“Fronteras del clima” llega a Donostia retratando el impacto de la crisis climática y el desplazamiento forzado
El Observatorio de Desplazamiento Interno calculó que en 2025 los desplazamientos forzosos se produjeron más por violencia que por fenómenos meteorológicos, por primera vez desde 2008. Bajo esta premisa, el fotoperiodista Santiago Palacios inauguró el pasado miércoles 26 de agosto su exposición fotográfica “Fronteras del clima” en el paseo del Urumea de Donostia. El proyecto, realizado junto a ACNUR, busca visibilizar una realidad habitual, aunque se trate de “procesos graduales difíciles de mostrar”. La muestra llega a la ciudad después de pasar por Valencia, Barcelona y Pamplona y permanecerá en Donostia hasta el 20 de septiembre, a la altura del puente de María Cristina por el lado del río en donde se encuentra la estación de buses.
ACNUR y Palacios han centrado el proyecto en tres territorios: Honduras, Sudán del Sur y Bangladesh. Cada uno representa una de las consecuencias de la crisis climática: la subida del nivel del mar, las inundaciones y los ciclones. De esta forma, según explica Palacios a este medio, la exposición realiza una representación geográfica y muestra diferentes fenómenos climáticos dentro de contextos sociales particulares.
La concejala delegada de Diversidad Cultural e Inclusión, Arantxa López, señaló que la exposición es una invitación a reflexionar sobre cómo el cambio climático “golpea con mayor intensidad a quienes ya se encuentran en situaciones de vulnerabilidad”. En la misma línea, la directora de Comunicación de ACNUR, Amaia Celorrio, recalcó que las imágenes pretenden recordar que “detrás de cifras, como son más de 117 millones de personas desplazadas en todo el mundo, hay rostros y hay personas”.
En Honduras, la crisis climática se manifiesta principalmente a través del avance del nivel del mar, afectando a comunidades costeras. El Índice de Riesgo Climático Global ha situado al país como el tercer territorio del planeta más afectado por fenómenos climáticos extremos entre 1993 y 2022. Además, sus habitantes llevan más de 70 años siendo conscientes de la subida gradual del nivel del mar.
El fotoperiodista documenta la situación de Cedeño, un pueblo pesquero de unos 5.000 habitantes situado en el golfo de Fonseca. Allí, el mar hace retroceder las playas más de un metro al año y ha engullido cientos de estructuras de la costa. En las fotografías se observan viviendas tragadas por la arena, retratos de personas afectadas y hasta un mapa antiguo en el que una mano señala dónde se encuentra ahora el mar.
Las consecuencias de esta degradación ambiental y económica son graves para las familias locales, que dependen del mar y del turismo. Además del deterioro de la zona y la pérdida de atractivo turístico, la contaminación provocada por las empresas camaroneras y la pérdida de los manglares —barreras naturales indispensables contra las inundaciones— han diezmado el ecosistema marino. Palacios explica que Yeni Hernández, representante de la Asociación de Mujeres Marisqueras, le contó que algunos moluscos llegan a oler a diésel al cocinarse. A la pérdida de la pesca de subsistencia se suman las consecuencias económicas a escala nacional: entre 1998 y 2017, las pérdidas asociadas al cambio climático representaron el 1,8 % del Producto Interior Bruto (PIB) hondureño.
El recorrido continúa en Sudán del Sur, el país más joven del mundo tras su independencia en 2011. Allí, la crisis climática se manifiesta en forma de lluvias excepcionales que provocan inundaciones recurrentes desde 2019. La localidad de Bor, capital del estado de Jonglei, permanece completamente anegada durante meses debido a las crecidas del Nilo Blanco. Palacios retrata este impacto a través de espacios que pueden parecer un lago, pero que en realidad son enormes extensiones inundadas. Sobre el agua apenas sobresalen los tejados de algunas viviendas, mientras el resto de las construcciones permanece sumergido.
Como consecuencia de estas inundaciones, una población principalmente dedicada al pastoreo y la agricultura sufre la pérdida masiva de alimentos, ganado y medios de vida, agravando la desnutrición y la pobreza estructural. La falta de infraestructuras básicas y de carreteras transitables también aísla a las comunidades de servicios esenciales como la sanidad, la educación y el agua potable. A ello se suma que el clima extremo actúa como un multiplicador de vulnerabilidades. Cientos de miles de personas que ya habían huido de la violencia y de la guerra civil se ven obligadas a afrontar nuevos desplazamientos forzados de manera recurrente.
Por último, la exposición llega a Bangladesh, donde Palacios aborda la situación del campo de refugiados de Kutupalong, en Cox's Bazar, el asentamiento de personas refugiadas más grande del mundo. Allí viven alrededor de 1,2 millones de personas de etnia rohingya, despojadas de su ciudadanía. La zona sufre lluvias monzónicas intensas, ciclones y deslizamientos de tierra que erosionan el terreno y contaminan el agua potable. Las imágenes de Palacios muestran la precariedad del entorno, con calles estrechas de barro y refugios construidos únicamente con cañas de bambú. También retratan a niños recolectores en las orillas de ríos cubiertas de residuos plásticos.
Las consecuencias físicas y psicológicas de estos fenómenos son especialmente graves para la población refugiada. En 2022, las fuertes lluvias monzónicas provocaron un corrimiento de tierras que sepultó por completo la vivienda de Mohammed Yusuf y acabó con la vida de su esposa y sus dos hijos. Además, la elevada densidad de población y el uso de materiales de construcción ligeros aumentan el riesgo de incendios, como el registrado en enero de 2024, cuando un incendio destruyó numerosos hogares en Kutupalong y afectó gravemente a familias enteras.
Para paliar esta situación, ACNUR centra su labor en la asistencia humanitaria, la reubicación de familias en zonas seguras y la distribución de recursos para facilitar el día a día de las personas desplazadas. Un ejemplo es la sustitución de la leña por bombonas de gas para cocinar en Cox's Bazar. La medida busca combatir el deterioro forestal provocado por la quema de unas 900 toneladas diarias de leña y ha permitido salvar más de 14.500 hectáreas de bosque sin necesidad de reforestar.
La visita guiada por Palacios dejó atónito al público presente. Una de las asistentes, con la voz entrecortada, llegó a plantear la posibilidad de enviar ropa a las personas afectadas en Honduras. Fue entonces cuando Amaia Celorrio intervino para recomendar las donaciones económicas frente al envío de ropa, al considerarlas una vía más eficiente y directa para garantizar que la asistencia llegue a las personas desplazadas en estos territorios vulnerables.
La muestra fotográfica “Fronteras del clima” está formada por 16 paneles de doble cara y gran formato, además de una audioguía original narrada por el propio autor. Tras su paso por Donostia, la exposición continuará su recorrido por España, teniendo su próxima parada en la plaza de la Encarnación de Sevilla, donde podrá visitarse del 5 de octubre al 3 de noviembre.
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