Prueba del Volkswagen ID.5 GTX: la nueva deportividad será esto

Volkswagen ID.5 GTX.

Pedro Urteaga


A la espera de novedades aún más suculentas, la familia de vehículos eléctricos de Volkswagen, identificable por las siglas ID, tiene por el momento su punto culminante en el modelo ID.5 GTX, donde se condensan los caracteres principales de lo que podemos llamar una nueva deportividad. Distinta de la vigente hasta hace pocos años, ésta dejará frío a los más chapados a la antigua y tal vez enamore a los conductores presentes y futuros; es difícil saberlo, pero no se puede negar que tiene su punto.

Situemos lo que supone este coche dentro de la gama eléctrica de VW. Si el ID.5 viene a ser la variante cupé del ID.4, con un techo que comienza a caer antes y un pequeño alerón colocado sobre el portón del maletero, el GTX es a su vez la versión más potente del catálogo. Sus 299 caballos son el resultado del empuje de dos motores eléctricos a los que alimenta una batería de 77 kW útiles con la que pueden recorrerse, teóricamente, 490 kilómetros.

En buena parte del uso cotidiano, el coche utiliza solo el motor trasero, que por sí solo entrega 204 CV, mientras que en los modos de conducción Sport o Traction entran en juego los dos. Estas cifras de potencia ya sugieren cómo es la respuesta al acelerador, además de inmediata y lineal como en todo eléctrico, del ID.5 GTX, capaz de acelerar de 0 a 100 km/h en 6,3 segundos y que en el tráfico urbano resulta un vehículo fulgurante. Otra cosa son las sensaciones que tradicionalmente se asociaban a los modelos deportivos y que aquí es difícil experimentar.

Antes de explayarnos sobre esto conviene subrayar las consecuencias que el estilo de la carrocería tiene sobre la habitabilidad del ID.5. Las plazas delanteras pueden considerarse idénticas a las del ID.4, pero las traseras, por la caída del techo, pierden algo de altura y tienen peor acceso, aunque pueden acomodar con cierta holgura a pasajeros de hasta 1,80 metros de estatura. En contrapartida, el maletero es ligeramente más capaz (unos sobresalientes 549 litros) y la autonomía mejora algo gracias a una aerodinámica más favorable.

En una conducción real pero razonable, el GTX puede recorrer más de 400 km en ciudad y alrededores -incluso acercarse a 450-, en tanto que en carretera y autopista se mueve entre los 300 y 350, en función de la velocidad a la que se viaje. El consumo eléctrico medio ronda los 18 kWh/100 km, que no es mal registro para un vehículo que se acerca a los 2.300 kilos de peso.

Su batería admite hasta 135 kW en corriente continua merced a la versión 3.0 del software que controla este y otros aspectos, por ejemplo un sistema multimedia que, a pesar de las mejoras, sigue pareciéndonos lento de respuesta. En corriente alterna, la potencia máxima se mantiene en 11 kW.

Si hubiera que resumir en dos trazos la impresión que causa el habitáculo, las palabras elegidas serían amplitud y modernidad. La ausencia de obstáculos, como el túnel de transmisión, y la gran distancia para las piernas disponible en el asiento trasero son las claves de esa espaciosidad. En cuanto a la segunda característica, bastará quedarse con dos detalles.

Uno es la banda de luz (ID. Light) emplazada en la base del parabrisas que, además de decorar lo suyo, sirve para informar de peligros como la presencia de vehículos en el ángulo muerto o de una frenada brusca del que nos precede. También opera como apoyo a las informaciones del navegador, aconsejando al conductor, por ejemplo, que deje de acelerar a fin de circular a la velocidad adecuada en zonas donde esta se halla limitada.

El otro aspecto que llama la atención de todo el mundo es la secuencia de iluminación que recibe al usuario cuando se acerca al coche. El ID.5 GTX lleva además unos faros matriciales que parpadean, también a modo de bienvenida, y unos pilotos traseros con efecto tridimensional y que crean sus propias animaciones para recibir y despedirse del conductor. En el interior se disfruta de luz ambiental con 30 colores a elegir.

Rápido, que no deportivo

Ha quedado claro en párrafos anteriores que el miembro más reciente de la familia ID., en lo que Volkswagen considera la versión “más dinámica de la gama”, dispone de una potencia más que sobrada que, entre otras cosas, le permite moverse con sorprendente agilidad en un tráfico de continuas paradas y arrancadas, al igual que cuando se trata de adelantar o de incorporarse con velocidad a una autovía.

La tracción a las cuatro ruedas que le proporcionan sus dos motores eléctricos, uno por eje, contribuyen también lo suyo a un comportamiento equilibrado y preciso, completado en lo que hace a la comodidad por una suspensión confortable pero que contiene bien las oscilaciones de la carrocería.

Que el coche sea tan rápido y responda tan bien a las órdenes que se le transmiten tiene, desde luego, su punto de diversión al volante, que nunca está de más, pero ello no significa necesariamente que estemos conduciendo lo que tradicionalmente se tenía por un coche deportivo. No hay en el GTX atisbo de jugosas sensaciones como una zaga que ayuda a redondear una trayectoria o un motor -de gasolina- al que se debe llevar a la parte alta del cuentavueltas para exprimir su mejor jugo, pero tal vez estamos ante una nueva deportividad, como decíamos al principio, que sin duda encontrará también sus adeptos.

El ID.5 está a la venta desde 49.575 euros, antes de ayudas, en una variante de un solo motor eléctrico que rinde 174 CV y dispone de 514 km de autonomía WLTP. Por encima se sitúa una versión de 204 CV, también con un único motor, y 534 km de alcance que cuesta 51.170 euros, y en la cúspide está la GTX de 299 CV y 490 km de autonomía, que sale por 57.475. Las tres cuentan con el distintivo 0 emisiones, que hoy por hoy marca la diferencia en lo que a movilidad sin restricciones se refiere en las grandes ciudades.

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