La factura laboral de la guerra en Oriente Medio: la OIT prevé la destrucción de 52 millones de empleos
“La crisis en Oriente Medio está afectando cada vez más al empleo, las condiciones de trabajo y los ingresos más allá de la región”, advierte este lunes la Organización Internacional del Trabajo (OIT). En un informe publicado este 18 de mayo, la entidad laboral de Naciones Unidas prevé posibles pérdidas de horas de trabajo por el conflicto internacional que equivalen a 14 y 38 millones de empleos a nivel mundial en 2026 y 2027, respectivamente, con una especial afectación en los Países Árabes, seguidos de la región de Asia y Pacífico.
La OIT proyecta varias consecuencias laborales debido a la guerra en Irán que, aunque “tardarán en materializarse”, la entidad advierte de que hay perturbaciones que ya se están transmitiendo a través de “múltiples canales”, como el aumento de los precios de la energía, la interrupción de las rutas de transporte, las tensiones en las cadenas de suministro, la debilidad del turismo y las restricciones a la migración.
Esto, en “una economía mundial aún marcada por un crecimiento débil y déficits de trabajo decente”, se prevé que afecte tanto a la intensidad de empleo, como a los salarios y al nivel de desempleo a nivel mundial.
Menos empleo, menos salario y más paro
La OIT sitúa un escenario ilustrativo en el que los precios del petróleo aumentan alrededor de un 50% por encima de su promedio de principios de 2026. Con este contexto, prevé que las horas de trabajo a nivel mundial disminuyan un 0,5% en 2026 y un 1,1% en 2027, lo que equivale a 14 millones y 38 millones de empleos a tiempo completo, respectivamente. Además, calcula que los ingresos laborales reales disminuirían un 1,1% y un 3% en estos años.
Por su parte, estima que el desempleo mundial aumentará de forma más gradual, con incrementos de 0,1 puntos porcentuales en 2026 y 0,5 en 2027.
Los efectos serán “muy desiguales entre regiones, sectores y trabajadores”, apunta la OIT, que señala los Estados Árabes y a las regiones de Asia y el Pacífico como las más expuestas debido a su integración con los flujos energéticos del Golfo, las rutas comerciales, las cadenas de suministro y la migración laboral.
Los cálculos de la OIT señalan que alrededor del 40% del empleo en los Estados Árabes y el 22% en Asia y el Pacífico se encuentra en la categoría de alta exposición, mientras que un 23% y un 62% adicionales de los empleados se enfrentan a una exposición media, respectivamente.
Por sectores, la OIT destaca que los empleos en transportes son los más expuestos (con un 52% con alta exposición), seguidos de la manufactura (23%) y la agricultura (18%).
Aunque la alta exposición es menos frecuente en África, América, Europa y Asia Central, “esto no significa que estas regiones no se vean afectadas, sino que su empleo está menos directamente vinculado a la crisis energética específica que se recoge en este análisis”, recoge el estudio.
El análisis explica que es poco probable que los trabajadores de los sectores y países con un bajo nivel de exposición vean afectado su empleo por interrupciones en el suministro o por el aumento de los costes de los insumos; sin embargo, los trabajadores con un nivel de exposición medio o alto “corren un mayor riesgo de sufrir algún cambio en su situación laboral”. Además, “todos los trabajadores podrían verse afectados por la inflación y los efectos macroeconómicos de segunda ronda”, avisa el estudio.
“Más allá de su costo humano, la crisis en Oriente Medio no es una perturbación de corta duración. Es un choque de evolución lenta y potencialmente duradera que transformará gradualmente los mercados de trabajo”, señaló Sangheon Lee, economista jefe de la OIT y autor del informe Actualización de mayo de 2026 sobre las tendencias sociales y del empleo: Aumento de los riesgos para los mercados de trabajo debido a la crisis en Oriente Medio.
“El mundo del trabajo es uno de los principales canales a través de los cuales las perturbaciones mundiales se convierten en impactos humanos. Lo que comienza como un choque externo termina llegando a los trabajadores y a las empresas, y puede dejar cicatrices más profundas al debilitar las condiciones que hacen que el trabajo sea decente, seguro y protegido”, añadió Lee.
Efectos en países árabes mayores que en la pandemia
La OIT destaca los posibles efectos en los Estados Árabes, los más directamente expuestos debido a las perturbaciones relacionadas con el conflicto, los daños a la actividad económica, el desplazamiento de población, los choques energéticos y comerciales, y la presión sobre los trabajadores migrantes y los refugiados.
Las horas de trabajo totales podrían disminuir un 1,3% en un escenario de desescalada rápida, alcanzar el 3,7% en un escenario de crisis prolongada y el 10,2% en un escenario de grave escalada. Este último supone una disminución de “más del doble de la registrada durante la pandemia de COVID-19 en 2020”, destaca la OIT, cuando las horas de trabajo disminuyeron en un 4,4%.
“En Asia y el Pacífico, la dependencia de la energía importada y de la migración laboral vinculada al Golfo está generando efectos de contagio visibles en varias economías clave”, apunta la organización internacional. En el conjunto de la región, se prevé que las horas de trabajo disminuyan un 0,7% en 2026 y un 1,5% en 2027, mientras que los ingresos laborales reales podrían caer un 1,5% y un 4,3%, respectivamente.
Además, la OIT señala que el “efecto de contagio” está ejerciendo presión sobre la migración y las remesas. Señala que desde el inicio de la crisis, “las contrataciones laborales hacia los países del Consejo de Cooperación del Golfo han disminuido considerablemente en varias economías de origen, mientras que las repatriaciones están aumentando”. “Esto refleja interrupciones de vuelos, preocupaciones de seguridad y una menor demanda de mano de obra en la construcción, la hostelería y el transporte”, añade.
Los flujos de remesas, una fuente clave de ingresos para muchos hogares y comunidades en Asia meridional y Asia sudoriental, tamb´ién han comenzado a debilitarse, con señales tempranas de contracción en algunos países.
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