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Nueve objetos y sitios de la casa que no solemos limpiar, pero deberíamos

Picaporte y llaves, dos lugares muy cargados de bacterias

Cristian Vázquez

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Está claro que la higiene en el hogar es clave para la salud de quienes lo habitan. De alguna manera, la pandemia de COVID-19 sirvió como recordatorio: aunque con el tiempo se comprobó que su principal vía de propagación es el aire, nos llevó a poner mucha más atención en el lavado de las manos y la desinfección de las superficies.

Hay, sin embargo, muchos objetos y sitios de las casas que no se suelen limpiar, o al menos no se limpian con la frecuencia apropiada. Son lugares que pueden albergar un buen número de gérmenes, y que pueden ser responsables de enfermedades, alergias u otros problemas.

En concreto, hasta el 80% de las infecciones se transmiten a través del contacto de las manos con otros objetos, según un estudio de científicos de Eslovaquia publicado en 2018. ¿Cuáles son esos objetos y espacios? A continuación, una veintena de los más comunes, y algunos consejos acerca de cómo limpiarlos.

1. El fregadero de la cocina

En 2011, la organización NSF International, dedicada a la inspección y certificación de productos, elaboró un informe sobre la presencia de bacterias en diversos objetos y sitios de uso cotidiano.

El objeto más sucio fue la esponja de cocina. De hecho, en un estudio posterior, científicos alemanes comprobaron que uno de esos estropajos pueden hospedar tantas bacterias como las heces humanas. Y por eso aconsejaron cambiarlo, si es posible, una vez por semana.

En el segundo lugar del informe de la NSF quedó -con mucha diferencia sobre el tercero- el fregadero de la cocina, donde los investigadores hallaron 1,13 millones de microorganismos por centímetro cuadrado. Por eso, la recomendación es limpiar a consciencia ese espacio cada vez que se termina de fregar los cacharros (o una vez por día, al menos, si se cuenta lavavajillas).

2. Picaportes y grifos

Los pomos de las puertas, las manijas para abrir y cerrar muebles y los grifos, dadas las funciones que cumplen, entran en contacto con las manos con muchísima frecuencia. Son uno de esos sitios que más favorecen que los microorganismos pasen de unas personas a otras, y que las manos vuelvan a ensuciarse aunque se acaben de lavar. 

Por eso, conviene limpiarlos con frecuencia, de ser posible con alguna sustancia desinfectante, al menos una vez a la semana. Como muestra, basta destacar que una investigación de la Universidad de Michigan, en Estados Unidos, analizó cuatro unidades de cuidados intensivos (UCI), y encontró colonias de bacterias en picaportes y también en grifos.

Entre esas bacterias hallaron cepas de Staphylococcus Aureus resistente a la meticilina, un germen que, solo en Estados Unidos, causó la muerte de unas 180.000 personas entre 2003 y 2014. Si se encuentran en una UCI, ¿cuánto más no se hallarán en nuestra ducha o en la puerta de casa?

3. Llaves

¿Limpiar las llaves? Puede parecer algo excéntrico u obsesivo, pero deja de sonar así cuando uno piensa en la cantidad de sitios por los cuales pasan las llaves a lo largo del día: bolsos, bolsillos, mesas, estantes, recipientes en el coche, sofás y una buena variedad de otros lugares.

El mencionado informe de la NSF International incluyó las llaves entre los objetos analizados. Y aunque comprobó que las superficies lisas y frías son menos propicias para la proliferación de bacterias que las rugosas y cálidas, las llaves también alojaban diversos gérmenes. Por eso, lavarlas con vinagre o bicarbonato o al menos pasarles cada cierto tiempo una toallita humedecida en esas sustancias no parece una exageración.

4. Dispositivos electrónicos

Teléfono móvil, ordenador portátil, tableta, mando a distancia, teclado, ratón: en nuestros tiempos, las de estos aparatos están entre las superficies que más tocamos. Superficies sobre las cuales se acumulan polvo y bacterias, a veces en cantidades sorprendentemente grandes.

