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Este lugar fue testigo de uno de los peores crímenes del siglo XX (y no se hizo nada por evitarlo)

Observamos sobre el terreno las huellas de uno de los episodios que más vergüenza levanta en las conciencias de los estrategas y organismos internacionales de Occidente

En la base de Naciones Unidas en Potočari hay algo que te sacude hasta el último lunar del cuerpo

Quizás a ti también te pase al visitar museos de historia o arqueología. Cuando has visto un par de columnas, ya no asimilas lo que son. Siglos después de su construcción, ahí las tienes. Puede que el emperador Tito paseara entre ellas todos los días. O que Da Vinci le dijera a ese pintor aprendiz cómo tenía que aplicar las tonalidades. Pero a ti te parecen descontextualizadas. Las verás en fotos, seguramente, días después. La familia te preguntará qué es. Lo más probable es que ni te acuerdes.

Pues olvida todo esto que te acabo de contar. Porque en la base de Naciones Unidas en Potočari es justo lo contrario. Hay algo, un olor del pasado, que te sacude hasta el último lunar del cuerpo. Cuanto más miras a tu alrededor, más te encoge el peso de lo que allí sucedió. De lo que allí se dejó que sucediera.

Instalaciones del ejército holandés, el llamado ‘Dutchbat’

Las instalaciones del ejército holandés, el llamado ‘Dutchbat’, parecen una de las tantas fábricas abandonadas en la España del ladrillo. El musgo ha crecido a sus anchas donde, hace veinte años, los cascos azules bajo el mandato de la UNPROFOR cerraban la entrada a miles de refugiados bosnios.

El 11 de julio de 1995, el general de las tropas serbo-bosnias Ratko Mladić tomaba Srebrenica tras días de asedio. Y con ello dio lugar a uno de los episodios que más vergüenza levanta en las conciencias de los estrategas y organismos internacionales de Occidente.

Este pueblo del este de Bosnia conserva, como muchos otros pueblos y ciudades del país, las cicatrices de un conflicto del que no se sienten orgullosos, pero que tampoco quieren olvidar. Srebrenica, con sus casas a medio enladrillar, sus aceras a medio asfaltar y sus entrañas a medio curar, es a la vez un pueblo fantasma y una prueba de la malicia del ser humano.

En estas verjas que hoy no son más que óxido, los cascos azules negaban la entrada a los solicitantes de asilo

Según las publicaciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, la toma de Srebrenica por las tropas serbias llevaron a alrededor de 20.000 bosnios musulmanes –también llamados ‘bosniak’- a huir en busca de protección hacia las instalaciones holandesas de Naciones Unidas en Potočari, al norte de Srebrenica. En estas verjas que hoy no son más que óxido, los cascos azules negaban la entrada a los solicitantes de asilo y se los entregaban a las tropas serbias.

Sin ningún tipo de oposición por parte de los holandeses, que cedieron ante las amenazas de Mladić, más de trescientos hombres eran separados de las mujeres y los niños bajo el pretexto de trasladarlos a una ciudad-cobijo bajo control bosnio. Nada más lejos de la realidad. Durante las horas que siguieron, más de 8.000 hombres 'bosniak' fueron ejecutados en los bosques aledaños. Mientras, las tropas de UNPROFOR organizaban el abandono de la zona.

Otros 15.000 hombres 'bosniak' trataron de escapar a través del bosque hacia la zona de Tuzla, controlada por el gobierno bosnio y situada a unos 50 kilómetros. En su escapada eran alcanzados por fuego serbio, o asaltados y ejecutados masivamente. Sólo alrededor de 3.000 hombres sobrevivieron a la columna y llegaron a Tuzla tres días después. Con los estómagos y las almas muertas de hambre.

En la entrada de una de las naves del Dutchbat, la caseta de seguridad conserva pósteres, libros, una cama improvisada

En la entrada de una de las naves del Dutchbat, la caseta de seguridad conserva pósteres, libros, una cama improvisada. La fotografía de una normalidad descontextualizada. La evidencia de que la vida, cínica, inalterable, sigue su curso y nos sobrevive a todos.

Saltar la valla es oler la culpabilidad de lo que allí se permitió que sucediera. Ironías de la Historia, el acceso a este lugar, ahora forrado de humedad y pena, abandonado a su suerte, representaba la salvación para miles de personas.

En la nave caminas sobre el musgo, y tienes la sensación de que las paredes de aluminio están esperando a un soplo de viento algo más fuerte para poder, por fin, caer

En la nave caminas sobre el musgo, y tienes la sensación de que las paredes de aluminio están esperando a un soplo de viento algo más fuerte para poder, por fin, caer. Las gotas de lluvia mueren contra el techo, en un eco sinfónico de golpes metálicos.

Te tropiezas con papeles de UNPROFOR, recortes de periódico, alguna zapatilla, teléfonos… también con impactos de bala. Los que allí estaban se fueron tan rápidamente que dejaron tras de sí una estela de culpabilidad y urgencia. Como si el olvido se apiadase de los cobardes.

Una silla permanece erguida en medio de tanta destrucción

Una silla permanece erguida en medio de tanta destrucción. Para que te sientes, para que mires a tu alrededor y reflexiones. ¿Cómo se llegó a este punto? ¿Cuáles son las claves de la culpabilidad de Occidente? Son muchas, y muy complejas, pero se podrían resumir en las siguientes:

-Las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU no dejaban claro si los cascos azules podían hacer uso de las armas para proteger a la población de los ataques o únicamente como defensa propia. Esto supuso la inacción de las tropas holandesas comandadas por Karremans y el fracaso de la primera ‘zona segura’ declarada por Naciones Unidas.

-Ausencia de apoyo aéreo de la ONU. Tras constantes e infructíferas peticiones de apoyo aéreo a la ONU por parte del coronel Karremans, las fuerzas de la OTAN se limitaron al lanzamiento de dos bombas el día 11 de julio. Demasiado tarde. Bajo la amenaza de las tropas serbias de matar a los rehenes holandeses y bombardear a los refugiados, se descarta cualquier posibilidad de continuar con los ataques aéreos.

-Inacción consentida. Durante 1992 y 1993, las tropas bosniacas del ejército de Bosnia-Herzegovina –ARBiH- comandadas por Naser Orić, atacaron pueblos en los alrededores de Srebrenica que seguían bajo control serbio. La zona siempre fue un enclave disputado entre bosnios musulmanes y serbo-bosnios, por lo que tanto la comunidad internacional como el presidente bosnio Alija Izetbegović sabían lo que podría suceder si abandonaban Srebrenica a su suerte. Con el consentimiento de las potencias occidentales –Francia, Estados Unidos y Gran Bretaña-, y bajo la inactividad de Naciones Unidas, Srebrenica se convirtió en una ciudad mártir, una cabeza de turco, una condición para firmar la paz.

No, no cuesta imaginar lo que se vivió en Yugoslavia hace 20 años

Te levantas de la silla con la conciencia del tiempo cegada. 1995. Hace poco más de 20 años. Cuesta asimilar que algo así pudiese suceder, como quien dice, antes de ayer.

Conduzco durante siete horas hasta la frontera con Croacia. La misma que se cerró en septiembre para evitar la entrada de decenas de miles de refugiados. No, en realidad no cuesta nada. No, no cuesta imaginar lo que se vivió en Yugoslavia hace 20 años. No cuesta imaginar que mis padres lo viesen por la tele.

Lo que de verdad cuesta es asimilar lo que se vive hoy. Que después de 300, 200, 100, 20 años, las tragedias de la Humanidad sigan siendo las mismas y criando el mismo musgo.

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