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Somos complicados

Suso de Toro

Una característica de la sociedad española es precisamente lo que oculta. Lo más común son las expresiones de recelo hacia la política y “los políticos”, esos seres perversos, y eso se debe precisamente a que es una sociedad con gran ansiedad política e ideológica. Por las razones que fuesen, la política era tenido por algo vergonzoso de lo que había que mantenerse apartado pero que por otro lado despertaba una atracción libidinosa, los españoles viven como partidarios, se definen enfrentándose a los otros. Hay una fuente oscura de violencia que no se vierte hacia fuera del país, sino hacia dentro. Ese partidismo tiñe toda la vida pública, España es una sociedad profundamente dividida. Sería muy interesante averiguar, recordar, cuándo comenzó ese odio, ese guerracivilismo en la vida pública que nos abarca a todos.

La lectura que me dan la mayoría de los medios del resultado de las elecciones catalanas me parece un ejemplo de esa mezcla de delirio y encono. La abrumadora mayoría de los medios madrileños, que son los que modelan la opinión pública española, me vuelve a sorprender, aunque no debería. Acaban de contarnos el final de un cuento que empezaron a redactar hace un par de meses, “Más era un chico malo” y ahora celebran el final, “lo castigaron por malo”. Por lo visto, se trataba de “La historia del malo Mas”. Como si no se tratase de la historia de esos ciudadanos que cuando quieren votan, personas adultas.

La falta de respeto a la ciudadanía catalana es espectacular, como si el malvado Mas tuviese hipnotizadas a todas esas personas que votaron partidos más o menos independentistas. Pero lo que sí quiere ser hipnotismo es que nos digan que perdió la opción defendida por Mas cuando los partidos soberanistas tienen la mayoría de la Cámara catalana, ésa es la noticia, que los catalanes van a tener un referéndum para decidir qué relación quieren tener con España. Guste o no, ése es el resultado de las elecciones guste o no guste. Negarlo, no aceptarlo, conduce a instalarse en el delirio. Dentro de la crisis en todos los niveles que está teniendo España, se acabó una época, también se refundará el diálogo entre proyectos nacionales.

Porque las naciones existen, aunque el negarlo es un pasatiempo acostumbrado por sofistas, ya que existen en todas partes personas que así lo creen y lo sienten. Y como el querer pertenecer a un grupo, y casi siempre también a un lugar, es una costumbre muy pero que muy antigua pues habrá que imaginar que algún tipo de lógica tendrá y a alguna necesidad responderá. Los humanos tenemos cosas, qué le vamos a hacer. Con esa realidad se topó la Internacional Comunista al estallar la I Guerra Mundial, la clase obrera se dividió siguiendo las naciones enfrentadas; o ya estaba dividida. Los trabajadores sentían más fuertemente la pertenencia a su nación que la unión con los trabajadores de la nación contraria, naturalmente que influían las propagandas nacionalistas pero hay algo previo y profundo en las personas. Y eso ocurre entre España y Cataluña, no es cierto el cuento chino de que los nacionalistas o la conciencia nacional es de derechas, o burgués o cualquier otro pecado: el resultado de las elecciones con la presencia de ERC, IC y CUP con programas de izquierdas demuestra que hay soberanistas catalanes de izquierdas y de derechas, burgueses y trabajadores. No se puede negar esa evidencia. En Barcelona, en Bilbao o en Madrid hay burgueses malvados y con puro, y también hay personas y movimientos sociales que quieren una sociedad más justa, lo que ocurre es que esas personas creen ser de países distintos. Con todo el derecho.

Otra cosa son las dificultades para ambas partes, España y esa Cataluña que se expresa en ese nuevo “Parlament”, de un proceso largo de nuevas negociaciones. El resultado de las elecciones, con una mayoría clara de los partidarios de buscar alguna forma de soberanía, dice que deben encontrar el modo de convocar un referéndum pero un proceso político tan delicado no tienen quien lo dirija. Mas y su partido son mayoritarios en el proyecto pero han quedado muy debilitados y un proceso así pide liderazgo político, personal y partidario. El catalanismo está más numeroso y fuerte que nunca pero también más débil, es difícil ahora improvisar o levantar un líder.

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