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Un experimento mete a 40 alemanes en un bote para ponerse en el lugar de los migrantes que cruzan el Mediterráneo

Desalambre

Un bote inflable trata de seguir a flote entre grandes olas, en medio de la noche, entre la bruma. Son algunas de las duras condiciones que soportan cientos de personas que se juegan la vida en precarias embarcaciones para llegar a las costas europeas.

La ONG de rescate alemana Sea Watch las ha recreado en un experimento en el que participó un grupo de ciudadanos alemanes con el objetivo de “concienciar” sobre las muertes en el mar y sobre lo que implica tratar de cruzar una de las rutas más peligrosas del mundo, en la que cada vez son menos los barcos que salvan vidas.

Según explica la entidad, la simulación “se desarrolló en estrecha colaboración con los supervivientes, basándose en sus experiencias y sentimientos personales durante las misiones de rescate”. Una de ellas es Khandra, de 18 años, que explica que durante su trayecto migratorio de Libia a Italia compartió un pequeño bote con unas 300 personas. “Estuvimos en el barco alrededor de 23 horas. Había mucho viento y olas altas y hasta donde alcanzaba la vista, solo había agua”, cuenta.

El experimento se llevó a cabo dentro de una instalación de entrenamiento. Dentro, “a diferencia de los que huyen -que no tienen otra opción-”, matiza la ONG, los 40 participantes se apretujaron dentro de un bote inflable sobrecargado. Permanecieron dentro del bote durante un período de tiempo que desconocían. Se simularon luces, sonidos y movimientos del mar “para que fueran lo más realistas posible”, explica Sea Watch. También, a diferencia de quienes realmente arriesgan su vida, los participantes tenían la opción de saltar por la borda y nadar hasta la orilla cercana. Allí los esperaban buzos y personal médico.

“Queremos plantear la pregunta de si los gobiernos seguirían actuando de la misma manera, negándose a ayudar, si los pasajeros fueran alemanes blancos y privilegiados que necesitan ser rescatados en el mar”, indica Michael Schwickart, de Sea Watch.

La organización describe algunos de los resultados de la simulación: siete de los participantes salieron pronto del bote y el resto aguantó hasta el final, la mayoría de ellos con muchas náuseas. “Todos los participantes estuvieron de acuerdo unánimemente en que solo algo como la desesperación y la desesperanza extremas podían persuadir a alguien a soportar algo así”, apunta la ONG.

“Fue duro cuando subías las olas y las circunstancias externas eran más extremas, luego había un periodo de descanso y empezaba otra vez”, relata uno de los participantes después del experimento. “Ahora comprendo mejor la situación que se debe enfrentar para tomar un riesgo tan grande como este”, sostiene otro.

“Mi viaje fue el peor momento de mi vida, pero también sé que hay historias aún peores. Es una buena idea dejar que los alemanes experimenten un poco del sufrimiento por el que pasé, porque la gente ya no escucha a los refugiados”, apunta Esaher, uno de los refugiados que participó en el experimento.

En lo que va de año, al menos 409 personas han fallecido en el Mediterráneo en su intento de alcanzar las costas europeas. Las organizaciones especializadas han reclamado en reiteradas ocasiones la puesta en marcha de vías legales y seguras para evitar que se vean forzadas a jugarse la vida en el mar.

“Al contrario de lo que se piensa, el Mediterráneo sigue siendo la frontera más mortífera del mundo, incluso en 2019: una de cada diez personas muere intentando huir a través del Mediterráneo central. ¿Sería igual si los náufragos fueran alemanes blancos?”, sentencia la ONG.

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