Ir al médico en la zona rural navarra: mayor cercanía con el paciente pero menos recursos

Imagen de la salida tras una de las visitas domiciliarias.

El centro de salud de la localidad de Doneztebe-Santesteban, situada al norte de la comunidad foral, cubre a todos los pacientes de la comarca de Alto Bidasoa, que reúne a trece pueblos. En total, cuatro médicos y una pediatra, además de cinco enfermeros, para dar cobertura sanitaria a unas 6.000 personas. La plantilla de este centro sanitario la completan una trabajadora social, así como personal administrativo y de limpieza. elDiario.es acompaña durante un día a un medico de la zona, Manuel Pérez, y un enfermero, Mikel Pérez, para conocer más de cerca la medicina y enfermería rural.

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Cada médico tiene asignado un cupo de salud, que se dividen de la siguiente manera; el primer cupo, con un médico y una enfermera, atiende a los habitantes de Doneztebe y Elgorriaga; luego está la zona de Labaien, qué además, se encarga de Donamaria, Oiz, Saldias, Urroz y Labaien-Behintza; la tercera zona de salud es la de Sunbilla, que se encarga de Sunbilla y Bertiz Arana (Narbarte y Legasa); por ultimo, esta la zona de Ituren, encargada de atender a los pacientes de Ezcurra, Erasun Y Zubieta. “Siempre hay un medico en el centro de salud para poder atender cualquier urgencia”, recalca el médico.

En el centro de salud de Doneztebe trabajan en dos turnos: de mañana los cinco médicos de cada cupo y por la tarde los SUR (Servicio de Urgencias Rurales) donde trabajan tres médicos y tres enfermeras. Los medios de los que disponen son más escasos que en la ciudad, “tenemos un coche de urgencias para todos y una ambulancia para toda la zona”. Esto últimos supone un problema ya que “si se dan dos urgencias simultaneas hay que pedir ayuda a los bomberos”. El médico explica así como trabajan ante una urgencia: “Si la urgencia es grave llamamos al helicóptero y se lo lleva a Pamplona. Si no, quedamos a medio trayecto con una ambulancia de Pamplona para que ninguna zona de salud se quede sin médicos y entonces le damos el parte y trasladamos al paciente”.

Los desplazamientos los hacen en sus coches particulares, lo que supone un coste económico. “La cantidad que nos pagan por la gasolina es irrisoria”, apuntilla Pérez. A las 11:00 horas, médico y enfermero, cogen el coche y se dirigen a Behintza-Labaien, a 12 kilómetros de la zona básica de salud. Los paisajes y caseríos hacen “ameno” el trayecto mientras saludan a varios pacientes al pasar por ahí con el coche. Una de las cosas positivas de trabajar en una zona rural es la “esencia y naturalidad” de los pueblos, comenta el enfermero.

Antes de llegar a la casa del paciente, ambos coinciden en que la cercanía y confianza con el enfermo es mayor que en la ciudad. “Los que llevamos mucho tiempo en la misma zona (Manuel Pérez lleva 14 años en Doneztebe) conocemos al paciente y prácticamente a toda la familia, la relación es muy cercana”. Aunque admite que puede ser un “inconveniente” por el exceso de confianza. El enfermero añade que el trato es más personal por que “los tratas en su entorno”.

Tras aparcar el coche en el parking privado de la vivienda, tocan el timbre y entran en la casa, donde el paciente espera tumbado en la cama acompañado de su mujer. Tras un análisis, el medico nota la mejoría del paciente de avanzada edad: “Que buena cara tienes ya, la próxima vez a la consulta”, bromea. El paciente, con buen humor, le replica, “estoy para correr el mundial de atletismo”. El enfermero le toma la tensión y le realiza un pinchazo rutinario, y entre todos comentan el estado de salud, lo que puede hacer y lo que no: “Lo más importante es que este sin dolor, y para salir a la calle, 'txapela'”. El martes, nueva visita, “pero aún sin conducir”, le avisa el médico.

Tras la visita, se trasladan al consultorio local del pueblo donde el médico pasa consulta a los vecinos y el enfermero realiza curas. Nada más entrar, espera en la sala una vecina con muestras para la detección del cáncer de colon. Cada uno desde su consulta realiza su labor: el enfermero cura unos puntos a un joven en el antebrazo y quita unas grapas mientras el medico receta medicamentos a los más mayores del lugar. 

Camino a Urroz de Santesteban, menos de 10 minutos en coche, ambos revindican la falta de personal medico y enfermeros. “La falta de médicos es general, en Navarra, en Euskadi, o Andalucía”. Además de escasez de personal, “faltan médicos de todas las especialidades”, protesta Pérez. Ya en la casa de Urroz de Santesteban, el médico pregunta a la paciente como se encuentra mientras el enfermero le toma la tension. “No come ni un yogurt”, comenta la nuera. Tras hacerle un análisis, en la cocina de la casa charlan del diagnostico con la ayudante, quien nos ofrece una cerveza con limón entre bromas. “Estamos trabajando”, replica el enfermero. Tras recetarle diferentes medicamentos, se dirigen de vuelta al centro de salud de Doneztebe. Son las 14:00 horas.

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