Los nuevos liderazgos vienen de las mujeres migrantes

Manifestación feminista del movimiento estudiantil en la Puerta del Sol de Madrid

Todavía hoy son incalculables los efectos que dejará consigo la pandemia. A las consecuencias sociales, económicas y sanitarias, se suma un impacto psicológico de gran calado. Entre los grupos más desprotegidos se encuentran, sin duda, las mujeres migrantes y racializadas, muchas de las cuales han visto considerablemente afectados sus ingresos o han perdido sus empleos, sin tener acceso a prestaciones para cubrir sus necesidades básicas. Sin embargo, lejos de paralizarse por el miedo o victimizarse por las opresiones estructurales que les afectan, han sabido buscar estrategias colectivas para cuidarse y subsistir de forma resiliente y solidaria. En definitiva, han mostrado una enorme fuerza creativa y un gran poder de liderazgo. Se trata de grupos de mujeres que se auto-organizan para defender sus derechos en cuestiones como la precariedad que viven las trabajadoras del hogar y los cuidados, los derechos del colectivo LGTBIQ+, la derogación de la Ley de Extranjería, la denuncia del racismo, la eliminación de la violencia machista o el feminismo decolonial.

Hemos trabajado con estos grupos de mujeres migrantes y racializadas para buscar la forma de fortalecer sus capacidades y potenciar el alcance de sus articulaciones y redes. Por medio de un proceso participativo, estos colectivos han definido como ejes prioritarios a trabajar: el acceso a recursos, el autocuidado y los cuidados colectivos, y los liderazgos. Así, en plural. Porque el objetivo consiste en reflexionar, desde nuestras diversas experiencias, sobre cómo debe ser la gestión del poder colectivo y de los liderazgos que queremos desarrollar, contribuyendo a deconstruir ideas hegemónicas sobre liderazgo y poder. Como responsable de Programas en Calala Fondo de Mujeres y como mujer migrante, he podido acompañar a grupos en este proceso y llevarme algunos aprendizajes a compartir. 

¿Qué hemos aprendido? 

Para hablar de liderazgos desde la perspectiva de mujeres migrantes, lo primero que debemos hacer es confrontar la concepción jerárquica, individualista y patriarcal con la que muchas hemos sido socializadas. Aun cuando nos sintamos ya lejos de ella y hayamos integrado maneras más actuales de entender el liderazgo, guiadas por el empoderamiento, la motivación o la responsabilidad, veremos que éstas siguen teniendo aproximaciones individualistas y eurocéntricas. Nos toca, pues, re-pensar y re-definir los liderazgos desde nuestra propia historia, conocimientos y experiencias como mujeres del Sur global: desde nuestros saberes situados. 

Queremos construir liderazgos horizontales, inclusivos, diversos y sinérgicos. Liderazgos colectivos que identifiquen y busquen resolver necesidades individuales y grupales, desde una perspectiva feminista y comunitaria. La construcción de estos requiere consenso sobre unos principios y valores de la ética feminista, como son la empatía, el antirracismo, la sororidad y la diversidad. Es fundamental también adoptar una mirada decolonial, a través de la cual se reconoce y valora la multiplicidad de saberes y capacidades de cada cual, en vez de asumir, por ejemplo, que la que más formación tiene, más idiomas conoce, o más ha viajado, es la que mejor podría desempeñar un papel de representación en ciertos espacios.

La construcción de estos liderazgos no es ajena a los conflictos, pues es un reto y, como tal, un proceso de aprendizaje continuo. Pero estamos aprendiendo el valor de la disensión y la importancia de gestionarla de una forma empática, asertiva y honesta, como parte del proceso de crecimiento colectivo para fortalecer estrategias y el sentido de pertenencia a organizaciones, redes y movimientos. 

En los últimos tiempos, a pesar, o incluso a causa, del aumento de la precariedad debida a la pandemia, las mujeres migrantes y racializadas en nuestro país han estado muy activas. Han creado cajas de resistencia para ayudar a mujeres en situación de vulnerabilidad para cubrir sus necesidades básicas; han acompañado a mujeres supervivientes de violencia machista; y se han coordinado para movilizarse públicamente y hacer incidencia política para exigir una solución a la extrema situación que viven. Ante este contexto de crisis, es más importante que nunca que este movimiento de mujeres sea fuerte y que sus voces sean escuchadas. Sus experiencias y saberes nos dan claves valiosas para la construcción de liderazgos colectivos, antirracistas, empáticos y diversos. Tal vez los únicos que puedan salvarnos de las consecuencias de esta pandemia.

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Publicado el
5 de junio de 2021 - 22:23 h

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