Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.

La vuelta al cole de los niños con necesidades especiales: “Las aulas abiertas deberían ser una burbuja educativa ante la COVID pero nos cargamos la inclusión”

Los alumnos en Educación Especial aumentan un 18 % en la última década

Elisa M. Almagro

23 de agosto de 2020 17:02 h

0

Según el informe bienal del Consejo Escolar de la Región de Murcia, en la Comunidad autónoma hay más de 22.000 alumnos con necesidades educativas específicas. En apenas dos semanas, todos ellos volverán a las aulas.

“En principio la normativa contempla presencialidad para aulas abiertas. En infantil, aulas abiertas y centros de educación especial”, enumera M. G. orientadora y miembro de Docentes Unidos Murcia. Actualmente están trabajando en propuestas para llenar los huecos que dejó la Consejería de Educación en la vuelta al cole para personas con necesidades específicas 

A M. G. le preocupan especialmente las aulas abiertas, una medida a caballo entre el aula ordinaria y los centros de educación especial en las que el alumno pasa parte del horario lectivo en clase con otros compañeros con necesidades especiales y el tiempo restante en un aula ordinaria. “La normativa hace muy pocas alusiones a las aulas abiertas”, expone. “Las instrucciones que sacó la Consejería el 30 de julio establecen medidas que desde mi punto de vista son muy escasas”. 

De acuerdo con Educación, quien entre a un aula abierta debe hacerlo con una mascarilla FFP2, debe cambiarse los zapatos al entrar y ponerse otra ropa al salir, algo que la orientadora considera “insuficiente”: “¿Cómo vamos a garantizar que estos niños no estén expuestos simplemente cambiándote de ropa? Hay una circulación de gente en el aula abierta brutal”.

“El problema que veo es que la Consejería está alejada del aula. Es muy difícil contemplar todas las situaciones que tienen lugar en un centro educativo si no estás allí”, añade.

Para las aulas abiertas, en una clase de un mínimo de 30m2 la ratio oscila entre 3 a 5 niños si los alumnos son de infantil y de 4 a 6 alumnos si se trata de centros de enseñanza obligatoria o de transición a la edad adulta. “Hay muchas aulas abiertas donde esta ratio no se cumple, tienen 7 e incluso 8 alumnos. Hay que tener en cuenta que en la Región hay 116 aulas abiertas para atender a 900 personas”, explica M.G.

A los alumnos se suma la circulación de personal docente y no docente por el aula abierta, como el profesor de pedagogía terapeútica, el auxiliar técnico educativo, el profesor de audición y lenguaje o miembros de asociaciones que trabajan con atención a la diversidad sin ánimo de lucro. “Va a haber un trasiego del aula abierta que en mi opinión va a hacer que ni el aforo se respete”, insiste la orientadora. 

Miguel Gelabert, padre de un niño con necesidades educativas especiales y portavoz de la plataforma Padres por la inclusión, comparte la misma preocupación: “Cómo máximo habría 10 personas en esos 30m2. Tal vez para niños pequeños de Infantil podría ser asumible, pero en un aula abierta de secundaria, con alumnos de 18 años con otros 3 adultos, es como poner al máximo permitido de personas sentadas en la mesa de una terraza dentro de una habitación cerrada”, denuncia.

“El problema que tenemos es garantizar la burbuja de estos niños”, asegura, M.G, preocupada por el tiempo que los alumnos con necesidades específicas puedan pasar en las aulas ordinarias: “En mi opinión por cuestiones sanitarias el aula abierta debería ser una burbuja educativa. Que los niños de ese aula no tengan contacto con otros niños hace que sea un aula cerrada. Aunque nos cargamos la inclusión”, lamenta. 

M.G. reconoce que “tal y como están las cosas todo es muy complicado, pero lo que está claro es que quizá habría que haberse sentado mucho antes para valorar todos los posibles riesgos. Son niños que en muchos casos tienen patologías físicas asociadas, algunos de ellos tienen enfermedades raras, problemas cardíacos, respiratorios… Van a ir al centro sin mascarilla porque muchos de ellos no la toleran”. Gelabert denuncia que para estos niños “no se ha dicho nada” y que “no hay ninguna medida para que permanezcan seguros mientras están en el aula ordinaria”.

Olga Rodriguez, docente, madre de dos niños con necesidades especiales y también portavoz de Padres por la inclusión, se resiste a renunciar a la inclusión social por cuestiones sanitarias: “La inclusión debe asegurarse en cualquier escenario de la vida y más en el ámbito educativo”, subraya.

“No se estancan, retroceden”

Durante el confinamiento, Miguel y Olga tuvieron que ver como sus hijos perdían todo lo aprendido durante el curso. “Mi hijo durante la pandemia perdió todo lo conseguido en el aula abierta en los dos últimos años. Ha retrocedido. Y como él, muchísimos más alumnos. No se estancan, retroceden”, lamenta Gelabert.

“La enseñanza telemática es imposible que funcione con alumnado dependiente”, asegura Rodríguez. “Los padres no estamos preparados y no se han aportado suficientes recursos por parte de la Administración. Mi marido y yo trabajamos y, durante el confinamiento, no hemos podido hacer con los niños ni un 10 por ciento de las tareas que nos mandaban desde el cole pues requieren de atención directa, continua y permanente tanto para realizar las tareas escolares cómo para el resto de los momentos del día”, explica.

Una vez empiece el curso, Miguel Gelabert teme que no haya suficiente personal docente para cubrir las exigencias de los alumnos con necesidades especiales: “El personal que quiere incorporar la Consejería da a 1,2 por colegio. Es muy insuficiente. Y en esas 800 personas no está contemplado el personal no docente, como los auxiliares técnicos educativos”.

“Necesitamos aumentar la plantilla de pedagogía terapéutica o al menos tener un auxiliar más. Son niños muy dependientes con grandes discapacidades que van a ir sin mascarilla. Hay que estar pendiente de que no se toquen la cara. La forma de aprender en un aula abierta es muy manipulativa, aprenden haciendo. Debemos mantener unas medidas de desinfección. Pero esa plantilla debería ser exclusiva del aula abierta. Que el aula sea un espacio estanco”, apunta M.G.

“Lo que queremos es volver al aula'', insiste M.G., ”y más en el caso de los niños con necesidades educativas especiales. Necesitan volver al aula. Les estamos privando de todos sus apoyos, muchos niños el único apoyo que tienen es la escuela. Son niños que necesitan trabajar habilidades para la vida cotidiana. Ya no solo una enseñanza curricular, sino autonomía, desenvolverse en el medio, todo eso se trabaja en las aulas abiertas. Y esos niños están en casa con padres sobrepasados por la situación“, concluye.

Etiquetas
stats