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La voz más influyente en las redes sociales italianas es un albañil en paro

En agosto generó casi un millón y medio de interacciones en Facebook. Su actividad online le permite ganar unos 600 euros al mes a través de Google AdSense

"Si escribiera un post a favor de Matteo Renzi obtendría como mucho un click, si escribo contra los inmigrantes voy mucho más allá. Somos barcos de vela, tratamos de comprender por donde va el viento"

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El ministro del Interior italiano y líder de la ultraderechista Liga, Matteo Salvini

El ministro del Interior italiano y líder de la ultraderechista Liga, Matteo Salvini EFE

No lo hace por razones políticas ni de militancia en partido alguno. Simplemente escribe para sacarse un dinero. No muchísimo. Unos 600 euros al mes como máximo. Pero las notas que publica en Facebook son seguidas, y apoyadas, por millones de italianos. Creando corrientes de opinión o alimentando las ya existentes, "la página de Francesco Gangemi, y las de otros espontáneos como él, aunque no tan seguidos, ha conquistado un espacio relevante en las conversaciones sobre política en Italia", escribe Il Corriere della Sera. "Se expanden porque son simples y brutales. Es imposible determinar cuánto orientan la opinión pública. Lo que es seguro, como le ocurrió a Donald Trump en 2016 cuando dobló el seguimiento en Facebook de Hillary Clinton, es que anticipan y amplifican las tendencias que luego emergen en las urnas".

Su página se llama 'sputtaniamotutti3.com' ("pongamos a parir a todos3"). Es la tercera de la serie. Tuvo que cerrar las dos anteriores porque el regulador de internet no le podía reconocer como gestor de contenidos. En agosto generó casi un millón y medio de interacciones. "Más que el primer ministro Giuseppe Conte, casi el triple que el fundador del Movimento 5 Stelle, Beppe Grillo. Y en sus dos encarnaciones anteriores 'sputtaniamo' alcanzó los diez millones de lectores con un solo post".

Sus textos son breves, de dos o tres párrafos como máximo y escritos con un léxico de estudiante de secundaria. Dos ejemplos. Uno, una declaración imaginaria del ministro del interior y líder de la Lega Matteo Salvini: "182 migrantes han conseguido desembarcar en Lampedusa. Si creen que me han jodido se equivocan de lleno. Volveré a mandar a esos criminales a sus casas. Palabra de honor". Dos, un comentario sobre las propuestas de disolución del Partito Democratico, el referente del centro-izquierda. Gangemi sugiere que se compre "un producto que se vende en los supermercados".

Él insiste en que no milita en nada. "A mí la política no me interesa", declara al Corriere. "La última vez voté en blanco y en mi pueblo los extranjeros no crean problemas, van a trabajar por la mañana temprano y están integrados. Hay una mezquita a pocos kilómetros del centro". "Es una acción de supervivencia", explica el periódico. "Un clic cuesta diez céntimos. Desde Facebook consigue desplazar a muchos lectores a la página que se ha construido con WordPress y allí acoge las tiras de publicidad que le manda AdSense, el servicio publicitario de Google. Un tercio de las ganancias son para él y dos tercios para el grupo de Mountain View". Obtiene unos 600 euros al mes. Que es un dinero en la deprimida región de Calabria, donde vive.

Pero si no le interesa la política, ¿por qué todos sus post tienen contenidos favorables al gobierno dominado por Salvini y sus temas preferidos? "Voy por ahí porque funciona" declara Gangemi. "Si escribiera un post a favor de Matteo Renzi obtendría como mucho un click, si escribo contra los inmigrantes voy mucho más allá. Somos barcos de vela, tratamos de comprender por donde va el viento".

"Lo malo es que alinearse con el viento contribuye a acelerarlo, al igual que comprar un título de la bolsa solo porque está subiendo contribuye a alimentar la burbuja especulativa" añade Il Corriere. Es una reflexión sensata. Pero que vale de poco. Como nunca ha valido para mucho oponerse a las corrientes políticas populistas únicamente argumentando que no están basadas en argumentos racionales y verdaderos.

El caso de Gangemi es el de un listo oportunista, un pícaro, una figura que, por cierto, aparece muchas veces en el cine y en la literatura italiana. Pero le sigue un montón de gente. Y seguramente influye en la opinión de buena parte de la misma. ¿Porque es un genio? No. Porque un porcentaje significativo de la ciudadanía italiana está tan cabreada que acepta de buen grado que le canten la oreja, que digan con algo más de gracia lo que ella misma diría en el bar. Simplemente para estar a tono. Lo malo es que ese ambiente, entre jocoso y ansioso, es una de las bases para que unos políticos muy peligrosos estén controlando cada vez más la situación.

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