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Vivir sin gluten cuesta casi 1.000 euros más al año: “La celiaquía es una enfermedad para ricos”

Gluten

Lucía Llargués

26 de mayo de 2026 21:36 h

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Un paquete de pan de molde, casi cinco euros. Una pizza congelada, el doble que la convencional. Pasta, harina, cerveza o galletas multiplican su precio cuando llevan una etiqueta concreta: 'sin gluten'. Para miles de familias españolas, la celiaquía implica pagar cada mes una especie de impuesto invisible simplemente para poder comer. Precisamente, este 27 de mayo es el Día Nacional del Celíaco, que busca visibilizar esta enfermedad.

Según el Informe de Precios 2026 de la Federación de Asociaciones de Celíacos de España (FACE), una persona celíaca soporta un sobrecoste medio de 996,37 euros anuales en la cesta de la compra respecto a un consumidor convencional. Son unos 83 euros más al mes, 20 euros más a la semana.

Aunque el dato se ha reducido alrededor de un 30% desde 2009, la brecha apenas se ha movido en los últimos tres años. “La celiaquía es una enfermedad para ricos”, resume Roberto Espina, director de la Asociación de Celíacos y Sensibles al Gluten de Madrid. “Las familias que tienen recursos pueden asumirlo. Las que no, lo tienen mucho más difícil” añade.

Para quienes dependen médicamente de estos productos, la paradoja es evidente. El mercado no deja de crecer, pero llega en un contexto de inflación alimentaria y encarecimiento de la cesta básica. “Somos celíacos, no millonarios”, resume Ángela Reyes, diagnosticada desde pequeña. “No tiene sentido que un paquete de pan cueste tanto. Es pan, no un producto de lujo”.

Pan, pasta y harina: la compra básica se dispara

Nunca hubo tantos productos 'gluten free' en supermercados, restaurantes y cadenas de comida rápida. Las grandes marcas han ampliado catálogo y el 'sin gluten' se ha convertido en un negocio rentable impulsado no solo por personas diagnosticadas, sino también por consumidores atraídos por tendencias de bienestar y alimentación saludable. Aun así, la cesta de la compra sigue siendo significativamente más cara.

El mayor golpe está en los productos básicos. El informe de FACE, tras analizar 21 categorías de productos, muestra dónde se concentra la brecha. Como se puede ver en la tabla: una barra de pan sin gluten cuesta 1,29 euros por cada 100 gramos, frente a los 0,25 euros del pan convencional, más de cinco veces más. La harina de repostería cuadruplica su precio (0,45 frente a 0,11 euros por 100 gramos). Las galletas también se multiplican por más de tres (1,06 frente a 0,31 euros). Los macarrones, por más del doble.



El pan rallado y la harina de panificación encabezan, junto al pan de barra, la lista de los productos con mayor disparidad de precios. Son, precisamente, los alimentos más básicos de la despensa. “Las harinas pueden llegar a costar ocho o diez veces más y en panes o productos de bollería hablamos fácilmente de cinco o seis veces más”, explica el director de Celíacos y Sensibles al Gluten.

Ángela Reyes, con la enfermedad, recuerda una infancia en la que encontrar productos sin gluten era casi imposible. “Había muy pocas opciones y tenías que ir a herbolarios o tiendas especializadas”, cuenta. Con los años, la oferta ha mejorado pero el precio sigue siendo un problema. “Cuando me independicé entendí realmente lo que costaba ser celíaca”, explica. “Vas al supermercado y ves que un paquete de pan cuesta cinco veces más. No es un producto excepcional, es pan”.

La celiaquía también cambia la relación con el entorno social. Reyes cuenta que muchas veces lleva sus propios productos a cenas con amigos para evitar que el resto tenga que asumir el sobrecoste. “Me da apuro que los demás tengan que pagar productos sin gluten por mí o dividir el coste entre todas”, admite. “Hay situaciones en las que he llegado a saltarme la dieta por vergüenza”.

¿Por qué el 'sin gluten' sigue siendo tan caro?

El sector justifica el sobreprecio por varios factores estructurales. El principal es la materia prima. “La harina de trigo es baratísima”, explica el director Roberto Espina. “No hay ningún producto competitivo en precio frente a ella”. Las alternativas sin gluten, como las harinas de arroz o maíz, son más caras. Además, requieren mezclas específicas y aditivos para conseguir texturas similares al trigo que encarecen aún más el producto final.

A eso se suma que la producción debe hacerse por separado para evitar contaminación cruzada, con certificaciones específicas y lotes mucho más pequeños. Los expertos explican que una fábrica puede producir 100 panes convencionales por cada uno que produce sin gluten. Menos volumen significa más coste unitario, y como estos productos también rotan menos en el lineal y caducan antes, el precio sigue subiendo.

Pero las asociaciones y consumidores señalan que no todo se explica por costes técnicos. El auge del mercado healthy (saludable) ha convertido parte del sin gluten en una categoría premium. “Hay empresas que intentan competir y ajustar precios”, dice Espina. “Otras que aprovechan el tirón comercial”. El informe de FACE lo señala sin ambigüedad: algunos fabricantes utilizan la creciente demanda para encarecer sus precios por posicionamiento comercial.

