Un atisbo de esperanza
Empieza 2026 y hay un atisbo de esperanza. Se llama Zohran Mamdani y es el nuevo alcalde de Nueva York. ideológicamente, está en las antípodas del actual presidente de los Estados Unidos. Sólo por eso merece la pena darle un tiempo y seguir los primeros pasos de su andadura al frente de la ciudad que algunos consideran «el corazón del mundo».
Mamdani es joven, (34 años). Pertenece al ala socialista del Partido Demócrata. Es de origen hindú. Nació en Uganda y profesa la religión musulmana.
En su campaña electoral para alcanzar la alcaldía prometía a los votantes servicio de autobús gratuito en toda la ciudad. Congelación de alquileres. Una cadena de supermercados municipales centrada en los precios accesibles. Guarderías gratuitas para niños de entre seis meses y cinco años y... triplicar la construcción de viviendas con alquiler estabilizado y construidas por sindicatos.
Si Mamdani se pone «manos a la obra» y los hombres más poderosos de la tierra con grandes intereses en Nueva York, le dejan hacer parte de lo prometido comenzará una reforma sin precedentes en la ciudad más plural del planeta. Cuesta creer que pueda sacar adelante sus compromisos electorales. Es tan grande la involución realizada por el idiota, (recuérdese que etimológicamente esta palabra viene del griego y significaba alguien que vivía para sus intereses privados y se oponía a lo que beneficiaba al ciudadano), en tan solo un año, y tan grande el mal ocasionado que parece llevar siglos en la Casa Blanca.
Si 2025 nos deja un sabor amargo tendremos que atarnos a la esperanza para recorrer este nuevo 2026 lleno de incertidumbre. Inseguridad e incertidumbre vienen a ser lo mismo y se nos asegura que esas dudas no sientan bien al gran capital. El anterior mes de enero, (el de 2025), estuvo lleno de malos pronósticos para la economía mundial. El pasado mes de diciembre la bolsa española cerró con el mayor ascenso registrado en más de tres décadas. ¡Menos mal que iban a ir mal las cosas!..
Nos está tocando vivir un tiempo en el que «a marchas forzadas» estamos aprendiendo economía básica. Esa que no se enseña en las universidades, no es objeto de informes realizados por especialistas, ni se explica con palabras nuevas desconocidas para la mayoría. Esa economía primaria nos da de bruces con el hecho cierto de que la macroeconomía y el bolsillo de los ciudadanos van cada uno por su lado. No están sincronizados.
2026 ha empezado con una dura cuesta de enero. Los precios han subido en casi todos los sectores. Las grandes compañías de telefonía aumentan sus tarifas en torno a un cuatro por ciento. La vivienda enfila otro año de escalada. Las hipotecas sobre todo las de tipo fijo están ya por encima del dos y medio por ciento. Los alquileres siguen creciendo y las perspectivas para el precio de los alimentos no son nada buenas. También la energía será otra de las cargas de este mes de enero. (Las afirmaciones anteriores provienen de la lectura de periódicos como La Vanguardia, El País y Diario.es).
El atisbo de esperanza está en Mamdani.
A quienes tienen hijos pequeños les vendrían bien las guarderías gratis. A los que van a la compra y empujan el carro les convendría un freno en los precios de los productos básicos. Quienes viven en alquiler claman por los precios de escándalo y los que viven en grandes ciudades y dependen del transporte público estarían encantados si para ir y volver al trabajo no tuvieran que pagar.
Además, quienes depositan su dinero en fondos de inversión, son accionistas de una variada gama de empresas y disponen de propiedades y bienes de todo tipo, ni se van a enterar de si el autobús urbano baja o sube de precio. Lo propio es que no se desplacen por este medio. Tampoco les supone gran cosa el coste de las guarderías. Ellos seguirán llevando a sus hijos a otros centros educativos.
Y así, suma y sigue… Cada cual continuará a lo suyo: «el pobre a su pobreza; el rico a su riqueza y el señor cura a sus misas». No se trata de dejar sin nada a nadie. Se trata de que todos tengamos un techo y con él se mantengan los derechos inherentes a los seres humanos. Se trata de repartir. Somos muchos, estoy convencida, de que preferimos la humanidad antes que la miseria.
El pasado 23 de diciembre el filósofo Daniel Innerarity firmó una Tribuna en el diario El País que titulaba: “Pensar cansa, por eso el escándalo gobierna el debate público». Tal vez sea ese cansancio el que nos lleva a prestar más atención al ruido. Nos chirría el vocerío y chillamos. Gritamos para hacernos oír, pero no nos escuchamos. Estamos tan cansados de estar tan encerrados en nosotros mismos y de correr sin saber adónde vamos, que no podemos pensar. Nuestros oídos están tan acostumbrados al rebuzno que las palabras han dejado de tener sentido. Necesitamos un atisbo de esperanza, un Mamdani al que amarrarnos para recuperar nuestra capacidad de pensar y hacer posible que la tranquilidad gobierne el debate público.
Feliz Año Nuevo
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