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ENTREVISTA
Director de investigación del Centre National de la Recherche Scientifique

Kevin O’Rourke, experto en comercio mundial: “Europa debe dejar de comportarse como si fuera impotente”

El historiador económico, investigador del CNRS y profesor de Economics en Sciences Po, Kevin O’Rourke

Lucía Llargués

17 de abril de 2026 22:22 h

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El regreso de los aranceles, la rivalidad entre Estados Unidos y China, la guerra en Oriente Medio y una economía cada vez más condicionada por la geopolítica dibujan un escenario de incertidumbre global. Kevin O’Rourke, historiador económico, investigador del Centre National de la Recherche Scientifique (CNRS) en Francia, y profesor en Sciences Po, sostiene que no estamos simplemente ante una nueva fase de desglobalización, sino ante una etapa de “fragmentación geopolítica” que pone en cuestión las bases del orden económico internacional surgido tras el final de la Guerra Fría.

O'Rourke, de visita en Madrid invitado por la Fundación Ramón Areces y la Universidad Carlos III, advierte de que la volatilidad impulsada por Donald Trump, el debilitamiento de las reglas multilaterales y la formación de bloques rivales pueden dañar el crecimiento y agravar las tensiones internacionales. Frente a ese escenario, defiende que la Unión Europea debe abandonar cualquier sensación de impotencia, actuar con mayor autonomía política y estratégica y reforzar su mercado interior, su transición energética y su capacidad para defender sus propios intereses. “No tenemos alternativa”, resume en una entrevista con elDiario.es.

Entre la guerra con Irán, la invasión rusa de Ucrania, la rivalidad entre Estados Unidos y China y el regreso de los aranceles, ¿estamos entrando en una nueva era de desglobalización?

Lo que estamos viviendo es una etapa de fragmentación geopolítica. La globalización siempre ha estado profundamente condicionada por la geopolítica. La fase de globalización que hemos conocido surgió tras el final de la Guerra Fría y la apertura de China a la economía mundial. Por eso tiene sentido que el regreso de guerras frías y guerras abiertas nos empuje en la dirección contraria.

Donald Trump ha situado los aranceles en el centro de su agenda económica. ¿Es una estrategia eficaz o una receta con más costes que beneficios?

Al principio parecía funcionar, porque todo el mundo le tenía miedo. Ahora la gente se ha acostumbrado a él y ya no intimida de la misma manera. Además, el Tribunal Supremo ha declarado ilegales sus políticas arancelarias. Así que está perdiendo capacidad de presión a través de esas amenazas, y eso es una buena noticia.

¿Cómo debe comportarse Europa ante Trump?

Debemos preocuparnos cuando una gran potencia, y además un aliado tradicional profundamente entrelazado con nuestras economías, está gobernada por alguien así. Pero Europa no es pequeña y debe dejar de comportarse como si fuera importante. Muchos de nuestros países lo son individualmente, pero en conjunto somos tan grandes como Estados Unidos. Podemos defender nuestros intereses. El verdadero peligro sería convencernos de que somos impotentes. Eso sí sería una profecía autocumplida: nos debilitaríamos y entonces sí podrían intimidarnos.

¿Debe la Unión Europea actuar más claramente como bloque y como poder autónomo?

No tenemos alternativa. Dudo mucho que hoy muchos europeos crean que Trump acudiría automáticamente en nuestra ayuda si Rusia atacara Suecia o los Estados bálticos. Si las garantías de la OTAN ya no son seguras, Europa tiene que valerse por sí misma. Eso significa actuar unidos en política, seguridad y estrategia. Ya lo hacemos en comercio, donde somos potencialmente un bloque muy poderoso. Es el único camino realista.

¿Qué impacto tienen las declaraciones de Trump sobre los mercados y las expectativas?

Ha introducido una enorme volatilidad e incertidumbre en el sistema global. Hay incertidumbre sobre el precio del petróleo, la política comercial y la evolución geopolítica. Puede que no sepamos si los aranceles o la energía subirán o bajarán, pero sí sabemos que la incertidumbre en sí misma daña la inversión. Y eso perjudica el crecimiento, el empleo y la creación de puestos de trabajo.

