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Exclusiva

Habla la víctima de abusos sexuales en el colegio Gaztelueta del Opus Dei: “No me sorprendería que hubiese más casos. No hay que tener miedo a contarlo”

Juan Cuatrecasas, tras la entrevista.

Iker Rioja Andueza

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Las respuestas que pronuncia Juan Cuatrecasas (Bilbao, 1996) tras una mascarilla negra de tela son pausadas y están salpicadas de silencios prolongados que también tienen su significado. A pesar de lo profundo de sus reflexiones, no hay unas palabras que parezcan más altas que las otras. Es la primera vez que este joven estudiante de Derecho de 24 años se enfrenta a una entrevista. No esquiva ninguna pregunta. Hace más de una década sufrió abusos sexuales cuando cursaba el primer ciclo de Secundaria en Gaztelueta, el colegio exclusivamente masculino que el Opus Dei tiene en una colina de Leioa, en Bizkaia. La situación degeneró en acoso escolar también. Todavía hoy se mantienen las consecuencias de aquello. A pesar de los esfuerzos del colegio por desacreditarle, por humillar públicamente a su familia y por proteger al ahora condenado –incluso pagando de su bolsillo parte de la defensa–, en 2018 la Audiencia de Bizkaia condenó al profesor numerario a once años de cárcel por los abusos. Ahora, dos años después, el Tribunal Supremo ha rebajado la condena a dos años porque –alegan– la víctima no contó desde el principio los episodios más graves que sufrió.

¿Quiere que entre en la cárcel?

Pues no es lo que más me preocupa. [Silencio] Aunque, evidentemente, sí que consideraría injusto que no entrase. Pero no es lo que me quita el sueño.

¿Qué le quita el sueño entonces?

Pues, básicamente, que la gente considere que lo que yo cuento no es real. O que le quiten importancia. O que consideren que algo sí es real y las otras cosas no son verdad. Vamos, que no cojan el relato entero y lo troceen en partes. Y cuando hablo de gente hablo de los jueces, de la Justicia y de la sociedad en general.

Precisamente una de las claves de la sentencia del Supremo es que consideran que no todo está probado. En concreto, las prácticas más graves no las consideran porque no las verbalizó desde el principio.

Al final, la opinión es libre y la gente me cree o no me cree, porque los que verdaderamente sabemos qué fue lo que pasó en ese despacho somos él y yo. La sentencia del Supremo la he asumido como que no me han creído o que me han creído con matices. Lo considero como algo humillante, como que me han ninguneado.

¿Qué les diría a los jueces del Supremo?

[Silencio] A ver, evidentemente, ellos hacen su trabajo. Pero, básicamente, he visto que los jueces de Bilbao me escucharon a mí. Me tuvieron delante. No es porque ellos pusieran once [años de cárcel] y los del Supremo dos. Podría haber sido más o menos, no lo sé. Pero considero que me creyeron. No estoy de acuerdo con que fueran once años pero, bueno, me creyeron y dictaron la sentencia en consecuencia a las pruebas. Que lo hayan bajado a dos sin haberme visto, sin haberme tenido delante y sin haberme escuchado… ¡Son jueces que no me han visto nunca!

Cuando dice que no está de acuerdo con los once años, ¿es porque cree que es demasiado?

No. Es porque creo que es poco.

¿Ha dudado alguna vez de sí mismo?

¿En qué sentido?

De sus recuerdos, de sus relatos… Al fin y al cabo, siempre le han echado en cara la supuesta incoherencia de su denuncia.

No [Silencio]. Más que dudar de lo que yo digo, sí que he llegado a tener un poco de miedo –sobre todo al principio– de ver qué podía contar y de si contarlo todo era malo para mí o no sé. Estoy seguro de lo que pasó. Que tenga algún recuerdo borroso o que haya cosas que pasaron y que las recuerde de una manera más confusa puede ser. Pero dudar de que eso no pasase, no.

Ha dicho que tuvo miedo. ¿A quién?

Sobre todo a mi entorno. No sé. Es algo que, cuando te pasaba, no eras consciente de que luego lo tenías que contar. Hay que repetirlo 30 veces para que te crea la gente. Cuando empecé a contarlo, tenía miedo de seguir. De que la gente, a medida que fuese contando, o me creyese menos o se echase las manos a la cabeza. Las reacciones me daban pánico.

¿Por qué decide empezar a contarlo? ¿Qué es lo que le hace decir “Hasta aquí hemos llegado”?

No lo recuerdo exactamente. Creo que fue una cadena de sucesos: que no fuera a clase, que mis padres en casa estaban desquiciados… Al final me vi un poco obligado. No, obligado no. Pero sí empujado a tener que contar por qué estaba así. Además, es que mi relación con la gente de mi edad estaba siendo nula. También me vi acorralado en ese sentido. No podía contar con nadie. Estaba en casa y a mis padres ni les hablaba porque no sabía ni qué decir. Con gente de mi clase tampoco. Llegaba a un colegio nuevo y nada. Ese cúmulo de cosas, el verte un poco arrinconado por la gente, pues te hace explotar.

Se ha hablado mucho de los abusos sexuales que sufrió pero no tanto del 'bullying' que ha mencionado ahora.

Probablemente, a nivel personal, creo que me ha hecho más daño el quedarme muy limitado socialmente en esa edad que el hecho de que un profesor me hiciese esas cosas. En esas edades estás más preocupado por saber cuántos amigos tienes que por cosas que luego te puedan pasar, aunque evidentemente a largo plazo sí que te hunden más que en ese momento. Que un profesor me hiciese eso me ha hundido más ahora, cuando ha pasado el tiempo. A mí, en ese momento, lo que más me dañaba era estar solo. Estar solo.

