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Perfil de un pirómano

Rioja2

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Menores de 47 años, analfabetos, sin antecedentes policiales y con problemas de salud; estas son las características principales que tienen en común los autores de los incendios forestales que golpean especialmente los bosques españoles durante los meses de verano.

La Fiscalía Especial de Medio Ambiente ha redactado el Informe sobre investigaciones científicas relativas al perfil psicosocial del incendiario forestal, publicado en la Memoria correspondiente al año 2009, en la que se pone de manifiesto estos rasgos de los responsables de los incendios forestales.

En el documento, elaborado por Sección de Análisis de la Conducta Delictiva (SACD) de la Unidad Técnica de Policía Judicial de la Guardia Civil y profesores de la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Madrid, también se especifica que suelen trabajar en actividades relacionadas con la construcción de las que se ausentan regularmente, por lo que su rendimiento suele ser regular o bajo.

Además, estas personas suelen vivir en el medio rural, aunque en localidades diferentes a las del incendio, y no conocen al propietario del terreno incendiado ni mantienen relación alguna con él. Durante su detención, se muestran asustados o nerviosos, declarándose responsables del fuego y del incendio.

Sin embargo, pese a estos rasgos comunes, no todos los autores de los incendios forestales responden a este perfil, ya que según asegura el fiscal coordinador de Medio Ambiente y Urbanismo, Antonio Vercher, “pirómanos hay pocos realmente”, pero que “sinvergüenzas, hay bastantes”.

Así, ha señalado a Europa Press que es “difícil de valorar” si realmente se produce un efecto llamada o de mimetismo entre los pirómanos cuando se producen fuegos intencionados y por tanto no “acaba de ver” la necesidad de establecer un protocolo de información.

En ese sentido, ha añadido que el efecto llamada se produce en este asunto, pero como “también” se puede observar en otros temas como la violencia de género, ya que hay “determinados modus operandi” que producen efecto llamada y, “en este caso, exactamente igual”. “A partir del momento en que empieza el tema, se produce el rebote, y ya tenemos la campaña abierta”, reconoce.

En todo caso, Vercher precisa que en todo caso ha subrayado que el tema “corresponde más a un sociólogo que a un jurista”. Además, ha insistido en que los pirómanos “son una minoría”, ya que se trata de un enfermo y que depende de su nivel de enfermedad, mientras que un “incendiario normal tiene 50.000 razones o ninguna”.

Diversidad de opiniones

En cuanto al denominado efecto llamada o mimetismo entre los pirómanos, los expertos en el tema tienen diferentes posturas al respecto. Existe una discrepancia sobre si las imágenes más impactantes de los incendios forestales o de las tareas de extinción del fuego pueden originar un efecto de “mimetismo”, “llamada” o “repetición” entre los pirómanos y otros enfermos mentales, y generar así una oleada de fuegos.

Así, el portavoz de la campaña de incendios de Ecologistas en Acción , Raúl Navarrete, ha señalado a Europa Press que este tipo de escenas “pueden despertar los deseos en los enfermos” de provocar incendios, generando un “efecto colateral contrario” a la lucha contra el fuego, por lo que opina que se podría elaborar un código de pautas a la hora de informar sobre incendios forestales y recomienda evitar o reproducir con precaución las imágenes “más llamativas o espectaculares”.

En todo caso, reconoce que dentro de las estadísticas del Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino, los incendios provocados por pirómanos “son los menores casos” y no es una de las causas más habituales aunque sí de las más llamativas. “Además de pirómanos también los hay en plenas facultades y que aún así queman”, ha subrayado.

Además, el responsable de la campaña de bosques de Greenpeace coincide en que “existe el efecto llamada” y recuerda que este fenómeno se produjo en la oleada de incendios en Galicia en 2006, aunque insiste en que no hay estudios que puedan demostrar el efecto repetición a mayor información. “Al efecto llamada conviene combatirlo, pero hay que contraponerlo con el derecho a la información y a la transparencia”, añade.

En este sentido, ha insistido en que en otros momentos de la historia y ante distintos problemas los medios de comunicación y el Estado se han puesto de acuerdo a la hora de informar, por lo que también opina que tener un protocolo de información en este asunto sería “interesante”.

Por su parte, el presidente de la Asociación de Usuarios de la Comunicación (AUC), Alejandro Perales, se ha mostrado a favor de dar una “amplia cobertura informativa” a los incendios en verano porque, aunque “un mensaje es recibido de forma distinta por diferente públicos”, para “la gran mayoría” este tipo de noticias son “positivas”, ya que “mostrar un incendio es una manera de concienciar”.

“Si tuviera que poner en una balanza las ventajas o los inconvenientes de informar sobre los incendios, creo que es más importante informar”

, ha subrayado Perales, quien ha señalado que los pirómanos que pueden verse incitados a generar un incendio al ver imágenes de fuego en un medio de comunicación son “una minoría”.

No obstante, la AUC se ha mostrado en contra, en caso de que los incendios adquieran magnitudes “dramáticas”, de mostrar imágenes “excesivamente crudas” que se “regodeen en los elementos más catastróficos” y que “fomenten el morbo” sin tener “interés informativo”.

En todo caso, al presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría, Jerónimo Sáiz, le llama la atención “la notoriedad que alcanza cualquier hecho delictivo o conducta anormal si el que la protagoniza es un enfermo mental” y a este respecto ha destacado que “en la mayoría de los casos, se hace por maldad, interés o para hacer daño”.

Además, Sáiz ha insistido en que la piromanía como enfermedad mental es “casi un hecho desconocido” que tratan los forenses en personas que han cometido delitos reiterados o que tienen esta conducta anómala, y que estadísticamente la posibilidad de que un enfermo que padece esquizofrenia provoque un incendio es “una probabilidad menor e incluso despreciable respecto a la de una persona no enferma”.

“El problema no está en los enfermos, está en los sanos

y si se produce el efecto llamada, no lo sé. Se ha descrito en la conducta suicida, o en las quemas de coches en las ciudades por la noche, pero no sé si en el tema de los incendios forestales se puede dar ese fenómeno“, añade Sáiz.

Por esta razón pide que las noticias que tengan por medio la actuación de un enfermo mental no se traten de modo que se contribuya a la creación de un estigma o prejuicio social que atribuye a la enfermedad mental peligrosidad, impredictibilidad, debilidad y otras características sociales negativas que quedan en el inconsciente colectivo y que se manifiestan en cuestiones “tan sensibles” para los enfermos como su acceso a un trabajo o a rehacer su vida.

Por su parte, el vicedecano del Colegio de Ingenieros Técnicos Forestales, Juan Martínez, cree que dejar de informar “no es solución para un pirómano” ya que éste es un enfermo y, en su opinión, la educación en el monte es “para los demás”.

“En estos casos es como si hablas de un asesino, al que no vas a cambiar. A un esquizofrénico le puedes poner hasta dibujos animados, que no creo que cambie y le puede dar por incendiar el monte, quemar un coche o matar a su madre”

, ha valorado, al tiempo que insiste en que “no se trata de una fijación” ni que estas personas se organicen sino que en un momento determinado “les da por ahí”.

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