Ya ha hecho un daño considerable a la economía mundial. Y, sumado a las tensiones en el Golfo, eso genera tanto un shock de demanda como un shock de oferta. En resumen: ha creado un gran problema.

Kevin O’Rourke en un momento de la entrevista.

¿La guerra con Irán es también una guerra económica?

Es, ante todo, una guerra política. Pero Irán intenta defenderse del único modo que puede: generando la mayor disrupción económica posible para forzar a Estados Unidos a retroceder. En ese sentido, sí se ha convertido también en una guerra económica.

Avanzamos hacia un mundo multipolar y eso puede ser peligroso. Los últimos grandes periodos multipolares fueron los años previos a la Primera y a la Segunda Guerra Mundial. Sabemos cómo terminaron.

El enfrentamiento entre Washington y Pekín ya no es solo comercial, también es tecnológico y estratégico. ¿Estamos ante una nueva Guerra Fría?

Creo que avanzamos hacia un mundo multipolar, no simplemente bipolar. No están solo Estados Unidos y China. También está Europa, que será cada vez más autónoma; India; y grandes actores en América Latina, el sudeste asiático e incluso, en el futuro, África.

Eso puede ser peligroso. Los últimos grandes periodos multipolares fueron los años previos a la Primera y a la Segunda Guerra Mundial. Sabemos cómo terminaron.

En este nuevo escenario, ¿la Unión Europea actúa como un actor geopolítico con voz propia?

No tanto como debería. Con demasiada frecuencia Europa es ignorada, considerada irrelevante o vista como hipócrita, especialmente por países de lo que antes se llamaba el Sur Global. Escuchan nuestro discurso sobre el derecho internacional, pero también observan cuando no lo aplicamos a nosotros mismos. Si Europa quiere ser tomada en serio, tiene que alinear sus actos con sus principios.

¿Cómo debería responder Bruselas al auge del proteccionismo?

Se puede debatir razonablemente si Europa debe responder con represalias a los aranceles de Trump. Pero lo que desde luego no debería hacer es premiar comportamientos ilegales.

Más allá de eso, la UE debe reforzar su mercado interior y ampliar alianzas. Pero también regular la tecnología y los sectores estratégicos de acuerdo con sus propios valores democráticos y sociales, sin dejarse intimidar por posibles represalias de Washington. Quizás esa sea la mejor respuesta: gobernarnos según nuestras propias prioridades.

El historiador económico, investigador del CNRS, Kevin O’Rourke, en el Hotel NH Abascal

El acuerdo entre la UE y Mercosur genera divisiones internas. ¿Es una oportunidad estratégica o llega demasiado tarde?

En conjunto, creo que probablemente es positivo, aunque más por razones geopolíticas que estrictamente económicas. Por supuesto, tiene costes políticos, especialmente por la oposición de determinados sectores agrícolas. Todo acuerdo comercial obliga a equilibrar beneficios económicos y resistencias internas. Aun así, mi valoración sería moderadamente favorable.

"España lidera la transición energética, Trump lo detesta y es estrátegico para la UE"

¿Qué papel puede jugar España en este contexto?

España puede seguir liderando la transición energética, algo que Trump claramente detesta. A largo plazo, eso es estratégicamente crucial para Europa, no solo por la crisis climática, sino porque reduce nuestra dependencia de los mercados energéticos internacionales, de Rusia, de Estados Unidos y del Golfo.

¿Qué opinión le merece la posición de Pedro Sánchez en estos conflictos?

Creo que expresó lo que piensan muchos europeos corrientes cuando condenó la guerra con Irán. En un momento en el que la respuesta europea fue fragmentada y confusa, ayudó a articular una posición alternativa. Lo ideal habría sido que el Consejo Europeo coordinara una respuesta común antes de que algunos líderes hablaran por su cuenta.

Mirando la historia económica, ¿cuál es el principal error que corremos el riesgo de repetir?

El mayor peligro es la fragmentación de la economía mundial en bloques políticos rivales, como ocurrió en los años treinta. Aquella fragmentación no solo reflejó las tensiones políticas de la época: también las agravó. Por eso siguen siendo tan importantes los principios básicos del sistema multilateral de comercio, especialmente la no discriminación. Europa debería liderar su defensa.

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