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La patria y el diseño

“Vivir es ir doblando las banderas”, Luis García Montero

Pablo Casado posa con la bandera de España sobre el capó de un coche.

Pablo Casado posa con la bandera de España sobre el capó de un coche.

“La patria es un invento” decía Federico Luppi en la película Martín Hache. Y, en cierta manera, es así. El concepto de patria o nación es una construcción artificial bastante moderna que la humanidad ha inventado al dividir territorial o administrativamente el mapa.

La bandera es el símbolo iconográfico más visible de la patria. Bajo los colores de una bandera se agrupa el sentimiento de pertenencia a una comunidad. No obstante, la bandera también es un invento. Una invención gráfica nacida, en muchas ocasiones, de decisiones circunstanciales y fortuitas.

Por ejemplo, el origen de la bandera de España se debe a una razón muy pragmática. En 1785, Carlos III convocó un concurso de diseño para cambiar la bandera de color blanco (propia de los Borbones) por otra más vistosa en alta mar. Se seleccionó la roja y amarilla porque los colores eran fácilmente distinguibles por los barcos a bastante distancia. Su elección cromática no obedece a una narrativa épica sino a la teoría del color.

La composición de la bandera del País Vasco también es bastante casual. En el Café Iruña de la capital navarra se sentó Sabino Arana a diseñar la ikurriña en 1894. Se puso creativo y combinó los colores del antiguo escudo de Bizkaia con la estructura bicrucifera de la bandera del Reino Unido, conocida como “Union Jack”. ¿Por qué se inspiró en esta enseña? Por aquel entonces era la bandera de moda debido al intenso tráfico comercial de Altos Hornos con su principal destino, Inglaterra.

Años más tarde, con la formación del Estado de las Autonomías tras la promulgación de la Constitución Española en 1978, también hubo que crear rápidamente nuevas banderas para incluirlas en el pack estatutario junto al himno, el escudo y la fiesta oficial.

El origen de la bandera de La Rioja tiene un carácter bastante popular. Diversos colectivos riojanos sacaron a la calle un modelo de cuatro colores y la ondearon en los momentos de reivindicación pro-autonomista. Era la “Roblanvera”, acrónimo de sus franjas roja, blanca, verde y amarilla. Como curiosidad cabe señalar que, en un inicio, la primera franja de la bandera era de color morado (representando más fielmente al color del vino) y no rojo, como es actualmente, pero se cambió por falta de género de ese tono.

La Comunidad de Madrid también tuvo que crear su bandera a la carrera. De ello se encargó el diseñador gráfico José María Cruz Novillo. Planteó una bandera con siete estrellas pentagonales alineadas en dos hileras, cada cuerpo celeste representa a una de las estrellas de la Osa Mayor, que se puede observar desde la Sierra de Guadarrama. Se cuenta como anécdota que cuando se presentó en público algunas personas vieron peligrosas influencias maoístas en las estrellas de cinco puntas, no obstante, con el tiempo, la bandera fue aceptada con normalidad por toda la población madrileña.

Además de la bandera madrileña, José María Cruz Novillo es el autor de la mayor parte de la imagen corporativa de la España contemporánea: los logotipos de la Policía Nacional, PSOE, Correos, Renfe, Endesa, Repsol, Mapfre, Antena 3 e incluso los billetes de pesetas del Banco de España que se usaron durante la Transición tienen su sello. Cruz Novillo es el diseñador gráfico de nuestra cotidianidad.

De Cruz Novillo me he acordado estos días leyendo un pasaje del libro Lugares fuera de sitio del recomendable escritor Sergio del Molino: “Un país no es más que una cuestión de diseño. No es una lengua, ni un carácter, ni una organización social, ni una ley, ni una cultura. Ni siquiera es un territorio. Un país son sus buzones, sus papeleras, sus tipografías de carteles, sus señales de tráfico y su forma de pintar las calles”.

Me gusta ese patriotismo tan estético y herético que invoca Sergio del Molino. A fin de cuentas, el espacio público y las banderas son construcciones artificiales derivadas de anécdotas imprevisibles, invenciones creativas o decisiones fortuitas. Aunque el espacio publico tiene una ventaja: es algo dinámico, transformado continuamente por sus mismos habitantes.

La palabra “bandera” hunde sus raíces etimológicas en el término “bando”. En el espacio público no hay bandos, la calle es de todos y no es de nadie, es el escenario común donde nos encontramos como ciudadanos. Sin embargo, mientras este patriotismo callejero no sea hegemónico tendremos que seguir conviviendo con las diferentes banderas, pero no nos las tomemos demasiado en serio, probablemente sus formas y colores se deban al capricho de algún diseñador.

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