Su madre contó en el juicio que un día se tiró del coche en marcha y que otro día le agarró en la ventana a punto de precipitarse. ¿Cómo llegó a ese extremo?

[Silencio] Hay muchos sucesos de esos que no los recuerdo con nitidez. Lo del coche… Sí que recuerdo que fue porque yo no quería entrar en una clase con treinta personas. Mi madre me tiraba a hacerlo. Llegamos al colegio en el coche y, pues eso, yo no iba a hacer eso. Abrí la puerta del coche e intenté tirarme en marcha. Es como intentar huir de los problemas.

Mencionaba antes a sus compañeros. Muchos, en realidad todos menos uno, defendieron en el juicio al profesor abusador. Pagados por el colegio Gaztelueta, firmaron una serie de documentos para protegerle y defendiendo su inocencia.

Lo veo como un acto de cobardía, no sé. Fe ciega. Firmaron algo que no habían visto. Encima gente que me conoce, que ha estado conmigo no sé cuánto tiempo… Me parece... Yo no lo haría. Yo no firmaría algo que no sé si es verdad. Lo veo como algo irresponsable. Pero tampoco me sorprende de ellos, la verdad.

Han pasado los años. Entonces tenían 12 ó 13. Ahora 24 ó 25. ¿Alguien le ha llamado o le ha contactado? ¿Alguien le ha pedido perdón?

No. Ha habido algún mensaje de acercamiento pero por parte de personas contadas y alguno de otro curso. Pero vamos, que ya le digo, contados. Serán tres, como mucho. Pero no ha habido ningún acto de arrepentimiento.

Sí, puedes seguir estudiando, conseguir un trabajo o lo que sea que hagas en tu vida, pero al final [los abusos] son como 'flashbacks' que se reproducen en tu mente y que no puedes evitar

Juan Cuatrecasas

El colegio ha dicho que sus padres le habían perjudicado por haber denunciado este caso en los medios de comunicación. También que el profesor era inocente. Incluso dio una rueda de prensa donde se produjeron los hechos para desacreditarle.

[Silencio] Me parece humillante. Es que no sabría encontrar una palabra. Que se dediquen a proteger más a la gente que tienen ahí a su cuidado y se dejen de estos espectáculos. No les hace ningún favor. Aunque a mí también me afecta y me perjudica que el director del colegio se pasee por allí diciendo que es un poco menos que el Jardín de Edén, me hace pensar en la gente que estudia allí, que está muy engañada. Si se creen todo lo que dice ese colegio y permiten esto…

Solamente como reflexión, ¿cree que lo que le pasó a usted ha podido ocurrir en más ocasiones en Gaztelueta?

Creerlo, sí. Saberlo, no. En Primaria, en mi clase hubo un caso con otro profesor que no sé si se denunció o qué pasó. He sido testigo de que ese profesor, por ejemplo, les metía mano a los alumnos en clase. Y sé también que hay gente que no ha querido seguir con el mismo profesor al que yo he denunciado y me hizo esto. No me sorprendería que hubiese más casos.

¿Qué les diría a esas personas que no han dado el paso de contarlo nunca?

Yo, por ejemplo, al principio tampoco lo quería contar. No quería meterme en ningún embolado ni dar la cara. Entiendo que al principio sentí vergüenza, miedo o culpa o lo que sea. Pero, cuando pasa el tiempo, te das cuenta de que no haberlo denunciado habría sido mucho peor. Exteriorizarlo me ayudó mucho. A la gente la animaría, aunque sea tarde, a contarlo. Que no tenga miedo.

Después de tantos años, ¿lleva una vida normal?

Sí, con mis limitaciones, porque sigo teniendo recuerdos, pesadillas y miedo a algunas situaciones de la vida.

A encontrarme, por ejemplo, rodeado de chavales de mi edad. Eso me sigue provocando bloqueos. O verme metido en un despacho yo solo con una persona adulta. Sí, puedes seguir estudiando, conseguir un trabajo o lo que sea que hagas en tu vida, pero al final son como 'flashbacks' que se reproducen en tu mente y que no puedes evitar. [Silencio] Aunque llevo una vida normal entre comillas porque sí que estoy en la Universidad, hago una carrera y me relaciono con gente, aunque sea poca, sí que hay momentos en que te bloqueas.

¿Cuántos años académicos ha perdido por todo esto?

Cinco o seis. Cinco o seis. Voy cinco o seis años retrasado con respecto a la gente de mi misma edad.

¿Sigue yendo a terapia?

Sí. De manera más intermitente, pero sí. Todos [los especialistas] me han apoyado. Con algunos me he sentido más a gusto, con otros menos. Pero, en general, si no hubiese sido en parte por ellos, yo no estaría así ahora mismo. Con el doctor Iñaki Viar sí que he notado un progreso bastante importante. Básicamente él, mi familia y la abogada [Leticia de la Hoz] fueron los pocos que hicieron de impulso para que yo me atreviese a denunciar el caso y que, poco a poco, me encuentre saliendo del pozo.

¿Qué hará el día que el profesor entre en la cárcel, si es que llega ese momento?

[Silencio] Nada. Intentaré seguir con mi vida y que me afecte lo menos posible. Un cierto grado de satisfacción, pues igual sí, pero no es lo que más me preocupa. No es lo que más me importa ni me va a alegrar ni nada. A mí me alegrará cuando a mí se me reconozca, ya no solo por parte suya, sino por parte de todas las instituciones que han formado parte de esto.

¿Cree en la Justicia?

[Silencio] Sí. Pero veo que tiene serias lagunas hoy en día.

¿Y en la Iglesia o en Dios?

No. No sé si he creído alguna vez. Pero, si lo he hecho, dejé de hacerlo. Sobre todo en la Iglesia. Para no sonar muy bruto, me parece una mafia.

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