Persépolis: la revolución en viñetas
Con claras influencias del expresionismo alemán y viñetas sencillas pero efectivas, Marjane Satrapi nos explicó la revolución iraní y lo que vino luego. Lo hizo a base de sombras pintadas y conciencia crítica, dando lugar a un punto de inflexión en el mundo del cómic, en este caso desde la mirada de una niña que interpreta la transformación que vive su país, Irán, con la mal llamada revolución islámica.
En realidad, lo que nos viene a contar Satrapi es que la verdadera revolución es igual a una bicicleta que, cuando dejas de dar pedales, se viene abajo. Por eso, lo ocurrido en Irán con la llegada del Ayatolá, más que una revolución, fue un movimiento reaccionario que supuso un cambio de forma; una transformación condicionada por el mismo proceso histórico que antes había llevado al Shah a gobernar el país. Satrapi nos lo cuenta más fácil, diciendo que el mismo torturador que ejercía con el Shah, seguía ejerciendo con el Ayatolá.
Si extrapolamos lo sucedido allá con lo sucedido acá, por la misma época, cuando nuestra Transición rompió aguas y los primeros berridos fueron la consigna de los tiempos: “Se sienten, coño”, nos damos cuenta de que Tejero triunfó. Sin duda. No se puede separar -igual a una pieza suelta- el golpe, de lo que vino después del golpe. Lo mismo que la llegada de los Ayatollahs en Irán trajo el velo, el golpe en -apariencia frustrado de Tejero- nos trajo la OTAN y la reconversión industrial, los Solchaga boys y las llamadas ventajas absolutas; elementos que formaban parte de la partitura que venía firmada por Reagan y la Thatcher. Y bendecida por el Papa Santo de Roma, un tal Wojtyla.
Pero, volviendo a la novela gráfica de Satrapi, hay que apuntar que los de Reservoir Books se han currelado una nueva reedición, esta vez respetando su formato original en un estuche de cuatro tomos. Porque Persépolis salió en Francia por entregas. De esta manera, la editorial celebra los 25 años de su primera publicación en francés, cuando el siglo XXI acababa de empezar y todavía Bin Laden no había asomado la pezuña para hacerle a Bush el mejor regalo que nunca se atrevió a soñar: la llave para abrir la puerta de una guerra cuya victoria supondría imponer su doctrina allí donde se definiese el terrorismo.
Así degenera el islam en su tela de araña a través de la interpretación de una niña que sufrió más de la cuenta, un dolor que metabolizó en sus viñetas cargadas de conciencia crítica. Ya lo dijimos antes. Como detalle sirva la guerra entre Irán e Irak; un conflicto que Satrapi denuncia, señalando el juego sucio norteamericano cuyo objetivo no fue otro que desgastar al ejército iraní. Recordar que Estados Unidos apoyó a Saddam Hussein, aunque -de cara a la galería- mantuviese una postura de aparente neutralidad. Esto tampoco puede tomarse como un episodio aparte, sino que forma parte del ciclo histórico, antecedentes que hoy hacen temblar el planeta con esa bomba que ha sido bautizada como la madre de todas las bombas.
Para terminar, decir que Satrapi murió de pena el pasado verano tras no recuperarse de la pérdida de su pareja sentimental -el actor Mattias Ripa- ocurrida poco tiempo antes. Porque los seres dolientes muestran su desgarro de una manera tan intensa que hasta vivir les hace daño.
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