El niño Trump, el trilero Netanyahu y el rebelde Sánchez
Ante un niño caprichoso con poder absoluto, Benjamín Netanyahu supo muy pronto qué haría. Pedro Sánchez, también. Pero no era lo mismo, sino lo contrario. Haber arrastrado a EEUU a una guerra con Irán es el mayor éxito de la carrera política de Netanyahu. Se lo pidió a muchos presidentes estadounidenses, que lo descartaron por temor a la subida del petróleo y la extensión del conflicto (lo que está pasando). Así lo ha confesado el israelí: “He deseado esto durante 40 años. Finalmente, Trump lo ha hecho”.
Netanyahu es un maestro en el arte nuevo de la diplomacia: cómo manejar al niño de ocho años que dirige Estados Unidos. Para entender la situación nos hacen falta más psicólogos y menos analistas de geopolítica. Necesitamos conocer mejor a ese pequeño Donald enfurruñado, que hace unos meses escribió en redes: “No conseguiré nunca el Nobel de la Paz, da igual lo que haga”. La inmadurez le hace maleable, muy susceptible al elogio. Su egocentrismo abomina de quien le lleva la contraria. Su necesidad de gratificación instantánea le hace invocar el aburrimiento en medio de una guerra.
Netanyahu lo vio claro pronto. El verano pasado cenando con Trump en la Casa Blanca le entregó un documento: “Señor presidente, es la carta que envié al comité del Nobel. Le nomina para el Premio de la Paz. Es muy merecido, y usted debería recibirlo”. Él no adula a Trump, lo maneja. No es el cortesano, sino el trilero.
Ver a Trump con la madurez de un niño de ocho años me ayuda a entender. Ha habido días que sólo podía comprender sus decisiones pensando que está loco. Otros me inclinaba por lo contrario: no está loco, sabe lo que hace, tiene un proyecto de poder. Netanyahu me lo aclara: no es que Trump esté loco, es que tiene ocho años.
El israelí ha sido coherente, no como otros. Keir Starmer invitó a Trump al castillo de Windsor para que se sintiera rey por un día. Sin embargo, ahora ha impuesto límites al uso de las bases británicas. Eso ha bastado para llevarse un pescozón de Trump. El servilismo debe ser completo: el que tenga dudas que aprenda de Mark Rutte.
Netanyahu ha logrado algo increíble con esta guerra: que Trump priorice una apuesta política suya, por encima de sus propios intereses: ya tiene a parte del MAGA criticándole. Lo más efectivo, y sin duda Bibi lo habrá hecho, es compararlo con Obama. Aún debe de dañar su ego esa imagen de su investidura con mucha menos gente que en la de Obama. Me imagino la conversación decisiva. Netanyahu diciéndole algo como: Obama no tuvo agallas frente a los ayatolás, tú si, presidente. Pasarás a la historia por ello.
¿Significa esto que sólo hay una forma de tratar a Trump? Pues no, también se puede hacer como Pedro Sánchez: no se acobarda, enarbola la dignidad y se apega al derecho internacional como si nos fuera la vida en ello (porque nos va). El presidente se ha plantado ante un atril y le ha dicho esa pequeña palabra que Albert Camus identificó como la propia del hombre rebelde, ‘no’: a su guerra, al uso del territorio español y al servilismo. El Financial Times lo ha calificado como la “némesis de Trump”.
No creo que Sánchez esté cómodo siendo enemigo público de uno de los hombres más poderosos del planeta. Siempre es más agradable tener amigos y dejarse llevar, sobre todo cuando tus decisiones pueden tener consecuencias para tu país que habrás de afrontar. Pero la postura de España es crucial, para el mundo y para nosotros, por eso nos sentimos orgullosos. En los tiempos oscuros, a veces el acto más radical es decir lo mismo que se ha dicho durante décadas: derecho internacional, orden basado en reglas, diálogo. Se trata de mantener la lucecita encendida. Sánchez no tiene poder para imponerse a Trump, pero reafirmar lo que hasta hace apenas dos años era el sentido común internacional ya es mucho.
Por eso el niño inmaduro reaccionó mal: afirmó desde su Casa Blanca que podría usar nuestro territorio si quisiera, que no necesitaba nada de España… bravuconadas dictadas por el impulso. Los bullies siempre se comportaban así en el patio. Sabían que bastaba uno sin miedo para extender el rumor: a lo mejor no lo pueden todo.
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