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Nunca fue una ley de familias

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso.

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Si Margaret Atwood quisiera escribir otra secuela de El cuento de la criada, le bastaría con darse una vuelta por la Puerta del Sol.

Aquí llevamos años oyendo hablar de libertad. Libertad para elegir colegio o médico privado. Libertad para elegir una caña… si puedes pagarla, claro.

Pero cuando la libertad consiste en que una mujer pueda decidir sobre su propio cuerpo y su maternidad, la libertad deja de estar de moda.

Núñez Feijóo ya ha anunciado que quiere extender a toda España la ley del concebido no nacido de Díaz Ayuso.

Y con ese anuncio quedó claro que esto no iba solo de Madrid.

Cuando Ayuso presentó la ley dijo que era para apoyar a las familias. Sonaba bien. ¿Quién va a estar en contra de ayudar a las familias?

El problema empieza cuando te la lees.

Las familias son la excusa. El objetivo es otro.

La ley intentó disimularlo. Miguel Ángel Rodríguez no.

“Según termina de fecundar, antes de ducharse, lo que tiene la mujer en su vientre es una persona con derechos.”

Hasta entonces hablaban de familias. Miguel Ángel Rodríguez habló del aborto. Y ahí se quitaron la careta.

Aquel tuit confirmó lo que llevábamos meses denunciando y que no se habían atrevido a escribir en su norma: no era para apoyar a las familias. Era para cuestionar el derecho a la interrupción voluntaria del embarazo.

Pero aquel tuit revelaba algo más: el desprecio hacia las mujeres. Como si, desde la fecundación, dejaran de importar. Como si fueran una incubadora.

En cualquier otro gobierno, unas palabras así habrían supuesto un cese. En el de Ayuso no pasó nada. ¿Por qué iba a pasar? Miguel Ángel Rodríguez no se salió del guion de su jefa. Lo estaba recitando.

Y si esta era una ley para ayudar a las familias, hay una pregunta que sigue sin respuesta.

¿Dónde están?

La prometida Ley de Familias sigue sin aparecer. Debe de estar cogiendo polvo en algún cajón de la Puerta del Sol. Probablemente al lado de la Ley de Igualdad.

Madrid sigue siendo la única comunidad sin una Ley de Igualdad. Y eso tiene consecuencias. Tenemos la mayor brecha salarial entre mujeres y hombres de España. Y somos la región donde más mujeres dejan su empleo para cuidar.

Las madres que crían solas son el rostro de la pobreza en Madrid. En esta ley no existen.

En Madrid hay cerca de 155.000 niños y niñas viviendo en pobreza severa.

Ciento cincuenta y cinco mil. Esa sí debería ser la obsesión de un gobierno que dice defender la vida.

Pero, una vez nacen, dejan de importarles.

Las familias hacen malabares todo el año. Para cuidar. Para llegar a fin de mes. Cuando termina el colegio, todavía más.

Y, casi siempre, somos nosotras.

Les dicen a las mujeres que tengan hijos. Después, que se apañen.

Ayuso usa la maternidad para su batalla ideológica.

Frente a esto, el Gobierno de España aprueba medidas que cambian la vida de las mujeres y de las familias: permisos de maternidad y paternidad, la subida del salario mínimo, que beneficia especialmente a las mujeres, y escuelas infantiles públicas.

Con esa misma idea el PSOE hemos presentado en Madrid una Ley de Corresponsabilidad y Cuidados: que ninguna madre tenga que elegir entre cuidar a su hijo o conservar su empleo. Y que el futuro de un niño o una niña no dependa del bolsillo de su familia.

Feijóo ha dicho que quiere llevar el modelo de Ayuso a toda España.

Ya les hemos visto la patita: las familias son la excusa. El objetivo es otro.

Por eso, recurriremos esta ley retrógrada donde haga falta para pararla.

Pero la decisión más importante la tomarán las mujeres con su voto.

Ellas decidirán qué Madrid quieren. Y también qué España.

Porque ningún derecho está garantizado para siempre.

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