La doble vara con la que el PP gallego mide las coaliciones: un "caos" si son de izquierdas y "madurez" si son propias

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Una de las líneas fuerza del discurso de Feijóo en esta campaña electoral es la que contrapone estabilidad a caos. La estabilidad la representa el Partido Popular que él encabeza. El caos, la oposición tripartita. Todavía este jueves Pablo Casado, en su particular gira gallega paralela a la de su candidato, repetía el argumentario: “La alternativa a Feijóo es un bipartito 3.0, multiplicado por cinco, una Xunta con diez partidos”. Pero Casado habló en Ourense, acompañado del presidente de la Diputación, Manuel Baltar. Y ningún lugar simboliza más ajustadamente en Galicia las dos varas de medir del PP a respecto de pactos y coaliciones que Ourense.

Apenas unos días antes de las elecciones municipales de 2019, Alberto Núñez Feijóo declaraba a La Región, periódico local ourensano, que para la ciudad “sería letal tener a Jácome de alcalde”. Se refería a Gonzalo Pérez Jácome, entonces candidato de Democracia Ourensana y hoy alcalde gracias a una coalición con el PP de Núñez Feijóo. A cambio, el peculiar primer edil, admirador de Trump y antaño látigo de Baltar, apoyó a este para que no perdiese el mando de la Diputación. Esta es la clase de coalición que a Feijóo parece no importarle. De hecho, llegó a responsabilizar de la misma al Partido Socialista por no respaldar a Jesús Vázquez, ex conselleiro de Educación y aspirante popular a la alcadía.

Gracias a que Feijóo no se toma muy en serio su propia intransigencia respecto a los acuerdos entre fuerzas políticas, el PP mantuvo la presidencia del ente provincial ourensano, su principal bastión de poder tras la Xunta. Tampoco los pactos le preocupan cuando se producen dentro de su propio campo político, el de la derecha. “Es necesario situarse en la madurez y en la responsabilidad. El PP lo ha dicho, quiere gobernar con Ciudadanos y para ello si necesitamos el apoyo de Vox lo pediremos en la sesión de investidura”, dijo el año pasado, en el interregno entre las dos elecciones generales. Fue pocos meses después de calificar el tripartito andaluz de “homologable a culalquier gobierno europeo”.

Pero este fondo de armario de declaraciones no impide al PP gallego jugar esa baza. Los populares hacían público este jueves un vídeo dirigido a las redes sociales que insiste en la idea. En él se ve a un hombre que intentar quedar con sus amigos, vía mensajería instantánea, para una cena. No se ponen de acuerdo. Y llega a la conclusión, previa a imágenes de Feijóo en actos electorales, de que, si no son “capaces de organizar una cena” no se “quiere imaginar” qué pasaría si estuviesen “todos juntos en un gobierno”. “Tenemos experiencia de gestión y un programa para cumplir desde el día siguiente de las elecciones autonómicas”, proclamó Feijóo en un mitin en Sarria el miércoles. Al candidato le gusta hacer como que no lleva 11 años gobernando. Tal vez para no recordar que bajo sus mandatos desapareció el sistema financiero gallego, la sanidad pública sufrió duros recortes y la industria entró en fase descendente. A cambio, mantuvo más o menos estable el marco macroeconómico, siempre en atención a la ortodoxia neoliberal. Ese ejercicio de amnesia lo resumió Feijóo durante otro discurso electoral en una aldea de Cenlle (Ourense): "Llevábamos décadas abandonando el rural y a hora nos costará muchos años recuperarlo"

Los pactos de la oposición

El PP gallego llevó su discurso yo o el caos a los medios públicos de comunicación, sometidos a férreo control gubernamental. El único debate electoral, retransmitido por la Televisión de Galicia el pasado lunes, se realizó con siete participantes. Además de las cuatro formaciones con representación parlamentaria, el canal invitó a Ciudadanos y a Vox -sin escaños y, a decir de las encuestas, con pocas opciones de obtenerlos- y a Marea Galeguista, una coalición de partidos de centro en la que se integra una pequeña parte de la En Marea de 2016. Feijóo se dedicó a oponer su previsibilidad a la cacofonía. Dos días más tarde, instaba a la oposición a elegir un candidato conjunto para enfrentarse a él en un nuevo debate.

Pero a la oposición lo que ahora interesa es activar el porcentaje de electores que los sondeos señalan como indecisos, el 31,6% según el Centro de Investigaciones Sociológicas. “Hay que concentrar el voto progresista en el PsdeG”, clamó este jueves en Ourense Gonzalo Caballero, candidato socialista a la presidencia de la Xunta. Para apoyarlo se ha desplazado a Galicia buena parte del Gobierno central. Junto a él ya han mitineado Pedro Sánchez, la vicepresidenta Nadia Calviño, y los ministros Pedro Duque, Reyes Maroto y tarde Salvador Illa. También acudirán a la campaña gallega miembros de la otra pata de la coalición del ejecutivo español. El domingo 5 de julio estará en vigo el vicepresidente Pablo Iglesias y hacia la recta final, la ministra Yolanda Díaz.

El aspirante de Galicia en Común, Antón Gómez-Reino ha optado por la estrategia opuesta a la del PP defendiendo en todo momento la necesidad de entendimiento con socialistas y BNG para articular una alternativa al Partido Popular. PSdeG y nacionalistas gobiernan juntos en las diputaciones de A Coruña y Pontevedra y en numerosos ayuntamientos, entre ellos alguno tan emblemático como el de Pontevedra, donde es alcalde Miguel Anxo Fernández Lores (BNG). Ana Pontón, la candidata a la presidencia del Bloque, reticente a explicitar su estrategia de acuerdos con otras fuerzas, suele sin embargo repetir que para su organización es una prioridad impedir que la derecha obtenga más poder.

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Publicado el
2 de julio de 2020 - 23:30 h

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