Investigadores de la UEx abren la puerta a tratamientos más seguros y personalizados contra la alergia a la leche y el huevo
Un equipo de investigación liderado por la Universidad de Extremadura (UEx) ha dado un paso de gigante en la búsqueda de nuevas alternativas para las personas que padecen alergias a las proteínas de la leche y el huevo. Coordinado por la profesora María Victoria Gil Álvarez, al frente del Grupo QUOREX, el trabajo abre la vía al desarrollo de estrategias de inmunoterapia oral más precisas, seguras y adaptadas a cada paciente, orientadas a minimizar la sensibilidad a estos alimentos y prevenir reacciones potencialmente mortales como la anafilaxia.
El estudio, financiado dentro del Plan Estatal de Investigación Científica, Técnica y de Innovación, destaca por su firme orientación hacia el impacto real en los pacientes. La propia investigadora principal conoce en primera persona las dificultades cotidianas de esta patología: en 2010 fundó la Asociación Extremeña de Alérgicos a Alimentos (AEXAAL), una entidad que hoy presta apoyo a más de 850 familias en la región. Esta experiencia directa ha servido de catalizador para orientar la labor de laboratorio hacia soluciones con transferencia clínica directa.
En el proyecto ha participado un equipo multidisciplinar que incluye al profesor Pedro Cintas Moreno (QUOREX), al investigador Jonathan Delgado Adame del Instituto Tecnológico Agroalimentario de Extremadura (INTAEX), así como a científicos de la Universidad Complutense de Madrid —dirigidos por el profesor Pastor Vargas en colaboración con la Fundación Jiménez Díaz— y de la Universidad de Salamanca, a través del profesor Nieto García.
Economía circular aplicada a la biomedicina
La investigación ha centrado su diana en las caseínas y la $\beta$-lactoglobulina, las principales proteínas causantes de la alergia a la leche de vaca. El equipo evaluó cómo actuaban sobre ellas distintos polifenoles naturales extraídos de cáscaras de limón y naranja, para analizar posteriormente si los anticuerpos IgE presentes en el suero de pacientes alérgicos continuaban reconociéndolas.
Los ensayos revelaron una notable disminución en la capacidad de unión de estos anticuerpos a las proteínas modificadas. Aunque se registraron diferencias individuales en los análisis, la protección fue patente y constante. Mediante avanzadas herramientas computacionales de modelización molecular, los científicos identificaron el motivo: los polifenoles se acoplan a regiones específicas de las proteínas, modificando las zonas que habitualmente desencadenan la alerta del sistema inmunitario.
Más allá del avance médico, la investigación de la UEx destaca por su compromiso ambiental. Al utilizar subproductos de la industria citrícola como fuente de compuestos bioactivos, el proyecto se convierte en un modelo de economía circular, transformando materiales de desecho agrícola en ingredientes con alto valor terapéutico.
Pese a lo prometedor de los resultados, los investigadores recuerdan que el estudio representa una prueba de concepto en fase inicial. Por el momento, la técnica está pensada para actuar como tratamiento coadyuvante de las inmunoterapias orales ya existentes —que habitualmente se combinan con anticuerpos monoclonales o alergoides—, aunque abre una puerta esperanzadora para constituirse, en el futuro, como una alternativa terapéutica por sí misma.
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