Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
La portada de mañana
Acceder
El viaje de la prueba clave contra Zapatero: de EEUU a la Audiencia Nacional
¿Cuánto brilla tu pueblo de noche? El mapa de la contaminación lumínica
Opinión - La profecía de Thiel, por Enric González

La fallida estrategia de Von der Leyen y el PPE con la extrema derecha

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en un pleno del Parlamento Europeo en Estrasburgo (Francia)

Rodrigo Ponce de León

Corresponsal en Bruselas —
13 de junio de 2026 22:13 h

2

Este viernes 12 de junio ha entrado en vigor el Pacto Europeo sobre Migración y Asilo como ejemplo de la asunción de postulados ultras por parte de los partidos conservadores del PP Europeo. Casualmente, esta es la misma semana en la que se cumplen dos años de las últimas elecciones europeas. Entonces, los resultados volvieron a llevar a Ursula Von der Leyen a la presidencia de la Comisión Europea, pero ante el auge de la extrema derecha, la política conservadora alemana comenzó la legislatura flirteando con los ultras en la Eurocámara. Aunque finalmente, la coalición entre conservadores, socialdemócratas, liberales y verdes construyó la mayoría que sustenta la Comisión, Von der Leyen ha mantenido una estrategia de normalización de planteamientos ultras para dividir a las fuerzas de ultraderecha que ha devenido en un fracaso.

Javier Carbonell, Tabea Schaumann y Levente Kocsis, investigadores del European Policy Centre, han realizado un informe en el que revelan que “uno de los principales enfoques estratégicos del segundo mandato de Von der Leyen ha sido acercarse a ciertas partes de la extrema derecha, mientras continúa excluyendo a otras. Esto ha ocurrido especialmente en el caso de los miembros del grupo Conservadores y Reformistas Europeos (ECR), al tiempo que continúa rechazando a Patriotas por Europa (PfE) [al que pertenece Vox y AfD] y a Europa de las Naciones Soberanas (ESN)”.

La elección de ECR no es baladí. En este grupo parlamentario está la formación política de la primera ministra italiana, Georgia Meloni, Fratelli d'Italia, que aunque fue señalada por sus planteamientos parafascistas en sus inicios, cuando llegó al poder hizo un viaje hacia la moderación ante las necesidades de las responsabilidades de Gobierno, cuando Italia se encuentra en una situación económica bastante complicada que le obliga a ceder terreno en el terreno ideológico para conseguir apoyo de la Comisión.

Csaba Stefán, investigador de del Centre for European Policy Studies, explica que Meloni “tras llegar al poder se convirtió, en cierta medida, en una de las dirigentes favoritas de la presidenta de la Comisión Europea. Su política interna demuestra que sus convicciones de derecha radical no han desaparecido, pero también que las exigencias de gobernar la han obligado a adoptar un enfoque más pragmático, incluido en el ámbito de la Unión Europea”.

Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, y Giorgia Meloni, primera ministra italiana, en la reunión del Consejo Europeo el 21 de marzo de 2024 en Bruselas.

“Mayor capacidad de maniobra frente a los Socialistas”

Los investigadores del European Policy Centre explican que la motivación detrás de la estrategia de Von der Leyen “fue el reconocimiento de que los partidos del ECR ocupaban el poder en varios gobiernos importantes, como el de Italia, y que la cooperación con ellos daría al PPE una mayor capacidad de maniobra frente a los Socialistas y Demócratas”. La primera votación conjunta de conservadores y ultras fue simbólica, pero quedó como una clara advertencia: sacaron adelante una declaración que reconocía a Edmundo González como “presidente electo de Venezuela”, lo que provocó que las diferentes fuerzas de izquierdas denominaran desde entonces como 'coalición Venezuela' a la unión de conservadores y extrema derecha en la Eurocámara.

Desde entonces, los populares europeos se han apoyado en las formaciones de ultraderecha para rebajar las exigencias medioambientales a las empresas y contra la deforestación, que se aprobaron la legislatura pasada como parte de la transición verde, o la inmigración. Tanto el PPE como los ultras admitían que se abría una nueva etapa con la derechización de las políticas de la Unión Europea. El grupo ECR mandó un comunicado en el que resaltaba que “esta votación demuestra que es posible una nueva mayoría en Europa, una que prioriza la competitividad, la claridad legal y el espacio para la innovación”.

