Una década después del Acuerdo de París, el desafío climático pasa de producir energía limpia a saber transportarla
Fue uno de esos momentos que marcan un antes y un después en la lucha contra el cambio climático. En diciembre de 2015, 195 países se comprometieron a mantener el aumento de la temperatura del planeta por debajo de los 2 °C y a hacer todo lo posible por limitarlo a 1,5 °C, dando lugar al histórico Acuerdo de París. Entre los asistentes estaba Jorge Pina, responsable de Sostenibilidad de Endesa, que recuerda aquel día como “un momento emocionante, que se vivió con euforia”. No era para menos: a menudo, las cumbres se cuentan más por fracasos que por éxitos.
10 años después, el aniversario de aquella firma es una oportunidad para evaluar qué ha cambiado realmente y cuál es el papel de las compañías energéticas en esta carrera colectiva hacia la descarbonización. En el caso de Endesa, su trayectoria de reducción de emisiones sitúa a la compañía como el actor que más ha contribuido al descenso de dióxido de carbono en España en la última década: de los 63 millones de toneladas que el país ha dejado de emitir desde 2015, 24 corresponden a Endesa, según el Inventario Nacional de Gases de Efecto Invernadero.
Una descarbonización acelerada
Pina resume la evolución con datos: “En 2005 emitíamos 55,6 millones de toneladas de dióxido de carbono. En 2015, 33. Ahora estamos por debajo de los 10 millones”. El recorte no solo es significativo, sino también sostenido en el tiempo, y demuestra, según Pina, que es posible descarbonizarse “manteniendo una posición de liderazgo en el sector”.
Esta senda, debida al cierre progresivo de centrales de carbón y al crecimiento del parque renovable, ha hecho que hoy el 86% de la generación peninsular de Endesa sea ya libre de emisiones. Y aunque todavía queda un pequeño porcentaje de carbón operativo por razones ligadas a la seguridad de suministro y con peso irrelevante frente a los más de 10.000 MW renovables instalados.
Dudas y certezas
La COP30 de Belém, recientemente finalizada, ha dejado un sabor amargo para muchos: su documento final no menciona los combustibles fósiles. “La negociación internacional es compleja: basta con que un solo país no quiera avanzar para que todo se bloquee”, recuerda Pina. Pero añade: “La mejor forma de avanzar es con ejemplos de empresas capaces de afrontar la descarbonización manteniendo su competitividad”.
Aun así, reconoce que los compromisos actuales todavía no bastan. Cuando se firmó París, se temía que el planeta se encaminara a un aumento de 3,6 °C al final del siglo. “Hoy, el último informe de Naciones Unidas indica que, si los países cumplen, estaríamos en 2,3 grados”, explica. Es un avance, pero insuficiente: “Por encima de 1,5 ya hay consecuencias. Hay que acelerar y movilizar más recursos”, apunta.
Una parte de la ciudadanía sigue viendo a las grandes energéticas como actores que podrían hacer más. Pina comprende la preocupación, pero subraya: “En España se han producido reducciones relevantes en los últimos años. La descarbonización no es solo un proceso ambiental, también económico”, explica. Y es que nuestro país no dispone de petróleo, pero sí de viento y sol. “Las renovables son una oportunidad”, recuerda. Y añade algo que resume bien su visión sobre aquellos que coquetean con el negacionismo: “La renovable es la energía más barata que existe. Creas o no creas en el cambio climático, el futuro de España y de Europa pasa por una energía libre de emisiones”.
La mirada futura
De cara a los próximos años, el plan de Endesa se articula en tres grandes ejes. El primero, intensificar su apuesta renovable. “Necesitamos que la demanda energética se descarbonice”, señala Pina. “Si cargo mi coche con energía renovable, mi movilidad también es limpia”.
El segundo eje son las redes eléctricas, cuyo papel considera fundamental. Endesa prevé invertir 4.000 millones de euros en redes entre 2025 y 2027: “Podemos producir mucha energía, pero si no podemos llevarla adonde se necesita, no alcanzaremos los objetivos. Las redes son la columna vertebral de la transición”, sostiene.
El tercer eje, no menos importante, es la electrificación masiva de la economía: hogares, movilidad, industria y servicios… Y, para acompañarlo, una petición clara: marcos regulatorios estables y administraciones ágiles. “España tiene sol, viento y territorio; estamos preparados de manera natural para la transición energética, pero necesitamos mantener el incentivo a la inversión y agilizar los procesos”.
En ese sentido, Endesa mantiene su compromiso de alcanzar cero emisiones netas en 2040, una década antes del objetivo europeo. El reto es mayúsculo, pero Pina lo ve con optimismo: “Hemos avanzado mucho más de lo que podíamos imaginar hace 10 años. Y ahora debemos acelerar aún más”.