“En el llenado de los lagos mineros de As Pontes y Cerceda ha habido una comunicación hermética y paternalista”

Central térmica de As Pontes (A Coruña)

El pasado mes de febrero el sociólogo Xaquín Pérez-Sindín López (As Pontes, 1979) obtuvo la prestigiosa bolsa europea Marie Curie, que reconoció el valor de sus investigaciones, centradas en los efectos sociales de la minería. Su tesis de doctorado (Megaproyectos y comunidad: impacto de un proyecto minero-eléctrico a gran escala desde una perspectiva sociológica), presentada en 2015, analizaba los impactos sobre la población provocados por la mina que funcionó en su localidad natal durante tres décadas, hasta 2007, alimentando a la central térmica que aún existe allí. Ha investigado igualmente el desarrollo del proyecto de recuperación del entorno una vez que la mina fue cerrada. Integrante del Grupo de Investigación Persona-Ambiente de la Universidad de A Coruña, desde el año 2011 es profesor en la universidad polaca de Gdansk. Ahora, la Marie Curie le permitirá continuar sus investigaciones entre Dinamarca y Colombia, ahondando en los efectos de las actividades extractivas en este país latinoamericano.

En la tesis estudias los efectos que la actividad minera y la central térmica tuvieron en As Pontes, equiparables a los de otras boomtowns [poblaciones que experimentaron un crecimiento rápido por uno u otro factor]. ¿Cuáles son esos efectos, en términos generales?boomtowns

En la mayoría de los casos este tipo de proyectos tienen lugar en zonas rurales remotas que acaban por duplicar o triplicar su población debido al crecimiento explosivo de oportunidades de empleo en el campo de la construcción y extracción energética. A diferencia de los crecimientos demográficos normales, este tipo de booms estimulan el flujo de población joven masculina con altos salarios y pocas raíces en la comunidad y que o bien se desplazan a diario desde localidades próximas o bien pasan a residir allí de forma temporal. La sociología rural americana apunta a que estos cambios demográficos pueden derivar en desequilibrios en el ratio hombres/mujeres y una ruptura de los patrones de interacción social. Igualmente, en la mayoría de los casos las comunidades no tienen el capital institucional y las infraestructuras suficientes como para acoger los nuevos flujos de población, pudiendo derivar en estados de crisis e incapacidad para afrontar problemas sociales como aumento del crimen, abuso de substancias adictivas y problemas de salud mental.

Lo sucedido acontecido en As Pontes viene a constatar algunos de estos impactos, especialmente en lo referente al boom demográfico y a los problemas de suministro de servicios básicos en los primeros años. El problema de los rápidos procesos de industrialización rural como el vivido en las Pontes no radica necesariamente en la desaparición de formas de solidaridad social como la familia tradicional o la importancia de los lugares y aldeas como fuentes de socialización y protección. El verdadero problema surge cuando estas instituciones no son sustituidas por instituciones propias de sociedades modernas como pueden ser las asociaciones vecinales, grupos de apoyo, sindicatos o, simplemente grupos de interés. En mi tesis me hago eco de la existencia de hasta tres estudios científicos realizados por instituciones diferentes en los que señalan As Pontes como uno de los lugares con mayor riesgo de suicidio durante los años que sucedieron al boom minero-eléctrico.

En la tesis haces especial hincapié en la creación de una sociedad desigual, con una mejora de las condiciones de vida de una parte de la población. ¿Se generó en As Pontes una frontera entre 'ser de Endesa' vs 'no ser de Endesa'?

En el contexto de la segunda guerra mundial y autarquía, el Estado Franquista, por medio del Instituto Nacional de Industria, construyó en As Pontes una fábrica de combustibles líquidos que, finalmente, y debido a la irracionalidad de la inversión acabaría por convertirse en una fábrica de fertilizantes. Con el fin de acoger a ingenieros y trabajadores, el INI construyó a las afueras de la localidad una de las primeras ciudades planificadas de Galicia acorde al modelo de ciudad jardín. La segregación en los primeros años era absoluta y reflejaba a la perfección la coexistencia de dos mundos completamente ajenos el uno del otro. Por una parte, As Pontes, más vinculada al sector agro-comercial y con cierta centralidad en el mercado interregional del norte de Galicia. Por otra parte, el poblado del INI, vinculado a la nueva industria y que, al estar dotado de todo tipo de servicios, hacía innecesario acercarse al pueblo.

