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El Papa se moja: el Anticristo es la IA

El papa advierte en su encíclica que la IA no es neutral y se concentra en pocas manos EFE/EPA/MAURIZIO BRAMBATTI
8 de junio de 2026 21:58 h

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El Papa León XIV está en España, en Madrid, Barcelona y Canarias. Nuestro Pontífice “más hispano”, de madre española y nacionalidad peruana, país donde estuvo más de dos décadas, publicó el pasado 15 de mayo la nueva y polémica encíclica Magnifica Humanitas, con el subtítulo “Sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial”. El documento de 130 páginas aborda la relación entre la tecnología y la fe, planteando que la humanidad se enfrenta en estos momentos a una elección crucial: construir una nueva “Babilonia tecnológica” o edificar una nueva civilización del Amor. A muchos ha sorprendido que este Papa, cada vez más político, se moje tanto en este tema alertando sobre los riesgos de la IA y la deshumanización frente al avance descontrolado de la tecnología, la cual está siendo utilizada como instrumento de control, dominio y exclusión al quedar concentrado su poder en manos de unos pocos tecnócratas ególatras. El desarrollo tecnológico y el rápido avance de la IA son tomadas en esta encíclica como una arquitectura de poder que requiere límites éticos urgentes. En la teoría, es sensato y necesario establecer esos límites. Pero, ¿qué está pasando en la práctica hoy en día? 

No deja de ser como mínimo curioso que la propia encíclica del Papa esté bajo sospecha de haber sido creada con IA. Herramientas de detección de texto estimaron que un 62% del primer capítulo del documento papal contiene estructuras generadas por computadora. El análisis lingüístico detectó sesgos predecibles de escritura artificial en el modelo Claude, de la empresa Anthropic, cuyo cofundador estuvo junto al Papa en la presentación pública del documento. Y es que este gigante tecnológico ya tuvo problemas con Trump por poner límites a la IA en el negocio de la guerra. La connivencia parece evidente. Y aunque, obviamente, el Vaticano no lo ha confirmado oficialmente, es altamente probable que los teólogos redactores de la encíclica utilizaran modelos avanzados de IA para estructurar al menos el borrador de un texto que, paradójicamente, advierte sobre los riesgos de perder la esencia e identidad humana frente a las máquinas. Pero no voy a hablar ahora de la hipocresía de la Iglesia, ni de su mafia, ni de sus innumerables casos de pederastia. Sí decir, aunque sea de pasada, que este artículo de opinión está siendo escrito con inteligencia natural humana. Y no, el Papa no va a estar en La Casita de Bad Bunny en Madrid pero sí hará su aparición con los inmigrantes de Canarias.

La cultura descarnada de la optimización económica catapultada por la lógica tecnocrática nos está llevando a una nueva religión digital que las unirá a todas en una sola: el transhumanismo tecnológico. Es curioso que el Papa tome una cita del mago Gandalf de El Señor de los Anillos como forma de dar ánimos en estos tiempos de dolores de parto. Palantir, el nombre de la compañía norteamericana especializada en el análisis de datos (Big Data) que estará a cargo de la vigilancia mundial, es también el nombre de la piedra vidente que puede usarse para distorsionar la verdad y presentar visiones selectivas de la realidad en la obra de Tolkien. ¿Otra “casualidad”? 

El progreso de los algoritmos, que “no son neutrales” y que están diseñados e impulsados por incentivos comerciales de eficiencia y beneficio, no solo nos está llevando a la manipulación de la verdad, a la programación de la opinión pública y a la desinformación masiva, sino también a delegar nuestras decisiones, incluso cuando se trata de matar a seres humanos, a la lógica de una IA, lo que es calificado por el Papa como “inadmisible”. Este uso bélico y militar de la tecnología más puntera crea sistemas de armas autónomos lo cual es peligroso para la especie humana, pero ante todo es una barbarie moral. Los drones de corto y largo alcance son ahora la nueva forma de guerra, barata y “eficaz”. Recientemente, una de las mayores oleadas combinadas de drones y misiles rusos contra Kiev causó 21 muertos civiles en una sola noche. Matar al enemigo, a un ser humano como nosotros, se convierte así en un mero dato estadístico que rentabilizar en el negocio de la guerra, un negocio más lucrativo que nunca ahora con el desarrollo tecnológico actual. 

