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REGIÓN DE MURCIA

Vox y el género: una involución de la democracia

Son un peligroso club de sociópatas que pretenden imponer, por cualquier medio, la visión xenófoba y homofóbica que admiran y a la que sonríen

Al fascismo siempre le ha encantado etiquetar y uniformarlo todo, también la vida íntima de toda la ciudadanía

En la Región de Murcia, sin embargo, solo damos pasos hacia atrás porque a Ciudadanos le valió más pillar tres docenas de sillones con sueldo público que ponerse enfrente de los que odian y discriminan a diario

Francisco José Carrera, secretario de la Mesa de la Asamblea Regional de Vox / Asamblea Regional

Francisco José Carrera, secretario de la Mesa de la Asamblea Regional de Vox / Asamblea Regional

Vox acaba de descubrir que el género “fluye”. Así han decidido catalogar, con el único objetivo de ridiculizar, lo que la mayor parte de los organismos internacionales vienen diciendo desde hace décadas. Y no es otra cosa que el género, desligado de la sexualidad, es una construcción cultural que implica catalogar a las personas para que interpreten un rol determinado.

Al fascismo siempre le ha encantado etiquetar y uniformarlo todo, también la vida íntima de toda la ciudadanía. Y les revienta sobre manera, no saben ustedes hasta que punto, que haya personas que no acepten sus recomendaciones de vida y que vivan, exactamente eso, como les dé la gana.

Creyéndose más formados que las propias Naciones Unidas, el fascismo en España ha descubierto ahora las siglas LGTBIQ+ , no sabemos si porque por equivocación leyeron una de las cartas del Papa Francisco en las que pide respeto para la diversidad, o porque en una de sus marchas con la bandera del pollo frito tropezaron con una biblioteca y alguno decidió entrar para ver que era ese edificio tan raro.

Mientras ellos analizan desaforadamente quiénes son aptos para sus entidades de élite, la mayoría de este país y de las sociedades democráticas seguimos trabajando para crear espacios de inclusión que nos lleven a un mejor lugar para vivir. Ése y no otro es el objetivo de todos quiénes creemos en la libertad.

Seamos serios y sepamos de quién estamos hablando. No se trata de un grupo minoritario de diputados en la Asamblea Regional de Murcia o en el panorama político de España. Son un peligroso club de sociópatas que pretenden imponer, por cualquier medio, la visión xenófoba y homofóbica que admiran y a la que sonríen, la misma que de forma tan cruel ha causado incontables muertos a lo largo y ancho de la faz de la Tierra.

Hoy ya sabemos, gracias a innumerables estudios médicos respaldados por ONU, OCDE, OIT o la Unión Europea, que el problema de las sociedades modernas no era la homosexualidad, sino la homofobia y ya se han desarrollado tratamientos que conduzcan a su erradicación.

En la Región de Murcia, sin embargo, solo damos pasos hacia atrás porque a Ciudadanos le valió más pillar tres docenas de sillones con sueldo público que ponerse enfrente de los que odian y discriminan a diario. Hace poco hemos visto como le otorgaban la Comisión de Medio Ambiente a quien niega el cambio climático, pero no mucho antes vimos como se sacaba a patadas de la formación de las aulas que los chavales vieran con naturalidad que cada cual se pueda enamorar de quién quiera; para enamorarse hace falta ahora el pin parental. Que asco.

Los precios que está pagando Ciudadanos a costa de toda la sociedad de la Región de Murcia nos llevan a una involución de nuestra democracia, a situarnos peligrosamente en la senda de países como Polonia o Hungría, o como en el Madrid más oscuro de la época de Ana Botella con sus peras y manzanas. Empecinados en crear sociedades ridículas que tengan finalmente una tutela paternalista que apeste a naftalina, ese es el objetivo del club de Abascal.

Frente a eso y mientras quienes venían a regenerar la política y la vida pública han dimitido de sus obligaciones, otros sí hemos decidido ponernos a trabajar en las instituciones y en la calle y acompañar, como siempre hemos hecho, a las partes más débiles y maltratadas de la población. Y ninguno de esos rancios diputados podrá, con sus mofas y chistes malos, apartarnos del camino de construir lugares mejores para vivir.

Otros, que sigan buscando querubines o viendo porno barato, que les luce más.

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