Darle la vuelta a la tortilla
En ello estoy empeñada. He de empezar por adquirir los ingredientes, pelarlos, partirlos, cocinarlos, aliñarlos, mezclarlos con los huevos, dejar que la mezcla de aceite, cebolla, patata, sal y huevos cuajen bien en la sartén y después darle la vuelta. Es lo más difícil. Tengo que disponer de una tapa o plato que no resbale, he de girar la muñeca con la fuerza precisa y he de estar segura de que los componentes estén bien ligados. Una vez que le he dado la vuelta, he de devolver la tortilla a la sartén para que termine de hacerse. Cuando esté a punto, será el momento de darle, otra vez, la vuelta y ya estará lista para comer. ¡Todo un manjar!.
Los ingredientes de mi tortilla los tengo que buscar. Han de ser personas activas, ilusionadas, utópicas, que se preocupen por el bienestar general.
¿A qué aspiro?: A Lo siguiente, a que un grupo de hombres y mujeres dediquen una parte de su tiempo libre a pensar. Pensar, cómo es el barrio, la ciudad o el pueblo donde viven. Pensar qué pequeñas cosas se necesitan para que sus vecinos, sus amigos, sus familias estén más a gusto con ellas mismas y con los demás. Quisiera que ese grupo de personas planificara cómo se pueden llevar a cabo sus ideas.
Por ejemplo, Logroño es una ciudad envejecida. ¿Qué necesitamos?¿Hacer del Ebro un río navegable en el que se realicen campeonatos mundiales y olimpiadas de regatas o facilitar a los mayores viviendas públicas, sin barreras arquitectónicas, con asistencia profesional para los dependientes y con autonomía y privacidad para que la familia pueda reunirse y estar, porque lo están, en su propia casa? ¿Cuáles son las prioridades de la población envejecida, de la ciudad en la que habito?A esa modalidad habitacional, les llaman «pisos tutelados» y los hay desde hace algunos años en Pamplona, Bilbao, Vitoria, Cuenca… La iniciativa es pública-
¿Qué requieren los jóvenes? Puntos de encuentro en los que puedan reunirse, conversar, debatir, jugar a bolos, billar, juegos de mesa… Con la cantidad de locales vacíos que hay en Logroño, y que están sucios y abandonados porque nadie los compra o alquila! Tanto al Ayuntamiento como a la Consejería correspondiente, no les resultaría difícil negociar con los propietarios para dar un uso público a esos espacios privados inutilizados.
¿Qué necesitan los niños? ¿Guarderías grandes con cien bebés o esas pequeñas guarderías que cuidan a cuatro o seis niños, están cerca de la casa familiar y próximas al colegio al que acudirán a partir de los tres años? Propongo que nuestros ediles de todos los grupos, hablen con los concejales de Pamplona y Vitoria, para que les expliquen el funcionamiento de lo que llaman «mamás de día».
¿Por qué en mi ciudad y en mi comunidad no existen estos servicios?
En la Universidad, en el edificio Quintiliano, hay carteles en los que estudiantes buscan piso para compartir y al revés, propietarios alquilan habitaciones a estudiantes. Conozco a hijos de amigos que han ido a otras universidades y han ocupado un pequeño estudio con habitación y baño privados, cocina y comedor comunes, pequeños frigoríficos en los que guardan productos básicos y un microondas en el que preparar el desayuno. En Logroño creo que lo más parecido a lo que acabo de describir son los apartamentos que los Salvatorianos tienen en el Paseo del Prior y que no cubren la demanda actual.
Y no será por falta de creatividad porque las navidades pasadas la iniciativa pública a instancias de la privada vistió a nuestro general Espartero de rey mago. O sea, que las ideas, en Logroño, son como las meigas: haberlas haylas.
Aquí todo lo hacemos a lo grande. Para un colegio, un edificio nuevo; para un polideportivo un gran espacio de nueva construcción, para una biblioteca un proyecto diseñado por el mejor arquitecto de Europa, o de Japón, que los de aquí nos parecen poca cosa, para alguna que otra actuación musical, alguna cata de vinos y poca cosa más, un Riojaforum que se nos prometió como sede de grandes congresos en los que se iban a dar cita los mejores científicos, lingüistas y pensadores de Europa y del mundo y que se ha quedado en «agua de borrajas».
Mientras tanto pasa el tiempo. La ciudad y la región languidecen, los niños crecen, los mayores mueren, el soterramiento no se termina, la autopista no se libera, los locales que fueron buenos comercios, por no pensar y no darle la vuelta a la tortilla, no se les saca rendimiento, ni público ni privado.
¿Cuántos jóvenes y no tan jóvenes estarían dispuestos a habitar en bajeras, reformadas y reconvertidas en apartamentos y viviendas dignas? ¿Cuántos logroñeses y logroñesas preferirían que las habitaciones de su casa, fuesen silenciosas y tranquilas con vistas a lo que algunos llaman «patio inglés», en vez de a la calle Chile, Vara del Rey o la Gran Vía. Piensen en la plaza interior que hay en el grupo de viviendas de la Esperanza, entre las calles República Argentina y Duques de Nájera y en otra más pequeña y muy bonita, que se encuentra en la calle Obispo Bustamante, junto al antiguo colegio universitario.
Todas estas iniciativas pueden impulsarlas los vecinos, lanzarlas en redes sociales, enviarlas por e-mail o correo tradicional, a las instituciones, a los partidos, a las asociaciones de vecinos, a las residencias de mayores y dentro de catorce o quince meses, cuando haya que votar, lo hagamos después de pensar y comprobar quién o quiénes miran por sus intereses particulares y quién o quiénes buscan el bien común y nos ayudan a darle la vuelta a la tortilla.
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