La segregación fue desapareciendo con el paso de los años, hasta que en los setenta se construyó la gran central térmica y la historia se repitió, pero a mayor escala. La necesidad de trabajadores especializados hizo que muchos de los puestos de trabajo no fuesen cubiertos por locales. Sociólogos como Summer y Kristi Branch llegan a demostrar, tras el estudio de 245 grandes plantas manufactureras en los Estados Unidos, que no sólo el desempleo local persistía, sino que la economía pre-boom se veía fuertemente dañada. Algo así habría sucedido en el caso de As Pontes. Los trabajos de construcción atrajeron a mucha mano de obra no especializada que acabó por abandonar el mundo agrario, incapaz de competir en términos de salario. Cuando la situación se normalizó tras el boom, los problemas de desempleo persistían y apareció el conflicto.

Los ochenta fueron años muy convulsos en As Pontes y la lucha por democratizar los beneficios de la producción energética se trasladó a todas las esferas de la sociedad. Surgió, en primer lugar, una especie de carrera por hacerse un hueco en la central o mina. La debilidad de la sociedad civil y del movimiento sindical de aquella época hizo que esa lucha se librase, principalmente, a nivel individual, creando así un caldo de cultivo para las relaciones caciquiles y los tratos de favor. Incluso algunos de los entrevistados en el trabajo de campo relatan situaciones de chantaje por parte de aquellos que tenían capacidad de contratar, como pedir dinero o incluso solicitar mantener relaciones sexuales con la pareja a cambio de un puesto de trabajo. En el plano político surgió un partido de corte localista con la consigna de defender los derechos del pueblo y con una actitud beligerante con Endesa que acabó por auparse al poder a finales de los ochenta, señal inequívoca del conflicto social subyacente. Con el paso del tiempo, llegó a haber una mayor cohesión en términos identitarios, pero persistieron o incluso se incrementaron las diferencias económicas. Muchos logros sociales no revirtieron en el conjunto de la sociedad, mientras que la crisis hizo florecer si cabe más aún las diferencias y muchos de los entrevistados hablan de agravio comparativo.

¿Estas desigualdades, esa creación de una isla económica, son inevitables en este tipo de megaproyectos?isla

Esta pregunta no tiene una fácil respuesta. Existe, en efecto, una amplia literatura sobre políticas de intervención en estos casos, incluyendo mayor transparencia, participación comunitaria, sistemas fiscales alternativos, programas de capacitación agraria, o programas de formación profesional para mejorar la empleabilidad de la población local. Esto podría haber evitado los efectos vividos en casos como el de As Pontes e incluso podría haber revitalizado otros sectores. Pero en la práctica este tipo de medidas requieren de tiempo y compromiso y no está claro que sean compatibles con la propia actividad extractiva. Este tipo de proyectos requieren de una gran celeridad debido a las flutuaciones de los costes de la materia prima en los mercados internacionales, por lo que democratizar su ejecución podría hacerlos inviables. En otras palabras, si la empresa tuviera que asumir los costes sociales, económicos y medioambientales tanto directos como indirectos, el negocio podría no ser rentable. Es por ese motivo que lo que ocurre en muchos casos es simplemente una desigual redistribución de la riqueza, más allá de la acumulación de capital en manos de las empresas promotoras. Hay quien resume esto con una sola palabra: capitalismo.

¿El más perjudicado por la actividad minera e industrial ligada a la planta fue la producción del sector primario?

Más bien habría que hablar de un cambio radical en el modelo productivo. Hasta los años 40 del siglo pasado la economía local no presentaba grandes diferencias con relación a otras localidades gallegas de igual tamaño, es decir, sector primario y una relativa importancia del sector agro-comercial. Además, As Pontes, al igual que buena parte del norte de Galicia, fue una de las zonas donde tuvo más incidencia la corriente de modernización agraria, como prueba la importancia que llegó a alcanzar el sindicalismo agrario o la puesta en marcha de proyectos agro-industriales. La represión vivida durante la guerra y posguerra civil, así como las políticas industrialistas implementadas desde entonces acabarían por desgastar la economía local hasta su casi desarticulación en el momento en que comienza la construcción de la central térmica. En realidad, lo sucedido en as Pontes habría que encuadrarlo dentro en un fenómeno más amplio a nivel gallego, en el que estaría incluida la construcción de pantanos y grandes fábricas en zonas rurales desde los años 40-50, por lo que las conclusiones extraídas en este caso tan paradigmático deberían servir para comprender el retraso económico de muchas comarcas del interior de Galicia.

