Salen las corbatas y entran los aguacates: así ha cambiado la cesta de la compra del INE para adaptarse a los nuevos tiempos
Lo que compran los hogares españoles no es lo mismo hoy que hace 70 años. Tampoco lo es la forma en la que el Instituto Nacional de Estadística (INE) mide ese consumo para calcular la inflación. La llamada cesta de la compra del Índice de Precios de Consumo (IPC) —el conjunto de bienes y servicios que sirve de referencia para saber cuánto suben o bajan los precios— ha ido cambiando con el paso del tiempo para adaptarse a nuevos hábitos, tecnologías y formas de vida.
El INE ha arrancado el año con un cambio relevante en su metodología. En la actualización de 2025, se ha introducido una nueva clasificación de productos. Esto ha obligado a crear nuevas categorías y a ajustar otras que ya no reflejaban el consumo real de los hogares. El resultado: salen productos como la corbata o el DVD y entran otros como el aguacate, las plataformas digitales o los servicios médicos especializados.
Qué entra y qué sale según la época
El producto final es una cesta que pasa de 462 productos en la base 2021 a 487 en la base 2025, una ampliación que busca afinar mejor la medición del coste de la vida. Así, en alimentación entran productos como los aguacates o los arándanos, cada vez más habituales en los carros de la compra. En bebidas aparecen referencias como los refrescos de té o la cerveza con limón. En los servicios médicos se incorpora, por ejemplo, la radiografía. Al mismo tiempo, desaparecen artículos que han perdido peso en el gasto cotidiano, como la corbata o el pañuelo.
Mirar atrás permite entender mejor estos cambios. En la base 2021, por ejemplo, se incorporaron las mascarillas higiénicas —impensables unos años antes a raíz de la pandemia— y la suscripción a periódicos online. Al mismo tiempo, se eliminaron productos tecnológicos ya obsoletos, como el reproductor portátil, el CD o el DVD. En total, el IPC base 2021 pasó a tener 955 artículos, combinando recogida tradicional y datos de escáner, frente a los 977 de la base anterior.
En la base 2016, los protagonistas fueron los servicios de vídeo y música en streaming, los juegos de azar online o el café en monodosis. Salieron, en cambio, productos como el brandy, la videocámara o el DVD grabable. En 2011, la cesta dio entrada a discos duros portátiles, notebooks y tablets, mientras desaparecían el CD grabable o el alquiler de películas. También se incorporaron nuevos servicios de estética, como la depilación láser, y paramédicos, como el logopeda.
Si se retrocede aún más, en la base 2006 se ajustaron incluso productos tan tradicionales como la carne: la ternera y el añojo sustituyeron a la carne de vaca, cuyo consumo había caído. Entraron productos dietéticos, infantiles y servicios sanitarios como la fisioterapia o determinadas operaciones médicas. En 2001, uno de los símbolos del cambio fue la desaparición de la máquina de escribir y la entrada de la comida preparada.
Un reflejo del consumo medio
Para la economista senior de Funcas, Mª Jesús Fernández, este proceso de actualización es fundamental para mantener la representatividad del índice. “Los cambios en la composición de la cesta pueden ser un buen reflejo de los cambios sociales”, explica. A su juicio, la revisión periódica —que se realiza cada cinco años— es una frecuencia “suficiente para que siga representando al ciudadano medio”.
Medir ese consumo real no siempre es sencillo. Algunos servicios son cada vez más difíciles de capturar con un único precio de referencia. No existe hoy una tarifa estándar para la telefonía —cada cliente paga una distinta según su contrato— y algo parecido ocurre con los billetes de avión o con la electricidad, cuyos importes pueden variar notablemente. Aun así, según Fernández, el diseño del IPC permite aproximarse con bastante fidelidad al patrón de consumo medio.
Ahora bien, el IPC es una media. “Cada grupo social —según su nivel de renta, su edad o si tiene hijos o no— tiene en realidad su propio IPC”, matiza. Cuando se encarecen con fuerza los alimentos, los hogares de menor renta suelen notar más la inflación porque destinan una mayor proporción de su presupuesto a esa partida. En cambio, si suben con intensidad los servicios turísticos o el ocio, el impacto tiende a sentirse más en los hogares de mayor renta. Con todo, a largo plazo las diferencias no suelen ser muy acusadas.
De 181 artículos a casi 500
El IPC no se calcula al azar. Cada producto o servicio que entra en la cesta tiene un peso concreto en función de lo que gastan las familias en él. Según explica el propio INE en su metodología, la evolución de la cesta puede observarse oficialmente a nivel de grandes grupos de consumo. Para analizar con mayor detalle qué gana o pierde peso, es necesario comparar las ponderaciones de las distintas subclases año a año.
Si se mira la evolución histórica, se aprecia cómo la cesta ha ido ampliándose y sofisticándose. En 1958 incluía 181 artículos. Una década después superaba los 250 y, a mediados de los años setenta, rondaba los 400. A principios de los noventa alcanzaba los 471 productos. Desde entonces, el número se ha mantenido cerca del medio millar, con ajustes en cada revisión. Con la base 2021, la cesta pasó a contar con 462 productos de recogida tradicional —aunque el total del IPC era mayor al incorporar datos de escáner—. Con la base 2025, la cifra asciende a 487.
Así sube el número de productos de la cesta de la compra
Más que una simple expansión numérica, estos cambios reflejan una transformación del patrón de consumo: más variedad, mayor especialización y un peso creciente de los servicios. La entrada este año del aguacate y el arándano y la salida de artículos como las corbatas o los pañuelos —según la última nota de prensa del INE— ilustran, según Fernández, esa adaptación constante a los hábitos reales de la población. “No sabría decir si falta algún componente importante por recoger”, señala, aunque en términos generales considera que el IPC “está bien diseñado”.
Ponderaciones
Para entender realmente cómo ha cambiado el consumo no basta con mirar qué productos entran o salen de la cesta. Lo decisivo es el peso que tiene cada gran grupo en el IPC, es decir, cuánto influye en el resultado final de la inflación.
Según la metodología del INE, la evolución oficial de la cesta se presenta a nivel de grupo. Si se comparan las bases desde mediados de los años 2000, se observa un desplazamiento progresivo del peso desde los bienes tradicionales hacia los servicios.
INE CESTA COMPRA 2026
Durante años, los alimentos fueron el grupo con mayor peso en el índice, reflejo de un presupuesto familiar más centrado en el hogar. En las bases más recientes, ese protagonismo lo comparten —e incluso lo superan— los restaurantes y los servicios de alojamiento. La vivienda, apartado que incluye el alquiler de la vivienda habitual y los gastos asociados a su uso, como la electricidad, el gas, el agua, la recogida de basuras o el alcantarillado, mantiene una posición estructural y gana relevancia en el largo plazo. En paralelo, la sanidad y el cuidado personal aumentan su peso.
Este incremento, como apunta la economista de Funcas, no solo responde a la incorporación de nuevos servicios médicos especializados, sino también al envejecimiento de la población y a una mayor disposición de los hogares a destinar recursos a la prevención y al bienestar.
Frente a estos avances, partidas como vestido y calzado o incluso la alimentación pierden peso relativo. No necesariamente porque se consuman menos en términos absolutos, sino porque otros capítulos crecen con mayor intensidad. En conjunto, la evolución de las ponderaciones dibuja una transformación profunda del modelo de consumo: de una economía doméstica centrada en bienes básicos a otra en la que pesan cada vez más los servicios, el ocio, la vivienda y el cuidado personal.
0