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Euskadi recupera la historia de 22 víctimas del terrorismo cuyos casos no se esclarecieron: “La mayor derrota es el olvido”

La consejera, María Jesús San José, con Celso Recio, Nerea Barrios y Cristóbal Díaz, hijos de asesinados por ETA

Rubén Pereda

Vitoria —

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La consejera de Justicia y Derechos Humanos del Gobierno vasco, la socialista María Jesús San José, ha presidido este miércoles un acto celebrado en Vitoria en el que se ha hecho entrega a familiares de víctimas del terrorismo de unos cuadernos de memoria que recuperan su historia. Son veinte dosieres con información sobre personas asesinadas entre los años 1985 y 1989 por la banda terrorista ETA y dos más de víctimas de Iraultza de ese mismo periodo. En todos estos casos, no ha habido un esclarecimiento total de los hechos, bien sea porque no se han llegado a identificar los autores materiales o porque los sumarios han sido expurgados, entre otros supuestos. “Una víctima no puede quedar reducida a una fecha, a un expediente o a las circunstancias de su muerte. Antes que víctimas fueron personas”, ha incidido la consejera. Desde 2021 y con estos últimos, son ya 225 los cuadernos entregados a familiares.

Se les han puesto nombre y apellidos a las veintidós vícitimas, y algunas de ellas se han podido acompañar de fotografía. Son Jesús Ildefonso García Vadillo, Moisés Cosme Herrero Luengo, Eugenio Recio García, Juan Merino Antúnez, Antonio Jesús Trujillo Comino, Fernando Amor Calvo, José Expósito Afán, Alejandro Sáenz Sánchez, Manuel Fuentes Pedreira, José Miguel Moros Peña, Adrián González Revilla, Ignacio Mateu Istúriz, Julio César Sánchez Rodríguez, María Luisa Sánchez Ortega, Vicente Montoya Salazar, Pedro Ballesteros Rodríguez, José Luis Barrios Capetillo, Cristóbal Díaz García, José Calvo de la Hoz, Juan Bautista Castellanos Martín, Luis Reina Mesonero e Ignacio Bañuelos Lasso.

Según se indica desde el departamento, los cuadernos, confeccionados en colaboración con la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), recogen la historia personal de cada víctima, con el contexto del asesinato, la situación judicial y material gráfico. La consejera firma, además, un mensaje institucional en el que transmite el reconocimiento oficial del Gobierno vasco. “El silencio también tiene consecuencias. Cuando una historia queda fuera del relato colectivo, cuando un asesinato acaba reducido a un expediente o a una noticia del pasado, ese silencio puede convertirse en una nueva forma de sufrimiento”, ha subrayado San José, para recalcar la importancia de preservar la memoria de las víctimas.

Fotografías de algunas de las veintidós víctimas cuya memoria se ha honrado con la entrega de unos cuadernos de memoria

Los familiares de tres de estos asesinados han participado en el acto de este miércoles, celebrado en el museo Artium de la capital alavesa. Celso Recio es hijo de un cabo de la Guardia Civil asesinado en Santurtzi. El padre de Nerea Barrios, dueño de un restaurante, también fue asesinado en esa localidad vizcaína. El padre de Cristóbal Díaz, policía nacional, fue asesinado en Bilbao. Han relatado sus memorias, han hablado del recuerdo que les queda de sus padres y han coincidido en que las víctimas cuyos casos no se han resuelto son “de segunda”. Han convenido también en la necesidad de preservar la memoria histórica y en transmitir a las nuevas generaciones lo que fueron los años del terrorismo para que situaciones como aquellas no vuelvan a suceder. “La mayor derrota que puede tener una víctima del terrorismo es el olvido”, ha sostenido Barrios.

“No solo lo mataron, sino que querían quitar lo bueno de él”

Hija de un hombre conocido en el pueblo, con un negocio muy frecuentado, Barrios recuerda que, además del asesinato, lo que le hizo mucho daño fue que se intentase tejer una historia falsa sobre su padre después de muerto. “Se intentó vender una idea de que era una persona que tenía que ver con el narcotráfico, con la trata de blancas, que era confidente de la Policía. No sé ni cuántas cosas se pudieron decir en pasquines para amedrentar a la gente y que nadie fuera a la manifestación”, ha recordado. Ella encabezaba la protesta y rememora que había quienes les retiraban la mirada después de que se hubiesen difundido aquellos infundios. “No solo lo mataron, sino que querían quitar lo bueno de él”, ha lamentado.

Mientras se manifestaba, la familia de Barrios fue recorriendo el pueblo. La Casa del Pueblo socialista, recuerda, estaba de luto y el 'batzoki' también se había sumido en el silencio. “Cuando pasamos por la 'herriko taberna', sacaron los bafles a la calle, pusieron la música a tope y se pusieron a bailar como posesos. Han pasado 37 años y todavía recuerdo la canción: 'Mándalos, mándalos, mándalos a la mierda, que se piquen, que se piquen ellos y sus amigos los maderos como si estuvieran en las 'txosnas' de Bilbao'”, ha relatado. En esa misma línea, Díaz, hijo de policía, ha contado que, mientras se velaba a su padre en el tanatorio, fuera se oía la algarabía de personas que celebraban el asesinato de otro agente de la Policía Nacional.

Los tres casos se cerraron pronto, sin resolver, sin encontrar a los autores materiales de los asesinatos. Esa circunstancia, han coincidido los tres hijos, los relegó a una categoría inferior entre las víctimas, de segunda. No solo han accedido a compensaciones económicas muy inferiores a las del resto, se han quejado, sino que también han tenido muchas menos oportunidades de relatar su caso y homenajear a sus progenitores.

En cualquier caso, han incidido en la “calidad humana” de la que están dotadas las víctimas del terrorismo, a las que Díaz ha calificado de “abanderadas de la paz”. “La memoria histórica debería ser obligatoria”, ha exigido Barrios. Díaz ha pedido que se siga escuchando a las víctimas y que se les dé la posibilidad de que cuenten su historia. “A través de ese testimonio y ese ejemplo de las víctimas del terrorismo se construye una sociedad mucho mejor. Que las generaciones venideras sepan lo que ha costado tener esta paz que hoy disfrutamos y que la sepan valorar”, ha apostillado.

Al acto han acudido varias autoridades, incluidos la alcaldesa de Vitoria, la socialista Maider Etxebarria; la delegada del Gobierno en Euskadi, Marisol Garmendia; el director de Gogora, el Instituto de la Memoria vasco, Alberto Alonso, y Florencio Domínguez, director del Centro Memorial de Víctimas del Terrorismo.

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