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El feminismo y la Agenda 2030: España tiene cuentas pendientes con el futuro

Marcha del 15M verde en la Puerta del Sol en Madrid / Olmo Calvo.

El Gobierno de Mariano Rajoy aprobó en 2015, junto a otros 192 países, la Agenda 2030. Después se apresuró a guardarla en un cajón, donde estuvo durmiendo el sueño de los justos hasta que el Alto Comisionado para la Agenda 2030 la rescató y comenzó a colocarla en el lugar que le corresponde, la primera línea de la política española. Apenas unos meses antes el movimiento feminista tumbaba la carrera política de Alberto Ruiz-Gallardón, tras tres años de dura tramitación de la reforma de la ley del aborto. Lo que no pudieron durante tanto tiempo los escándalos por corrupción, lo pudieron en aquel momento las mujeres. Premonitorio.

A pesar de haber transcurrido apenas cinco años, pareciera que hablamos de otro siglo. Hoy, por primera vez, la Agenda 2030 ha adquirido rango de vicepresidencia y podemos afirmar sin temor a equivocarnos que se ha hecho más para hacerla realidad en el primer mes del Gobierno de coalición que en todos los años de Gobierno del Partido Popular. Este mismo martes, el Consejo de Ministros daba luz verde a la ley del "solo sí es sí", impulsada por el Ministerio de Igualdad. Una ley que el movimiento feminista se ha ganado peleando en las calles y que hace apenas unos meses era simplemente inimaginable en los términos en los que ha salido adelante.

Son buenos tiempos para la igualdad y para el cumplimiento de la Agenda 2030 porque este Gobierno ha trabajado, desde el primer momento, para poner en marcha políticas que sitúen en el centro la vida de la gente, como la subida del salario mínimo a 950 euros, la actualización de las pensiones o la declaración de emergencia climática; y por frenar de golpe las contrarreformas impulsadas por las derechas que no solo no nos acercaban al cumplimiento de la Agenda 2030, sino que nos alejaban del mismo. Empieza un tiempo nuevo en el que reconocemos abiertamente la verdad, que en esta década perdida los movimientos y colectivos sociales, y muy especialmente el movimiento feminista, han hecho más para cumplir con los objetivos de desarrollo sostenible que las administraciones públicas.

Desde el nuevo Gobierno tenemos ahora la obligación y la responsabilidad de ponernos a la altura de las mujeres y de la ciudadanía de nuestro país impulsando políticas públicas modernas y ambiciosas que pisen el acelerador. A nadie se le escapa que hemos perdido mucho tiempo y que la gestión ineficiente del PP nos ha dejado a la cola de Europa en muchos ámbitos. Por eso es el momento de trabajar todas juntas y poner todos los medios para que la Agenda 2030 sea una realidad en nuestro país. En este sentido, las políticas públicas por la igualdad de género deben ser una prioridad absoluta y contar con un ministerio feminista va a ayudarnos sobremanera a cumplir con el Objetivo de Desarrollo Sostenible número 5, el de la igualdad de género, y con todos y cada uno de los demás objetivos. Porque no hay trabajo decente si no hay igualdad retributiva entre hombres y mujeres, no hay educación de calidad si no se pone coto a la segregación escolar por sexo y no hay salud y bienestar si no hay acceso a servicios públicos de salud sexual y reproductiva o se prohíben las esterilizaciones forzosas.

Medidas como estas representan lo que significa luchar por la igualdad de género en la España del siglo XXI. Significa defender políticas que redistribuyan la riqueza y eleven el suelo que pisan millones de mujeres en nuestro país, que ven como sus escaleras tienen muchos más escalones que las de los demás. España tiene una cuenta pendiente con todas esas mujeres, en su mayoría racializadas, que trabajan en nuestros hogares y todavía no están incorporadas al régimen general de la seguridad social, con todas las mujeres que se cogen preferentemente los permisos y reducciones de jornadas para cuidar de niños/as y mayores, con todas las que no pueden abandonar una situación de violencia por motivos económicos.

Avanzar en políticas feministas nos va a permitir alcanzar más rápido el resto de objetivos de desarrollo sostenible. Porque un país verdaderamente feminista es un país económicamente más justo y medioambientalmente más sostenible. Con feminismo, ganamos las mujeres y ganamos todos. Con feminismo en 2030 podremos decir que cumplimos.

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