No estamos solos

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Mientras escribo esto hay personas en casa que están hablando solas. Escucho sus voces atravesar las puertas de sus habitaciones. No estamos solos, me han explicado. 

Alguien ve desde su ordenador, con sus colegas desde sus ordenadores, un partido de fútbol que se está jugando en este momento en un lejano estadio sin público.

Un niño mira la Pantera Rosa con su primo, que vive a miles de kilómetros, y se ríen a la vez. No hablan pero juntan sus piezas de lego a la pantalla como si pudieran construir algo a cuatro manos.

Une adolescente en Madrid juega Among Us con unes adolescentes de Nebraska e intentan impedir el sabotaje de su mundo en ruinas antes de que se les acabe el oxígeno.

Escucho cómo comentan la serie que han sincronizado a distancia por Twoseven para ver lo mismo en tiempo real. Estar sincronizados es el nuevo estar juntos.

Antes podíamos decir, con Gibson: "El cielo sobre el puerto tenía el color de una pantalla de televisor sintonizado en un canal muerto". Hoy hemos dejado de mirar al cielo.

Todo sigue perfeccionándose para intensificar la sensación de realidad.

Me gustaría tener al menos un casco estereoscópico que me hiciera ver la diferencia. 

¿Es otra forma de estar acompañado o es otra forma de estar solo?

"Estoy llorando", escucho.

"Gol", escucho.

¿Qué opinamos de Aron?, escucho.

"¿Estás aquí?", escucho.

"Alexa, túmbate conmigo", escucho.

Una amiga reclama en una columna que la llamemos por teléfono.

Otro amigo reclama en un mail que le preguntemos si está vivo.

La amistad es la última antigualla.

¿No es que el cuerpo era la cárcel?

¿O es el efecto de estas ciudades destrozadas?

No estamos solos, les digo.

No se lo digo, claro, porque no están.

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Publicado el
14 de octubre de 2020 - 22:46 h

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