Ayuso y la política swiftie
Isabel Díaz Ayuso ha vuelto al trabajo vistiendo el top de Zara que todas, y digo todas, las españolas querremos llevar en septiembre. El top tiene transparencias, supongo que para compensar las que no existen en la compraventa y ventacompra del ático de lujo. No cuesta ni 30 euros (el top, no el ático) amigas, pero ya está agotado, porque Ayuso es la verdadera y única influencer de Madrid, inmune a la caída general de los y las vendehumos. El ático costó un millón de euros más que el casoplón que se ha comprado Taylor Swift con su marido, que es un dato absurdo pero significativo porque Ayuso también tiene sus swifties, algunos talluditos y directores de medios. Se dice que en la concentración de apoyo a Ceuta había fans que se acercaban a la presidenta y le pedían que se comprara otro ático si esa era su ilusión. Bastante está haciendo por España, o sea, por Madrid, o sea, por el barrio de Salamanca.
Este fin de semana, la presidenta ha inaugurado oficialmente el curso político de su partido y allí, en presencia de Feijóo, ha dicho que Pedro Sánchez está obsesionado con ella y que, si Ayuso fuera Begoña (Dios no lo quiera), se preocuparía. Hay una celebérrima frase de Shakespeare que dice “the lady doth protest too much, methink” (“la dama protesta demasiado, me parece”) que se usa cuando se intenta negar o dar la vuelta a algo expresando en voz alta lo contrario a la verdad. Después de este guiño a Freud, ha seguido un estupendo ejercicio de proyección y autoanálisis, cuando ha acusado a los socios de gobierno de “vivir por encima de sus posibilidades”, con sueldo y coche oficial. ¿Qué es un ático comparado con un coche oficial? De ese ático del que usted me habla no ha dicho nada, porque está esperando a que cale en su electorado que se lo merece y que ella lo vale. El error no ha sido comprarlo con dinero público, ha sido no incluirlo en el programa electoral. Ayuso sabe, como sabe Feijóo, que Vox ha consumado su proceso de absorción espiritual del PP en todos los territorios peperos exceptuando Madrid, porque en Madrid gobierna una política tipo Trump: puede ser corrupta y resultar en ocasiones grotesca, pero ha conseguido establecer un vínculo emocional casi irrompible con una parte esencial de sus votantes. Algo que Feijóo no consigue ni en el más optimista de los escenarios posibles.
Existe la España que no es Madrid, pero el caldo inmundo que se cocina en la capital apesta a todo el país. Esta semana, un menor que ha muerto por complicaciones con la diabetes que padecía ya no es un crío enfermo al que empujaron a jugarse su corta vida por un improbable futuro mejor, es un invasor muerto. De niño pasó a mena y de mena a invasor y ni siquiera nuestro respeto atávico por los muertos impide deshumanizarlo. Así culmina la deshumanización del otro en este proceso fascista que estamos viviendo en toda Europa y que en España se alienta desde ese Madrid sede del ático, el Tribunal Supremo y los medios afines. Lo que se avecina para el mundo es tan negro que en el diario estadounidense liberal por excelencia, The New York Times, han inaugurado una sección denominada “El nuevo desorden mundial”. En el primer artículo recuerdan La peste de Albert Camus, que dice que las guerras y las plagas nos pillan siempre por sorpresa, aunque llevemos meses viendo las calles llenas de ratas muertas. No digan que no se vio venir: Madrid está ahora mismo llena de ratas muertas.
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