La cuestión es que los vínculos entre el PP Europeo con la ultraderecha no se han limitado al grupo parlamentario de la formación de Meloni. El pasado mes de marzo, justo cuando el Partido Popular Europeo trataba de celebrar su 50 aniversario, la agencia alemana DPA informaba de reuniones presenciales y un grupo de WhatsApp entre los populares y miembros de la formación de ultraderecha alemana, AfD, incluida en el grupo parlamentario PfE, para coordinar una propuesta legislativa que endureciera la política migratoria, como así ha sido finalmente con el Pacto de Emigración y Asilo.

Estas alianzas empezaron a provocar resquemores más fuertes entre los conservadores cuando el presidente de EEUU, Donald Trump, hizo pública su estrategia de seguridad, donde celebraba “con gran optimismo” la “creciente influencia de los partidos patrióticos europeos”, eufemismo para denominar a la extrema derecha. 

Como explican Jeremy Shapiro y Zsuzsanna Végh, analistas del European Council on Foreign Relations, “la convergencia entre el movimiento MAGA liderado por Trump y la extrema derecha europea significa que los europeos liberales se enfrentan ahora a una guerra en dos frentes. En el frente interno, la extrema derecha europea, envalentonada por la elección de Trump, se siente cada vez más fortalecida para impulsar la transformación del núcleo institucional de la Unión Europea. En el frente externo, Estados Unidos utiliza sus vínculos con partidos políticos europeos como una herramienta de presión en su guerra comercial y regulatoria contra la Unión Europea”. De hecho, Trump tiene entre sus objetivos acabar con las políticas europeas construidas a través de la agenda verde y con la regulación digital de la UE, que afecta especialmente a las grandes compañías tecnológicas estadounidenses. 

Sin embargo, los investigadores del European Council on Foreign Relations, también apuntan que “la nueva alianza transatlántica de extrema derecha no está exenta de desafíos. Trump es impopular en Europa, incluso en países donde la extrema derecha cuenta con una sólida base electoral. La guerra comercial impulsada por Trump, por ejemplo, afecta directamente a muchos de los sectores sociales y económicos que constituyen la base de apoyo de la extrema derecha en Europa”. Los líderes de la formación de extrema derecha francesa Rassemblement national, Marine Le Pen y Jordan Bardella, han marcado distancias con Trump por varias de sus actuaciones políticas.

Adaptación de la ultraderecha para remodelar la UE

Dejando de lado a Trump, la ultraderecha europea ha optado por cambiar de estrategia y optar por una posición práctica, menos radical, que le permita sacar adelante sus postulados apoyando a los conservadores europeos. El investigador de del Centre for European Policy Studies señala que “hay un cambio de la derecha radical, que ha pasado de rechazar la Unión Europea a tratar activamente de remodelarla junto con otros partidos de la misma tendencia, y que constituye una forma de adaptación política”. En este sentido, ya han comenzado las negociaciones con el PPE para tratar de flexibilizar los objetivos de emisiones y el veto a los coches de combustión en 2035.

Pero además, el problema para el PPE, especialmente para su presidente, el también alemán, Manfred Weber, al que acusan de gestar las negociaciones con los ultraderechistas en el Parlamento Europeo, es que el canciller alemán, Friedrich Merz, ha mandado varios avisos sobre las consecuencias en Alemania de darles alas a las formaciones de ultraderecha. Merz ha avisado públicamente al presidente del PPE: “Weber sabe que nos oponemos a esta colaboración”. Mientras, se hacían públicos unos sondeos de las próximas elecciones en dos Estados de la Alemania del Este (Sachsen-Anhalt y Mecklenburg-Vorpommern) en las que los ultraderechistas del AfD estaban por delante del partido Merz, Weber y Von der Leyen.

Entonces, ¿cuál ha sido la consecuencia electoral de la estrategia seguida por el PPE y por Von der Leyen? Los investigadores del European Policy Centre explican que “los resultados muestran que el PPE ha perdido parte de su apoyo, por lo que no ha logrado recuperar a los votantes que se habían desplazado hacia la extrema derecha. Además, los dos grupos excluidos de esta estrategia de normalización, PfE y ESN, son los que han registrado los mayores aumentos en su cuota de voto. Tampoco parece que la estrategia haya beneficiado de manera significativa al ECR, cuyo número proyectado de eurodiputados se ha mantenido relativamente estable. Más bien, parece que formar parte del establishment ha perjudicado al ECR más de lo que ha beneficiado al PPE, reforzando así la estrategia antisistema defendida por PfE y ESN”.

Etiquetas
stats