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ENTREVISTA | Virginia Nicholson, sobrina de Virginia Woolf

Así sobrevivían las mujeres de los soldados de la Gran Guerra a la hambruna sexual

Portada del libro 'Ellas solas', de Virginia Nicholson

Mónica Zas Marcos

Según el censo de 1921, en Inglaterra y Gales había un millón setecientas mil mujeres más que hombres. Los periódicos se referían a ellas de forma despectiva como “las sobrantes”, las viudas de los soldados de la Gran Guerra o, peor, las que ni siquiera habían llegado a comprometerse.

La sociedad les había encomendado una misión en la vida, ser madres y esposas amantísimas, y de pronto se vieron sin hombres con los que convivir ni concebir para llevarla a cabo.

Lo que en principio parecía una desgracia, resultó ser el acicate para uno de los mayores cambios de mentalidad del siglo XX en Europa. En palabras de la feminista victoriana Millicent Fawcet, en 1918, la guerra mundial “se encontró a las mujeres como siervas y las liberó”. Una visión que comparte Virginia Nicholson (Leeds, 1955) en Ellas solas (2008), el ensayo sociológico que recoge los testimonios y las cartas de quienes recuperaron a la fuerza su independencia y su libertad.

Nicholson, que además es sobrina nieta de Virginia Woolf y nieta de Vanessa y Clive Bell, inauguró este martes en Madrid el ciclo Las mujeres en la I Guerra Mundial de La Casa Encendida. Ellas solas, como la propia autora dice, es lo contrario a un libro de historia social porque “quería escuchar las voces, quería saber cómo eran sus vidas en aquella realidad desordenada”.

Su pasado como redactora y documentalista de la BBC le dio las pautas para saber por dónde empezar. “Me puse en contacto con muchas residencias de ancianos del Reino Unido y les pregunté si tenían ”solteronas“ de la Gran Guerra que quisiesen o estuviesen en condiciones de hablar”, cuenta Nicholson a eldiario.es. “La verdad es que casi llego tarde. Empecé la investigación en 2004 y me dije a mí misma, ”más te vale darte prisa“, porque la mayoría estaban muertas”, reconoce.

El tema del libro surgió por casualidad y, más que con una motivación divulgativa, como una vía de escape personal. “Soy mujer, soy historiadora y escribo para gente como yo, solo lo que a mí me gustaría leer”, cuenta, “pero sobre todo surgió por un miedo a la soledad en el que me incluyo. Este libro puede inspirar para salir adelante por uno mismo”.

Estas mujeres tuvieron que despojarse del rol de “ángel del hogar” para ganarse el pan por ellas mismas. La falacia patética y los lamentos románticos de las hermanas Brönte ya no tenían cabida y el discurso se tornó parecido al que mantenían otras como Virginia Woolf. Nicholson cuenta el caso de Gertrude Maclean, una mujer soltera de treinta y siete años que montó una empresa llamada Tías Universales.

Su primer anuncio en The Times rezaba lo siguiente: “Tías Universales. (Damas con antecedentes intachables). Cuidado de niños. Amueblado de casas. Compras para las colonias. Carabinas. Trabajo de investigación”. “Aquellas mujeres aprendieron que el matrimonio no es el único camino hacia la realización personal”, todo un avance para una sociedad en la que reinaba la represión económica y sexual contra ellas.

Y, de hecho, la segunda se mantuvo bastantes años después. Para Virginia Nicholson, hablar de sexualidad con estas mujeres suponía una parte obligatoria de su obra. “Era una pregunta que quería hacer pero no sabía cómo. No fue muy fácil obtener la respuesta de mis entrevistadas: solo dos o tres fueron francas. Pero el mejor material salió de otra parte”, desvela la escritora. Paseándose por el archivo bibliográfico de Londres, Nicholson se topó con centenares de cartas abiertas sobre inhibición sexual dirigidas a la científica Mary Stopes.

“La doctora Stopes escribió un libro en 1921 sobre anticonceptivos que se llamaba Married Love. Fue un éxito absoluto porque abordaba la sexualidad dentro del matrimonio y sacaba a la luz algo que previamente había sido un tabú. El problema fue que estaba muy interesada en no transgredir los límites”, explica. “Hay una cantidad ingente de cartas de mujeres desesperadas que le preguntaban a Stopes qué debían hacer al ser solteras y sentir apetito sexual. Es alucinante”.

Preocupada por no parecer una libertina, Mary Stopes ofrecía soluciones anodinas y muy alejadas de cualquier noción sobre sexualidad femenina. “No quería arriesgar su reputación, así que siempre contestaba diciendo que se diesen un baño caliente o que encontrasen un hobby como bailar o salir a pasear”, explica Nicholson. “Es muy complicado conseguir testimonios al respecto, pero sí que me he topado con muchas evidencias de la cantidad de relaciones lésbicas que hubo entonces”, reconoce.

Simultáneamente, en cierta élite cultural se estaba viviendo un despertar sexual que quedó reflejado en obras literarias y artísticas. “La gente admiraba a mi abuela y a mi tía abuela, al grupo Bloomsbury y la subcultura de los bohemios. Se sentían más libres, autorizados y con derecho a experimentar en el sexo: las mujeres conocían a otras mujeres, tenían affaires estando casadas y ya no era tan importante ser virgen”, cuenta.

Sobre Virginia Woolf

Crecer con el apellido Woolf y Bell en su árbol genealógico ha resultado en ocasiones tedioso para Virginia Nicholson. Sin embargo, desde el momento en el que escribió Entre Bohemios (2002) junto a su padre sobre el club Bloomsbury, reconoce que es inevitable que el nombre de su tía abuela aparezca en sus giras literarias.

“Tengo que admitir que ha sido bastante difícil crecer bajo la sombra de Virginia Woolf, de hecho provocó que yo no escribiera. ¿Cómo puedes sentarte a escribir si tu tía abuela es esa genio de la literatura? Inevitablemente me comparaba con ella y eso me ha cohibido a un gran nivel. Al final conseguí persuadirme y escribir no ficción, pero no creo que nunca pueda escribir ficción”, confiesa al final de la entrevista.

Y remata con una anécdota: “Mi padre escribió su primera biografía, y mi madre estuvo veinte años editando sus diarios. Llegó a ser un poco irritante, porque en las cenas mis padres hablaban de Virginia tal, Virginia cual, y yo decía, ¿es a mí? Pero nunca lo era. Les pedí que cambiasen el nombre porque era muy confuso, y después de eso empezó en casa a ser Mrs. Woolf”.

Sin embargo, esa pariente “irritante” fue el altavoz de buena parte de las mujeres que aparecen en Ellas solas y dejó huella por escrito lo que muchas no se atrevían a confesar en voz alta. “Es cierto. Y me siento muy afortunada por tener este contexto. No puedo decir lo contrario: es una herencia fantástica, de hecho”.

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