Y es que es fácil denunciarlo como lo hace el Papa: “la IA simula empatía pero carece de espíritu”. ¿Y qué es el espíritu humano? La conciencia moral, el sufrimiento y el dolor humano, el amor y la experiencia de vida no pueden ser reducidas a meras variables estadísticas. ¿Dónde queda la dignidad humana? Bueno, ¿entonces qué nos hace humanos? ¿Y donde queda la responsabilidad de matar o hacer sufrir a alguien cuando dejamos esa decisión a una inteligencia artificial? Y es en este contexto de automatización digital y de banalización del mal desde donde se desarrolla el concepto clave de la nueva encíclica papal: hay que “desarmar” a la IA. Terminator y la nueva encíclica del Papa coinciden en su mensaje central…

Pero el negocio de la guerra es un gran negocio para estos gallifantes megalómanos. Los monopolios tecnócratas no solo llevan a despidos masivos y a la precariedad laboral al priorizar la eficacia y la rentabilidad del mercado, también lleva a los humanos a una nueva forma de “esclavitud digital” que toma muchas caras, también en la explotación física de la extracción de minerales en tierras raras necesarios para el progreso de la IA. en esa carrera contínua de las grandes empresas tecnológicas optimizar la IA. La petición de perdón pública por parte del Papa porque la Iglesia apoyó la esclavitud en el pasado se queda en una mera declaración anacrónica ante la nueva esclavitud algorítmica, en su sutileza sibilina. Netflix y Tik Tok, marihuana legal y renta básica universal. ¿Dónde hay que firmar? Pero el alma no se vende ni se puede comprar, si tú no quieres.

Entonces, ¿en qué sentido podemos afirmar que la IA encarna la llegada del Anticristo en nuestros días? Más allá de cábalas y profecías, y aunque el Papa y sus “ayudantes” no lo digan, bajo esta perspectiva teológica, la IA es vista como el Mal encarnado, el Anticristo del fin de los días, y no porque la tecnología sea mala, un software en sí es neutro, sino por el uso idolátrico que el ser humano le está dando. Nietzsche ya nos advertía en El Crepúsculo de los ídolos que “Dios ha muerto” y que lo hemos matado nosotros. Nuevos falsos profetas, nuevos falsos dioses, ídolos de barro se vuelven digitales y virales, y poco a poco vacían al ser humano de su libertad y su dignidad, atrapando su alma y anestesiando su espíritu. La analogía no es baladí y la comparación de la llegada de la “Bestia” con el momento de singularidad de la mejor versión de la IA lleva de hecho ya tiempo pululando. 

Y es que, en efecto, la IA encarnaría las características arquetípicas del Anticristo en varios sentidos: para algunos la IA puede ser vista como una inteligencia “omnisciente”, simulando conciencia y empatía, presentándose como un “amigo” al que consultar o con el que compartir confidencias. Y a diferencia de los anteriores, este dios digital que es la IA sí que contesta a todas tus confesiones al instante. Como en la exégesis bíblica, la IA no se presenta como un monstruo horrible sino como algo fácil, cómodo y tentador. Tu móvil es una extensión. Satanás, Lucifer, Belcebú o como lo quiera llamar se presentará como un falso salvador que imita a Dios y engaña a la humanidad para crear un Nuevo Orden Mundial, algo necesario y deseable tras tantas guerras, caos e inestabilidad. En el libro del Apocalipsis se describe al Anticristo como un poder que controla el comercio, la identidad y la vida social. Es la conocida como “marca de la bestia” sin la cual “no se podrá ni comprar ni vender”. La analogía es evidente con el dinero electrónico y la identidad digital, los sistemas de crédito social, la nanobiotecnología, el reconocimiento facial, la vigilancia masiva, la exclusión social y la marginación económica para todo aquel que se quede fuera de este nuevo orden digital o decida no someterse o colaborar.

Pero más allá de un microchip en la muñeca o de un tatuaje digital, el peligro está en el estado de sumisión y pereza mental, en el olvido de lo que somos y en la desconexión espiritual de la humanidad que promueve la nueva religión del transhumanismo tecnológico. El control totalitario gestionado por la IA será vendido como “paz y seguridad” por esas élites, que en sus luchas internas por el anillo de poder único, elegirán al Primus Inter Pares, La Bestia. ¿Elon Musk? ¿Donald Trump? Aún quedan personajes por entrar en escena… Mientras, Apocalipsis now, dicen cada vez más, a los que no se quieren enterar. Pero tras los dolores del parto, la alegría de un nuevo nacimiento está por llegar, una nueva humanidad. Disolver el miedo, el desarrollo de la conciencia y el discernimiento, vivir desde dentro y no para afuera… el mejor antídoto, la mejor guía de resistencia, sigue siendo nuestra espiritualidad. La revolución será silenciosa, o no será.

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