Tribuna Abierta

Reformar el trabajo para fortalecer la democracia

Yolanda Díaz en la tribuna del Congreso durante el debate de la reforma laboral.

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El pasado jueves 3 de febrero se votó la convalidación del Real Decreto-ley 32/2021, de 28 de diciembre de medidas urgentes para la reforma laboral, la garantía de la estabilidad en el empleo y la transformación del mercado de trabajo. Sin miedo a equivocarse puede afirmarse que incorporamos de manera definitiva a nuestro ordenamiento jurídico la norma más importante de la legislatura. Como expresé en la exposición de la ley, reformar el trabajo para darle la centralidad social y política que tiene es defender la democracia. 

Lo sabemos bien todas las personas que desde hace diez años trabajamos incansablemente y nos movilizamos para dejar atrás la pesadilla social que supuso la contrarreforma laboral del Partido Popular de 2012. Lo fue no solo por ser impuesta unilateralmente sin un ápice de diálogo social, sino por consolidar el modelo de la precariedad en las relaciones laborales de nuestro país. Hoy las personas trabajadoras –especialmente, las más precarias– disfrutamos de más derechos y, por ello, se abre un tiempo más feliz.

No puede obviarse la singular manera en la cual se produjo la votación de la norma, que muchas personas hemos vivido con un inmenso estupor democrático. Resulta descorazonador ver al principal partido de la oposición en España deslegitimar nuestras instituciones, cuando la realidad es que uno de sus diputados se equivocó al votar y sobre todo los diputados de UPN engañaron a todo el mundo para tumbar a cualquier precio la norma. Nuestro país no se lo merece. 

Resulta descorazonador ver al principal partido de la oposición deslegitimar nuestras instituciones, cuando la realidad es que uno de sus diputados se equivocó al votar y los diputados de UPN engañaron a todos para tumbar a cualquier precio la norma

Pero, más allá del ruido o de estrategias partidistas, estamos ante el gran acuerdo a favor del trabajo decente. Hemos alumbrado una norma con toda la ambición para que el trabajo sea una fuente de seguridad en nuestras vidas y prosperidad de nuestro país.

La precariedad es la gran asignatura pendiente de la democracia, es el gran desafío de nuestro país. Durante 40 años hemos tenido de las peores cifras de paro y precariedad en Europa. Durante 40 años se nos dijo que la respuesta al principal problema de nuestra sociedad era la precarización del trabajo. Así las leyes fueron recortando derechos laborales y hundiéndonos en el barro de la precariedad. 

Avanzamos hacia un nuevo paradigma de relaciones laborales, en el cual el contrato indefinido es la norma para alcanzar la estabilidad en el empleo y el reequilibrio en la negociación colectiva y la recuperación de la ultraactividad indefinida permiten que las organizaciones de las personas trabajadoras recuperen capacidad real para hacer valer los derechos laborales.

Esta norma nos aproxima a Europa y nos ayuda en la modernización de nuestro mercado de trabajo. Eso es positivo para que las personas trabajadoras, sobre todo la gente joven, puedan asentar con normalidad proyectos de vida. Es positivo para los sectores más desprotegidos como las personas trabajadoras de ayuda a domicilio, las de los call center, las de la seguridad privada o las camareras de piso, entre otros muchos. También lo es para que las empresas sean más estables y productivas. Y es básico para que nuestro país tenga un horizonte de esperanza.

Todo ello constituye un gran acuerdo de la sociedad. El diálogo social ha alcanzado el acuerdo sobre el trabajo con la altura de miras que nos exige la ciudadanía de nuestro país. Ha sido el 13º acuerdo social después de otros decisivos para mejorar siempre la vida de los trabajadores y trabajadoras, así como para afrontar su situación, y salvar sus empleos y el tejido productivo durante la pandemia.

El acuerdo de nuestra sociedad se ha topado con el desencuentro, el partidismo e incluso algunas falsedades. Este Real Decreto-ley estaba llamado a tener un amplio apoyo parlamentario, como había sucedido habitualmente, con las Cámaras avalando los grandes y difíciles acuerdos sociales. No ha sido posible. Me temo que la distancia entre la ciudadanía y la política de los partidos se ha evidenciado una vez más.

El mismo esfuerzo que hemos hecho en las mesas de diálogo social lo hemos hecho en el diálogo político. Toda la voluntad y mano tendida no ha sido suficiente. Pero no dejaré de trabajar para estrechar esa distancia, porque estoy convencida de que la política es la mejor herramienta para defender la vida de la gente. 

Lo verdaderamente importante es que la vida de Eva María Cancelo mejorará con 2.529 euros más al año por su nuevo convenio sectorial de la provincia de A Coruña, o que la de Juan Manuel Formoso, que trabaja en el sector de la limpieza, hará lo propio ganando un 26% más. Esas pequeñas conquistas cotidianas le ponen rostro al fortalecimiento de la democracia. 

Decía el histórico dirigente francés Jean Jaurès que no era en vano que todos los hogares de las generaciones humanas hayan ardido. Pero que somos nosotros, porque luchamos por un nuevo ideal, quienes somos los verdaderos herederos del hogar de esos antepasados. Somos quienes hemos tomado la llama para darle continuidad. Y precisamente esto es lo que hacemos con esta norma. Es una reforma profunda, que da cumplimiento al acuerdo del gobierno de coalición pactado por el PSOE y Unidas Podemos. Este avance decisivo no es una carrera solitaria, sino una auténtica carrera de relevos, de la cual quedan muchas paradas. Estoy convencida de que es un cambio que fortalecerá nuestra democracia, como la reforma de las personas trabajadoras que es.

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