Región de Murcia Opinión y blogs

Sobre este blog

La portada de mañana
Acceder
El juez impulsa la investigación a Gómez tras descartarse indicios
El PP escenifica una bronca con Vox en la campaña mientras blanquea a Meloni
Opinión - Valentía en tiempos de guerras. Por Rosa María Artal

El racismo, la xenofobia, el código de circulación y las cervecitas

Esto de la xenofobia es como aquel chiste del conductor y Dios, ¿recuerdan?: Un conductor va por la autovía a 300 km/h. Se estrella y se muere. Cuando se encuentra con Dios le dice: “¡Oh, Señor, me he muerto en la carretera y tú no has hecho nada para ayudarme, nada!”. Dios le contesta: “¿Cómo que no he hecho nada, qué te crees que es el Código de circulación?”.

Siguiendo con el chiste, xenófobo es aquel que cuando el Estado destina alguna medida para paliar las necesidades de los inmigrantes o refugiados, olvidándose de las prestaciones que tiene a su disposición cualquier ciudadano, exclama: “¡Oh, estado, no has hecho nada para ayudarme, nada! ¡Se lo das a los extranjeros!”.

Claro. Los españoles sooooolo tienen la Seguridad Social, las carreteras, el alcantarillado, la Educación pública, el sistema de pensiones, la dependencia, el sistema jurídico, los mejores médicos de Europa, la limpieza viaria, los subsidios, los etc etc etc.

El olvidado Código de circulación.

Gracias a nuestros impuestos los ciudadanos de Europa tenemos, tras largos años de luchas, todo un sistema valiosísimo dispuesto para mejorar nuestra vida, nuestras aptitudes, nuestras oportunidades. Pero el xenófobo o el racista mira las caritativas prestaciones para extranjeros y dice: “¡Pero es que a mí no me dan ná!”

Cuidado, no lo dice porque sea tonto. Lo dice porque desde las élites extractivas (empresarios ricos, aristócratas latifundistas, políticos neoliberales, vagos y esposas de ricos en general), le han trasladado ese mensaje con las siguientes intenciones:

Primero, que la opinión pública no pida hacer nada en materia social, pues suelen ser acciones políticas muy complejas (ayuda en muchos ámbitos que deben ser coordinados, medidas en política exterior, etc. exigen noches sin dormir, negociando en barrios en conflicto. Es más cómodo leer el Marca).

Segundo: crear desconfianza desde los pobres hacia lo que se ha dado en llamar Estado del bienestar. La creación de desconfianza es un magnífico comienzo para que la gente reclame poder irse a lo privao, y crear “oportunidades de negocio” para sus amiguetes.

Y dividirnos, claro.

Pero ustedes querrán saber por qué he metido en el título también a las cervecitas. Muy sencillo. El racista y el xenófobo también sostienen que lo conseguido con los impuestos de los ciudadanos tiene que ser para los ciudadanos. “América first!” Acaba de decir el facho de USA. Pues bien, cada vez que un inmigrante ilegal o legal se toma una cerveza, ¿qué creen ustedes que está haciendo?

Efectivigüonder: está pagando sus impuestos (IVA), exactamente igual que cualquier ciudadano. Cuando un inmigrante legal o ilegal, compra arroz, cúrcuma, aspirinas, yuca, apio, cerveza, sandalias, tela, lámparas, muebles, coches, juguetes o botellas de ginebra está pagando impuestos como cualquiera de nosotros.

Puede, por lo tanto, beneficiarse de los servicios que esos impuestos sufragan: médicos, escuelas, carreteras, sanidad, dependencia, comunicaciones, etc etc etc.

*Cristina Morano es escritora, diseñadora gráfica y miembro de la Coordinadora de CambiemosMurcia

Esto de la xenofobia es como aquel chiste del conductor y Dios, ¿recuerdan?: Un conductor va por la autovía a 300 km/h. Se estrella y se muere. Cuando se encuentra con Dios le dice: “¡Oh, Señor, me he muerto en la carretera y tú no has hecho nada para ayudarme, nada!”. Dios le contesta: “¿Cómo que no he hecho nada, qué te crees que es el Código de circulación?”.

Siguiendo con el chiste, xenófobo es aquel que cuando el Estado destina alguna medida para paliar las necesidades de los inmigrantes o refugiados, olvidándose de las prestaciones que tiene a su disposición cualquier ciudadano, exclama: “¡Oh, estado, no has hecho nada para ayudarme, nada! ¡Se lo das a los extranjeros!”.