En este tipo de situaciones se abre un abismo cuando la actividad principal declina o desaparece, y se buscan alternativas económicas: nuevas empresas, nuevas industrias, actividad turística... ¿Cómo está siendo esta transición en As Pontes? ¿De qué forma se podría diseñar (o haber diseñado) una transición con mejores resultados?

La lucha sindical de los noventa, encabezada por la CIG, dio sus frutos y se lograron acuerdos importantes, como el plan de prejubilación o inversiones en infraestructuras. Las políticas de subvención e incentivos fiscales tuvieron en un primero momento cierto éxito con la implantación de numerosas empresas en los nuevos polígonos industriales, pero la crisis económica vino a destapar la debilidad del tejido económico y fueron muchas las que decidieron marcharse incluso después de haber recibido cuantiosas subvenciones. Por otra parte, a pesar de las mejoras en infraestructuras de comunicación, estas se limitaron a la construcción de autovías y carreteras y se ignoró por completo el sistema de medios de transporte públicos. Hoy, los vecinos de As Pontes no pueden ir y volver en autobús en el mismo día a la ciudad más próxima, como es Ferrol, mientras que el tiempo de viaje a A Coruña es de casi dos horas, el doble que en coche.

Por lo tanto, un vecino de las Pontes no sólo se enfrenta al problema del desempleo como en otros muchos sitios, sino que los costes de desplazamiento diarios son más altos y la emigración acaba siendo una opción. Cuando uno viaja por las zonas rurales de Alemania o Inglaterra, llama la atención la densa red ferroviaria y de autobuses que permite desplazarse diariamente a pueblos y ciudades relativamente alejados de las principales urbes. Y, en segundo lugar, la existencia de facultades universitarias, sedes de grandes empresas y centros de investigación en pueblos que no son más grandes que Ortigueira o Cedeira. Es lamentable que Endesa, en su día, no hubiera escogido As Pontes para ubicar parte de sus oficinas. Sería el precio justo a pagar por los enormes costes de décadas de explotación minera.

¿Podríamos extender este análisis a otras realidades, como ciudades en exceso dependientes de una determinada industria, como sucede en la comarca de Ferrol con la construcción naval?

La importancia de la industria naval en Ferrol y de la producción energética en As Pontes responde a intereses de Estado en momentos muy puntuales de la historia. Cuando esos intereses cesan o son incapaces de generar empleo, este tipo de comarcas experimentan lo que algunos autores califican de drama socioeconómico.

Las políticas de revitalización económica de regiones postindustriales en el contexto europeo apostaron en gran medida por la exención de impuestos para atraer capital inversor. Políticas que, en el caso gallego, se tradujeron en una especie de obsesión por construir polígonos industriales que hoy están vacíos. Una especie de adicción industrialista con el fin de repetir los booms de antaño. Pero los incentivos fiscales no son el principal factor de atracción de capital hoy en día. Sí lo son la existencia de conglomerados económicos y la cercanía al mercado objetivo de las empresas: zonas más densamente pobladas o bien conectadas en el contexto global.

El futuro de Ferrol o de As Pontes, así como el de otros ayuntamientos de Ferrolterra, no pasa por destinar partidas presupuestarias municipales a programas de dinamización turística o comercial o por disfrutar de subvenciones para incentivar la llegada de empresas a sus respectivos polígonos. Pasa por la capacidad de articular políticas públicas a nivel comarcal que optimicen las inversiones, la generación de empleo y la movilidad interna. De eso va a depender que Ferrolterra sea capaz de integrarse en una economía cada vez más globalizada y hiperconectada. La densidad de población en la ría de Ferrol, así como el potencial del puerto exterior deberían ser suficientes para consolidar un único y verdaderamente competitivo polígono industrial en el norte de Galicia. Pero, de momento, el desembarco mas destacable en el puerto es el de carbón y gas natural para mantener funcionando la central térmica más contaminante de España. Es como si todo hubiera cambiado para que no cambiara nada.

Has analizado también los procesos de recuperación de los terrenos una vez que las minas cierran, convertidas por ejemplo en lagos. ¿Es esta una buena idea?

