Entrevista Cantante de música urbana

Judeline: “Me siento orgullosa de no ser una cantante viral”

La cantante Judeline, futura estrella de la escena de música urbana

Pablo Vinuesa


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“Yo tenía 17 años, casi recién cumplidos, y me hizo muchísima ilusión”, explica Lara Fernández Castrelo, Judeline, sobre el momento en el que se enteró de que Alizz, músico conocido por sus producciones para C. Tangana, Rosalía o Amaia, la había seleccionado para cantar Rota sobre uno de sus ritmos cedidos a artistas emergentes dentro del proyecto Desclasificados. Fue durante la cuarentena y tanto ella como su hermana reaccionaron “pegando saltos por la casa y llorando”.

Diseccionando a C. Tangana: de ídolo a ateo en cinco claves

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A pesar de su juventud, Judeline “siempre había tenido claro que iba a ser cantante”, un futuro para el que se viene preparando “desde niña”. El apoyo público de un artista tan destacado supuso “una señal” de que se acercaba el momento de “tomarse la música como un trabajo diario”. Aún hoy recuerda con vértigo “la locura” de conocer personalmente a Alizz y C. Tangana en el estudio y enterarse de que ese beat era, precisamente, un descarte de Ídolo.

Nueva en la ciudad

Tal como afirma el título de uno de sus primeros singles, mudarse a Madrid fue una decisión correcta que le “ha cambiado la vida”. La razón real, “ganarse la vida cantando”, fue distinta de la excusa con la que convenció a sus padres, “hacer el bachillerato de arte”. Su popularidad en la escena, un ascenso reposado pero imparable, ha provocado que “la música se haya comido a los estudios”.

A ello ha contribuido la “pandilla” formada en la capital con otros tres jóvenes artistas, el cantante ODDLIQUOR y los productores Mayo y Tuiste. Con este último trabajó, “durante la cuarentena, intercambiando un montón de música”, tras ponerlos en contacto otro productor, el portuense Trillfox, quien la ayudó con uno de sus primeros temas, Solo quiero huir. Se mudaron a Madrid al mismo tiempo y Tuiste comenzó a compartir piso con Mayo.

En ese espacio empezó a fluir la música en “un proceso muy orgánico”, durante el cual cada canción pide “un acercamiento distinto”. Define la etapa inicial, mientras componía junto a ODDLIQUOR para su disco 4x4, como “una paliza”, con jornadas de estudio alargadas hasta la mañana durante las cuales aprendió “un montón”. No hay una guía concreta: los temas del cuarteto pueden empezar por un detalle de producción, “unos acordes casuales” o un juguetón “‘chopeo’ de voces”.

Buena repercusión, pero sin 'pegarse'

Tras interesantes singles como De Una Manera o Sustancia, la mayoría de su público la descubrió con De la luz (Sonido Muchacho), epé publicado a principios de año. La repercusión ha sido buena, aunque no haya llegado a “pegarse” (tener éxito masivo). Admite haber leído que está “infravalorada” o no tiene “los números que merece”, pero valora que la descubran “poco a poco” y que quien lo haga “se quede, siendo testigo del proceso”. Se siente “orgullosa de no ser una artista viral”, porque “hay cantantes con diez millones de oyentes mensuales a los que nadie en la industria respeta verdaderamente”.

Sin llegar a sonar arrogante, asume con naturalidad que la califiquen como “la nueva Rosalía”. La dirección tomada parece la correcta tras editar su epé en vinilo de edición limitada, ya integrada en el sello Sonido Muchacho junto a proyectos asentados en el panorama como los de Rojuu, Carolina Durante, Sen Senra o Natalia Lacunza. La manera “tan orgánica que tienen de moverse” artísticamente estos dos últimos, de hecho, fue lo que la convenció para dar el salto.

Fue “una ilusión” sostener entre sus manos este primer formato físico, disco que ya “cuelga en el salón, como si fuera un cuadro”. Rehúye desvelar una fecha aproximada de lanzamiento para un primer álbum porque, aunque lleve “más de un año trabajando” y haya dejado “pistas de su concepto en algunas canciones”, aún le falta “una buena encerrona para terminarlo”. Además, su objetivo es que sea “un disco que permanezca en el tiempo” y del cual se pueda “sentir orgullosa cuando sea mayor”. 

El futuro inmediato de Judeline

Eso no significa que haya dejado de publicar. Canciones como En el cielo o la más reciente La pestaña que soplé tienen un doble objetivo. El primero es eminentemente práctico: “Que nadie se olvide” de su existencia. Aunque advierte que “ninguno de estos singles”, refiriéndose tanto a estos dos aparecidos tras el epé como a los que queden por venir hasta la existencia de un elepé, serán incluidos en el mismo.

El segundo, desde una perspectiva artística, es marcar la evolución de su propuesta. Entiende que se los considere como lo más complejo hasta el momento, incluso que “pueda haber un pequeño salto” con respecto a ese De la luz que dedicó, con canciones tan evocadoras como trafalgar · amanecer o marisucia · noche, nombres reconocibles para los aficionados al surf en la provincia, al lugar donde creció, Caños de Meca.

“Cada vez escribo mejor y trabajamos mejor todos, en equipo”, asegura antes de explicar que La pestaña que soplé ha salido “muy rápido en comparación, por ejemplo, con Otro lugar”, en la que estuvo trabajando durante meses. Ahora compone con “más referencias”, algo que le facilita sentirse “cómoda” y “encontrar un mensaje”. Además, estos dos últimos temas “tienen un mensaje más directo” y en ellos se permite “hablar de más cosas, y además de cosas más concretas”. 

Encasillarse, una manía del pasado

Pero, ¿a qué suena Judeline? La gaditana no siente que haga “algo urbano per se”, aunque se sienta cómoda “dentro de ese movimiento”. Le divierte cuando Spotify la añade a su conocida lista de reproducción Radar Indie: “aunque, verás (ríe) es cierto que siempre me ha interesado el rock y a los 13 años tenía un grupo punk”. Admite que hay algo generacional en huir de etiquetas, firme en su propósito de “ir fluyendo como apetezca”.

En su música hay dejes aflamencados, como en Otro lugar o Tonada de la luz, aunque en esta última la influencia provenga de tonadas venezolanas que le enseñaba su padre. También cadencias de R&B contemporáneo, aliento pop y atmósferas oscuras, que hasta se contagian de ritmos drill como en Nueva en la ciudad. Lo vive con naturalidad porque se ha criado “escuchando música muy variada”, pero le parece un reflejo de una generación “sobreinformada y sobreconectada”, cuya mezcla constante de culturas “se hará notar en cualquier expresión artística”.

No se sorprende cuando la comparan con artistas como María José Llergó, quien ganó el premio Goya a la mejor canción por Te espera el mar, o Albany, aunque se identifique más, “por su ambición y visiones creativas”, con Oklou, Rosalía o Dellafuente. Y experimenta con total naturalidad con el software de modificación vocal porque le “gusta cómo suena” y la “mete en la vibra” de su música. “Yo sé cantar y afinar, y en directo solo uso reverb”, argumenta, pero usa “de manera creativa” herramientas como el autotune o el Melodyne. En una época “en la que hasta Pablo Alborán saca temas para ‘pegarse’ en TikTok” sería “estúpido y antievolutivo seguir haciendo lo mismo que antes”, zanja.

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