Son muy numerosos los estudios que han determinado la alta cantidad de gérmenes que se acumula en esos aparatos, en particular sobre el móvil pero también en el teclado de los ordenadores.

Lo positivo es que, de acuerdo con el citado estudio de científicos eslovacos, una simple limpieza con toallitas humedecidas en alguna sustancia antibacteriana redujo la contaminación de forma significativa, eliminando entre un 36% y hasta un 100% de los gérmenes.

5. Alfombras y cortinas

Un estudio difundido el año pasado en el Reino Unido estableció que las alfombras pueden contener hasta diez veces más suciedad que la taza del váter. ¿Cómo es esto posible? La explicación reside en que los sanitarios se limpian con mucha frecuencia, mientras que casi la mitad de la población británica admitía que a las alfombras no las limpiaba nunca.

Con las cortinas sucede otro tanto. Si bien la suciedad que acumulan es menor (por la posición que ocupan), si no se lavan terminan llenándose de polvo, microorganismos y otras sustancias contaminantes. Una ventaja es que se pueden lavar en la lavadora sin que encojan, siguiendo una serie de cuidados sencillos.

Con respecto a las alfombras, conviene pasarles la aspiradora con frecuencia y lavarlas al menos una vez al año. Mientras tanto, algunas revisiones de trabajos científicos plantean la necesidad de pensar en nuevos diseños y materiales para las alfombras, de modo que reduzcan el riesgo de exposición microbiana.

6. Plantas de interior

Las plantas de interior no solo acumulan polvo sino que también ayudan a crear un ecosistema donde pueden multiplicarse los ácaros, pulgones, moscas esciáridas y otras plagas que pueden afectar la salud no solo de las propias plantas sino también de los habitantes del hogar.

La recomendación es limpiar las plantas con un trapo húmedo -o incluso metiéndola en la bañera- al menos una vez por mes. De ese modo, además, estarán más bonitas y hasta más saludables, pues el polvo depositado sobre sus hojas puede perjudicar la fotosíntesis, el proceso a través del cual captan la luz del sol para mantenerse vivas.

7. Colchones, almohadas y cojines

Pasamos mucho tiempo en contacto con estos objetos. Sobre el colchón y con la cara pegada a la almohada, de hecho, un tercio de la vida. Y en un colchón promedio puede haber unos 1,5 millones de ácaros, según investigadores de la Universidad de Kingston, en el Reino Unido.

Por lo tanto, es fundamental lavar no solo la ropa de cama -sábanas y fundas- con que los cubrimos, sino las propios colchones y almohadas, y también los cojines, tanto del dormitorio como del salón. Hay que prestar atención a las etiquetas de lavado, pero lo idóneo es hacerlo a 60 ºC o más, pues a esas temperaturas los microorganismos se eliminan con mayor eficacia.

8. Cepillos de dientes

En general es sabido que los odontólogos aconsejan cambiar de cepillo de dientes cada tres meses (un truco para no olvidarlo es estrenar cepillo en cada cambio de estación). Lo que no es tan conocido es que los cepillos de dientes también acumulan suciedad y, por lo tanto, también conviene realizar algunas acciones para mantenerlos limpios.

La medida más sencilla para limpiar las cerdas, como aconseja la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), consiste en dejar el cepillo toda una noche en una solución de agua y bicarbonato sódico. Como es un regulador de acidez, el bicarbonato conspira contra la proliferación de microorganismos.

9. El recipiente de los cepillos de dientes

Y no solo los cepillos, sino también los recipientes donde se guardan esos adminículos de limpieza. Según la citada investigación de NSF International, dedicada la inspección y certificación de productos, hasta el 27% de esos recipientes contenían bacterias de la familia Coliform, que incluyen las peligrosas E.coli y Salmonella.

Por cierto, también es aconsejable limpiar con cierta frecuencia peines, brochas de maquillaje y otros elementos de uso doméstico en el cuarto de baño sobre cuyas superficies también pueden acumularse bacterias y suciedad. Y no hay que olvidar bajar la tapa del váter antes de “tirar la cadena” del sanitario.

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