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La perversa estrategia de Urkullu con Fagor Electrodomésticos

Fagor Electrodomésticos es, lamentablemente, un pez sin oxígeno. Una nave que se va al fondo entre bocanadas que buscan la última gota de aire para respirar e intentar sobrevivir. Ya no tiene fuerzas ni para salir a la superficie. Está así por una confluencia de situaciones y decisiones erróneas. La principal, de la que nadie está exento, ha sido no prever la crisis y comprar la firma francesa Brandt recurriendo a una deuda que, por no poder pagar, se ha hecho tan grande que ya es inasumible. La segunda decisión errónea de la empresa ha sido no reconocer a tiempo y sin tapujos la situación y buscar soluciones cuando todavía era posible. Queda claro, por lo tanto, que la matriz de las cooperativas vascas enfermó gravemente víctima de las circunstancias económicas y ha llegado a una situación de difícil solución por sus propios errores.

Pero ese pez que busca el aire recibe un impulso hacia el fondo cada vez que el Gobierno vasco, especialmente la consejera de ¿Competitividad?, Arantza Tapia, realiza una declaración. El Ejecutivo de Urkullu no está trabajando para salvar en la medida de lo posible a la empresa, especialmente a sus trabajadores, sino para tapar su nefasta gestión. No hacen país sino política de partido.

Tal y como contamos en eldiarionorte.es, el Gabinete de Iñigo Urkullu entregó en diciembre a la firma vasca la ingente cantidad de 40 millones de euros. Lo hizo solo unos días después de tomar posesión del cargo de lehendakari y sin exigir a la cooperativa un plan de viabilidad "serio". Ni siquiera el dinero que entregó a Fagor Electrodomésticos era el adecuado, ya que los 40 millones fueron restados de Ekarpen, una sociedad destinada a gestionar fondos a inversión e investigación y no a salvar empresas. Lo hizo con nocturnidad y sabedor de que el dinero no se iba a destinar al fin para el que estaba consignado. Lo hizo sin los informes mínimamente exigibles. Y lo hizo mal como, tristemente, demuestra la situacion en la que está fagor Eloctrodomésticos. Es tan obvio como que un Gobierno no puede destinar 40 millones en solo unos días. Un Gobierno serio necesita más tiempo para comprobar la legitimidad de la ayuda y realizar los informes pertinentes. Dicho de otra forma, los 40 millones que recibió Fagor Electrodomésticos fueron fruto de una decisión política sin el aval técnico exigible. Lo que se pretendió hacer fue evitar una quiebra, objetivo loable, pero hacerlo por un atajo inadmisible cuando se trata de dinero público. El fruto de aquella decisión es que el Gobierno ha perdido 40 millones por una decisión mal tomada. Ustedes y yo tenemos 40 millones menos para destinarlos a inversión e investigación. La excusa dada es peregrina. La situación era muy grave y había que tomar decisiones rápido. “Tuvimos que trabajar hasta en las fechas navideñas”, dijo el lehendakari sin un atisbo de enrojecer sus mejillas. El lehendakari, tan fanático de sus días de asueto como se comprobó cuando faltó a la inauguración de la planta de Petronor (otro ‘favor’ a la marca industrial de Euskadi de este Gobierno), tuvo que trabajar el mismo día que el Olentzero. Tuvo que meter lo que él considera 'horas extras' solo diez días después de llegar al cargo. Tuvo que ser lehendakari 24 horas y siete días. Por favor, de verdad, un poco de recato.

El Ejecutivo de Urkullu no está trabajando para salvar en la medida de lo posible a la empresa, especialmente a sus trabajadores, sino para tapar su nefasta gestión. No hacen país sino política de partido.


Aquel grave error de gestión, que se suma a la habilidad que muestra últimamente el PNV con su ‘visión empresarial’ y que vamos viendo en Epsilon y otros casos, se intenta tapar ahora con dos argumentos inaceptables. Por un lado, se acusa a quien lo destapa de querer hacer política con la grave situación de la empresa. Como si fuera malo. Política fue la decisión de Urkullu y Tapia de lanzar ese dinero a cara o cruz, conscientes además de que era muy probable que saliese cruz. Políticos tienen que ser sus arrestos para aguantar ahora la responsabilidad de sus hechos. Por otro lado, intentan por todos los medios, con la brunete de Sabin Etxea echando humo, que la total responsabilidad recaiga sobre Fagor Electrodomésticos y el Grupo Mondragón. Ahora, no en diciembre cuando ‘soltaron’ los 40 millones, ahora exigen un plan de viabilidad. Ahora, cuando ven que actuaron rematadamente mal y dieron dinero sin el estudio pertinente, dicen que Fagor Electrodomésticos es la única responsable. Ahora, que es tarde, quieren correr. Su estrategia es mezquina. Sus declaraciones son peligrosas y dañan el nombre de Euskadi y la fuerza de sus marcas. Un Gobierno responsable apuesta por sus empresas y sus marcas, vigila el destino de sus inversiones y protege sus puestos de empleo con las herramientas que la ley permite. Un Gobierno cobarde, en cambio, esconde la cabeza y señala hacia otro lado.

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