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Se acabaron las fiestas, todos a cantar

La actuación mereció muchos aplausos

Luis de la Cruz

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Desde dentro del Conde Duque

El sol se presentó rotundo a la última jornada de las Fiestas Autogestionadas del Dos de Mayo. La gente apuraba los últimos momentos de la exposición Haciendo barrio, entraba y salía de los baños del Conde Duque para refrescarse y las cabezas portaban improvisados sombreros hechos con papel. La mancha formada por el numeroso público presente se alargaba para adaptarse a la sombra esquiva, en el enorme patio del Conde Duque.

Comenzó la actuación del Orfeón Malasaña. Sonaron las voces por nombres solemnes, y sonaron por canciones populares y festivas. Por Brahms y por calipso. En castellano, inglés y catalán. Tuvieron sus momentos de gloria el coro de hombres, el de niños, que viajaban de la primera fila del público a la formación de canto vestidos de blanco, la pequeña orquesta (violines, laúd, piano y hasta ukelele)...

El buen ambiente que reina en el coro de coros era evidente en las sonrisas de complicidad de cantantes y público, las palabras de las directoras -Malela y Carmen- se convirtieron en una celebración continua del espíritu de comunidad que reina en el proyecto, y en una explicación del recorrido que ha llevado al coro hasta aquí.

La actuación mereció muchos aplausos

La actuación acabó con el público participando de la segunda interpretación del inmortal Gracias a la vida, de Violeta Parra. Pese a que el papel con la letra, que se repartió, les reservaba un papel de estribillo, muchos se atrevieron a acompañar al grupo durante toda la canción. Y al final -de nuevo- aplausos y más aplausos. Saludos y reconocimientos mutuos.

En el recuerdo, las ediciones en las que el Coro actuaba en la plaza de San Ildefonso (del Grial, se dijo en algún momento), más en medio, más en la calle. La verdad es que en el Conde Duque todo el mundo cabe y todo el mundo puede ver -incluso con sillas para los mayores- bien la actuación. Desde aquí nos preguntamos ¿No sería posible un escenario que recogiera las ventajas de ambos lugares? Las amplias plazas del Dos de Mayo o de las Comendadoras podrían ser adecuadas.

Sobre las cinco de la tarde, al pasar por la calle Conde Duque aún se podía escuchar, saliendo del interior de un mesón, a un grupo de gente cantando alegre. Imaginamos que miembros del coro de sobremesa. Era la fiesta después del trabajo bien hecho de, como dijo una de las directoras antes de que interpretaran un bolero: “arrimar el hombro para alcanzar la belleza”.

El coro de niños también cantó con los demás
Desde dentro del Conde Duque
Atentos bajo un sol de justicia
Cantando como ángeles traviesos
Cruzando rápido
La actuación mereció muchos aplausos
Todas cantan
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