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El presidente de la Junta de Castilla y León, Juan Vicente Herrera, se convierte en uno de los barones díscolos con Rajoy

Herrera ha asegurado sentirse un "puntín cabreado" con el Gobierno de Rajoy, por los corsés que le imponen desde el Ministerio de Hacienda para elaborar los Presupuestos de Castilla y León. 

En la reunión que el presidente del PP tuvo en Toledo con sus líderes regionales, el castellano y leonés se ausentó, no salió en la foto, y alegó que "los futbolistas a veces no están en condiciones de jugar por alguna indisposición".

Después de que el Senado rechazara el denominado 'céntimo verde', por el voto en contra del PP y que se suponía iba a redundar en beneficio del carbón nacional, dijo sentirse "abandonado" por el Gobierno y que al Ministerio de Industria le faltaba "conocimiento, sentimiento, reflexión y alma".

El presupuesto de Castilla y León será de 9.843 millones en 2016, el 0,78% menos

Juan Vicente Herrera, presidente de la Junta de Castilla y León. EFE

El presidente de la Junta de Castilla y León y del PP en esta Comunidad Autónoma, Juan Vicente Herrera lleva meses jugando al barón díscolo. Con el ministro de Hacienda Montoro, con el de Industria José Manuel Soria. Incluso con el propio presidente del Gobierno y de su propio partido, Mariano Rajoy. Pero, ¿qué le ha llevado a plantearle, incluso, un órdago o un pulso?

En los últimos días, Herrera ha definido su estado de ánimo: "estoy un puntín cabreadado" con el Gobierno central. Y también estaba enojado con los senadores que representan a su región y que votaron en contra de los intereses de Castilla y León en el denominado 'céntimo verde'.

Y quizá por problemas de agenda, o coincidencia, pero el presidente del PP castellano y leonés se ausentó hace unos días de un encuentro de Mariano Rajoy en Toledo con los pesos pesados del partido. Al ser preguntando por esta ausencia dijo, en su tono entre enigmático y querer que le lean entre líneas: "los futbolistas a veces no están en condiciones de jugar por alguna indisposición" y también habló de una "pequeña incidencia de salud".

Con anterioridad, cuando presentó los Presupuestos de la Comunidad dijo estar un "puntín cabreado" con el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, y con el más ministros, por los cambios de criterio contable del Gobierno central, además de los que le ponen a Castilla y León en cuanto al déficit y la deuda, los principales obstáculos de la Junta para hacer sus presupuestos.

También dijo sentirse "abandonado" por el Gobierno de Rajoy en cuanto al denominado 'céntimo verde', que dicen en Madrid haría más competitivo el carbón nacional. Tras el rechazo del PP en el Senado a la proposición del PSOE de ponerlo en marcha, Juan Vicente Herrera dijo que Castilla y León se siente "maltratada" por el Ministerio de Industria, al que le falta "conocimiento, sentimiento, reflexión y alma".

Ya advirtió que si él fuera senador sabría que votar por "coherencia y dignidad política". Ningún senador de esta Comunidad Autónoma rompió la disciplina de voto del PP. Y Herrera contestó: "yo más alto no lo puedo decir, pero más veces y más claro no".

Herrera no quiso presentarse a las últimas elecciones autonómicas. Lo hizo para dar gusto a Rajoy. Y para evitar una guerra interna en el PP de esta Comunidad Autónoma. Meses antes de los comicios, incluso algún año, comenzaba a barruntarse una ligera borrasca interna, sobre todo en la zona Oeste de la región. Todo ello, auspiciado por su propio secretario general, Alfonso Fernández Mañueco -a quien María Dolores de Cospedal llamó "presidente", en una reunión de la Interparlamentaria del PP en Salamanca-.

Mañueco, el actual alcalde salmantino que ha perdido la mayoría absoluta y miles de votos, pensó que ser secretario general del PP en Castilla y León le daba puntos para sustituir al mismo Juan Vicente Herrera. Tan claro lo vio que comenzó a buscar adeptos. Y los encontró en Zamora -con Fernando Martínez Maíllo, ahora número tres de Rajoy- y en León -con la asesinada Isabel Carrasco-.

Pero poco a poco comenzó a darse cuenta de que aquel sueño se había convertido en una utopía y que se había quedado sin apoyos.

Ante ello, Herrera, aconsejado por su fiel guardián José Antonio de Santiago-Juárez, aceptó ser el candidato del PP. Ganó las elecciones, perdió votos y la mayoría absoluta -aunque solo por un procurador- y llegó a replantearse la opción de ser el presidente de Castilla y León. Pero aceptó, aunque ya no de buen grado, sin ese talante tranquilo y sumiso que en muchas ocasiones le ha caracterizado.

Y ya no asentía todo lo que se le planteaba desde Madrid. Ya plantea órdagos a su propio presidente. Ya se enfrenta a Cristóbal Montoro. Y a José Manuel Soria. Ahora bien, ¿dónde se parará? ¿Hasta cuándo estos enfrentamientos?

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