Es una buena idea en el momento en que existe un hueco de 200 metros de profundidad. Existen infinidad de alternativas que han tenido un gran éxito, como el proyecto Edén, en el sudoeste de Inglaterra, donde se llegó a crear una especie de jardín botánico a gran escala en un antiguo hueco minero. En As Pontes el proyecto de llenado ya se conocía desde el año 1983. En este sentido, llama la atención que Endesa continuara la actividad extractiva hasta el último momento, cuando ya sabía de las dificultades de llenar un hueco de tal profundidad. La empresa estuvo asesorada desde un principio por ingenieros procedentes del Este de Alemania; yo incluso tuve la oportunidad de hablar con alguno de ellos durante una de mis estancias de investigación en Leipzig. Hay que tener en cuenta que allí existen más de 100 lagunas mineras y alguna de ellas desde finales de los años 70. Se trata de una de las regiones mas densamente pobladas de Alemania, situada a más de 500 kilómetros del mar y en zonas enormemente devastadas tras décadas de explotación, por lo que el llenado supuso una verdadera revitalización económica y paisajística en muchos casos. Sin embargo, la laguna de As Pontes está a apenas media hora en coche de alguna de las mejores playas de Galicia, por lo que surge la duda de si Endesa desestimó otros modelos de restauración desde un principio y se limitó a replicar el modelo alemán.

¿El éxito de estos procesos de recuperación depende del grado de participación social en su diseño y desarrollo?

Los ingenieros o diseñadores pasan buena parte de su tiempo formándose e investigando sobre como construir determinados espacios. Para eso utilizan infinidad de técnicas, a menudo con buenas intenciones y las mejores prácticas, pero que no siempre tienen el resultado esperado en un contexto dado. La participación social no es una garantía de éxito y puede llegar a alargar e incluso paralizar los procesos de restauración (de eso son perfectamente conscientes los ingenieros que se encargaron de la restauración de la mina de As Pontes o Cerceda). El problema es que diseñar, sin más, puede crear espacios sin alma, con mayor o menor aceptación social, pero sin generar legitimidad social y, mucho menos, entusiasmo.

En Alemania, país que siempre se toma como referencia según para qué, los procesos de restauración son abrumadoramente más transparentes. No sólo en aspectos como la participación pública, sino en la cultura de comunicación de los riesgos existentes. Alemania es un país cuya cultura política está enormemente influenciada por sociólogos como Ulrich Beck y su teoría sobre la sociedad del riesgo. No hace mucho la prensa española se hacía eco de un comunicado hecho por el gobierno alemán en el que instaba a toda la población a proveerse de suministros para autosubsistir durante un mes en caso de ataque terrorista. Aquí el gobierno está asumiendo la visión de Beck al reconocer abiertamente y sin complejos que no puede controlar todos los riesgos debido a la complejidad del problema. Lo mismo sucedió con el llenado de alguno de los huecos mineros que tuve la oportunidad de conocer de cerca en el sur de Leipzig. Hay un reconocimiento público de las limitaciones técnicas.

Abundan las noticias que abordan los retos a los que se enfrentan las localidades próximas y todo eso fomenta un tipo de sociedad mas informada y activa. En España sucede exactamente todo lo contrario. Actualmente investiga la forma en la que los medios de comunicación de masas han tratado el llenado de lagunas mineras en Alemania, España y Polonia. Los resultados preliminares permiten hablar de un modelo de comunicación hermético y paternalista en el caso del llenado de los lagos de As Pontes y Cerceda. Falta información, la mayoría de las noticias se limitan a aspectos puramente lúdicos o turísticos y cuando por fin se informa de aspectos ambientales se hace en un tono muy técnico y excesivamente optimista, como si nadie tuviera que preocuparse de nada porque ya están ellos ahí para arreglarlo todo. Lo peor es que por un lado se está fomentando un tipo de ciudadanía pasiva y, por otro, se espera que esa misma ciudadanía tenga cultura emprendedora. Va a ser difícil una verdadera transición mientras no se corrijan este tipo de paradojas. En el mejor de los caso acabarán por beneficiar a los cuatro de siempre.

Acaban de concederte la beca Marie Curie. ¿En qué vas a centrar tu investigación nos próximos años?

Voy a estudiar el impacto de la minería a gran escala en Colombia y tratar de contribuir así a uno de los debates de mayor trascendencia en las ciencias sociales hoy, como es la paradoja de que países con muchos recursos naturales tengan menores niveles de desarrollo que otros con menos recursos. Se trata no sólo de analizar el impacto socioeconómico sino también el nivel de contaminación de las aguas, por lo que el estudio en sí requerirá de un enfoque multidisciplinar. Aunque haré trabajo de campo en Colombia, la mayor parte del tiempo lo pasaré en la universidad de Copenhague. Trataré de aprovechar la oportunidad para conocer de cerca el sistema económico de Dinamarca, un país que guardia ciertas similitudes históricas con Galicia pero que basó su progreso en la modernización del sector primario.

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