la España republicana en contra de las directrices de la Administración de EE UU, que les negaba los visados, y realizaron grandes esfuerzos para venir a luchar a nuestro país. Además, el comunismo en aquella época no estaba reñido, ni mucho menos, con los ideales de libertad. Es más, tampoco aplicaron ciegamente las consignas estalinistas y, entre los brigadistas, hubo gente de todo tipo”.

Autora de un ensayo básico sobre este tema, Miedo a la democracia. Estados Unidos ante la Segunda República y la guerra civil española (Crítica), Aurora Bosch recuerda que el presidente demócrata Roosevelt “se lamentó en 1939 de que la política de neutralidad hacia el conflicto español y el consiguiente embargo de armas al Ejército republicano habían logrado justo los resultados contrarios a lo que pretendía.

“Roosevelt tenía un estrecho margen de maniobra”, comenta la experta, “pero pudo haber vendido armas a la República sin vulnerar la legalidad con el sistema de cash and carry, es decir, que el Gobierno republicano las hubiera transportado en sus propios barcos hasta España”. La catedrática, sin embargo, opina que la Administración de Roosevelt temía la reacción de los católicos estadounidenses, votantes muchos ellos del Partido Demócrata, y que se alarmaron por la represión contra la Iglesia española de algunos sectores de la izquierda española.

El libro de Hochschild muestra, en ese sentido, la presión de intelectuales yanquis que pelearon en España para decantar a Estados Unidos hacia el apoyo a la República. Un ejemplo muy significativo fue la insistencia de la periodista Martha Gellhorn ante Eleanor Roosevelt, partidaria del bando republicano. Pese a ello, la primera dama no consiguió convencer al inquilino de la Casa Blanca.

Sin embargo, y a modo de consuelo, España en el corazón demuestra que los estadounidenses que se implicaron en la guerra civil lograron ganar la batalla de la opinión pública en su país de origen. A partir del salvaje bombardeo de Gernika por la aviación alemana en abril de 1937, periodistas, escritores, artistas e incluso actores famosos de Hollywood impulsaron manifestaciones contra Franco, organizaron recogidas de fondos para la España republicana y dieron mítines a lo largo y ancho de Estados Unidos.“Desgraciadamente”, afirma Aurora Bosch, “la presión fue incapaz de cambiar la política de Roosevelt”.

De cualquier modo, las huellas de la Brigada Lincoln no desaparecieron y sus nombres no se han borrado de la Historia. De hecho, el título del libro de Hochschild, España en el corazón, representa todo un símbolo. Todavía recuerda Aurora Bosch cuando asistió en 1990, durante su estancia en la Universidad californiana de Berkeley, a un acto de brigadistas veteranos. “Fue muy emocionante”, evoca la profesora, “ver a los supervivientes de la Lincoln, a sus familiares, a sus amigos… Allí renovaron su compromiso con la libertad y con los ideales democráticos. La Brigada Lincoln sigue siendo un referente para la gente progresista en Estados Unidos”.

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