En 2025 se produjo un cambio fiscal que en teoría debería haber abaratado el pan sin gluten: el IVA pasó del 10% al 4%, equiparándolo al pan convencional. Pero el informe de FACE constata que la reducción apenas se ha trasladado al precio final. La causa es técnica y administrativa: el pan sin gluten no está incluido en la definición legal de 'pan común' que recoge la Norma de Calidad del Pan del Ministerio de Agricultura.

Al no estar reconocido como tal, los fabricantes enfrentan inseguridad jurídica a la hora de aplicar la bonificación, lo que impide que llegue de forma estructural al consumidor. El informe concluye que la falta de coordinación entre los Ministerios de Hacienda y Agricultura genera ineficiencias y riesgos legales para la industria que acaban encareciendo el producto para el consumidor, y que las rebajas fiscales temporales son insuficientes si no existe una armonización normativa que reconozca el pan sin gluten como un bien de primera necesidad.

El boom del negocio 'gluten free'

El mercado sin gluten lleva años creciendo en España. Supermercados como Mercadona, Carrefour o Lidl han ampliado referencias. Cadenas de restauración como Goiko, Grosso Napoletano, Ginos o La Tagliatella han incorporado opciones adaptadas o incluso abierto locales a parte para asegurar un especio libre de contaminación.

Aún así, desde el sector apuntan que el perfil del consumidor ha cambiado: ya no son solo se dirigen a personas diagnosticadas. Muchos compran sin gluten por bienestar, digestión o percepción de salud. Por ejemplo, la empresa Herbolario Navarro, cadena de alimentación ecológica, ha incrementado un 28% las ventas de productos sin gluten en el primer trimestre de 2026 respecto al año anterior. Pese a todo, sin un problema detrás y un verdadero diagnóstico, hay pocas o ninguna razón que justifique que deba seguirse una dieta sin gluten, apuntan los dietistas.

Su IV Barómetro, elaborado a partir de más de 400 encuestas, revela que tres de cada cuatro consumidores compran este tipo de productos de forma habitual. De ellos, solo el 28% tiene diagnóstico de celiaquía; el 38% declara tener sensibilidad o intolerancia al gluten, y un 17% sospecha que el gluten le perjudica aunque no tiene diagnóstico.

Esa expansión ha tenido un doble efecto para los expertos. Por un lado, ha aumentado la competencia y la oferta. Por otro, ha contribuido a banalizar la enfermedad. “A veces se trata como una moda y para un celíaco no es una elección”, explica Espina. “No hay excepciones ni atajos. La persona diagnosticada tiene que hacer una dieta estricta de por vida”.

La Asociación de Celíacos de Madrid realiza cada año catas ciegas comprando productos en restaurantes que ofrecen opciones sin gluten para analizarlos. “El año pasado compramos alrededor de 100 productos”, explican. “No encontramos trazas en ninguno. Los restaurantes, en general, lo hacen bien. El problema suele ser el error humano puntual, no los procedimientos”.

El Congreso aprobó ayudas… Pero siguen paralizadas

España sigue lejos de otros países europeos como Italia, Portugal, Bélgica o Francia, donde existen ayudas directas o deducciones fiscales para compensar parte del sobrecoste alimentario. La presión de asociaciones y consumidores llevó al Congreso a aprobar en octubre de 2025 una Proposición de Ley para crear un Registro Estatal de Pacientes con Enfermedad Celíaca y establecer ayudas económicas de hasta 600 euros anuales vía IRPF. La iniciativa salió adelante con el apoyo del 97% de la cámara, apenas seis abstenciones.

Casi un año después, la ley sigue bloqueada. “La proposición se aprobó y desde entonces prácticamente no se ha movido”, critica el vicepresidente de la FACE Álvaro Aceri. Su propio Informe de Precios reconoce que no ha podido computar ningún beneficio derivado de esta deducción, citando expresamente “la actual falta de implementación y la inexistencia de una fecha de entrada en vigor definitiva”. También apunta que persiste “una notable incertidumbre sobre los requisitos técnicos y los criterios de acceso”.

Su vicepresidente señala una barrera para la gente más necesitada en el diseño de la medida. Al canalizarse como impuesto negativo en la declaración de la renta, excluye de facto a quienes no estén obligados a declarar, como jóvenes estudiantes o personas de bajos ingresos, que son precisamente quienes más dificultades tienen para asumir el sobrecoste.

España es uno de los países europeos con mayor integración del' sin gluten' en restauración y mayor conocimiento social de la enfermedad, pero también uno de los pocos que no ofrece ayudas estatales relevantes. “Los políticos nos escuchan, pero no nos atienden”, resume el director de la asociación madrileña de celíacos.

Ante la parálisis legislativa, FACE ha dado un paso más: ha solicitado al Tribunal Supremo que intervenga para garantizar los derechos del colectivo celíaco ante lo que la federación califica de “discriminación económica que afecta directamente al derecho a la salud”.

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