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Telegrama urgente para Pablo Echenique

El portavoz parlamentario de Unidas Podemos, Pablo Echenique, interviene en una rueda de prensa en el Congreso

Alejandro Gálvez

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Hace escasos instantes leía en El Español la historia de una ruptura anunciada en Twitter entre el líder de Más País, Íñigo Errejón, y el portavoz de Unidas Podemos, Pablo Echenique, tras unas declaraciones del primero en La Sexta Noche.

Resumidamente lo que acontece es lo siguiente: Pablo Hasel va a la cárcel. Íñigo Errejón afirma en el Congreso que España es el país del mundo con más artistas encarcelados. Isa Serra, portavoz de Unidas Podemos en la Comunidad de Madrid, hace lo propio en la Asamblea, añadiendo una comparativa con Irán. Le preguntan entonces a Errejón en La Sexta Noche por las declaraciones de la portavoz y este responde que ni es experto en Irán ni hace falta exagerar. Pablo Echenique responde después en Twitter con un vídeo del analista de redes de la formación morada en el que se demuestra, hilando diferentes informaciones y declaraciones de unos y otros, lo poco afortunado y, por que no decirlo, hipócrita y contradictorio que se muestra Errejón con dicha afirmación en La Sexta Noche.

Contradictoria o no, hipócrita o no, afortunada o no, lo cierto que es que la de Errejón no es sino una opinión. Y, en medio de un importantísimo debate sobre la libertad de expresión y opinión surgido a raíz del encarcelamiento de Pablo Hasel, a Pablo Echenique no se le ocurre otra cosa (una vez más, y ya van tantas) que afirmar que "vale absolutamente todo para atacar a Unidas Podemos". No seré yo quien niegue una clara intencionalidad cuando ciertos periodistas o intentos de periodistas publican informaciones sobre la formación morada, pero hablar de "ataque" cuando se manifiesta una (poco afortunada) opinión, encima en el contexto de la situación de Hasel y de la libertad de expresión en España, me parece, cuanto menos, paradójico. Y si toda opinión crítica con la formación es constitutiva de ataque, entramos en un victimismo que resulta poco productivo. Porque entonces, Pablo, yo también os estoy atacando. 

Pero es que no es la primera vez que algo se me muere en alma cada vez que Pablo Echenique suelta alguna perlita. La antepenúltima, aquella de apoyar a quienes ocasionan disturbios durante las concentraciones a favor de Pablo Hasél y en contra de su condena. Debate aparte es la legitimidad de dicha condena, pero el uso y justificación de la violencia con el pretexto de que por la vía pacífica no se ha conseguido nada es cortoplacista y poco estratégica teniendo en cuenta, primero, que pagan quienes no tienen culpa y, segundo, que desvía la atención del problema real que origina una situación más, menos, o nulamente injusta según el criterio de cada cual. Pero que haya tanta amalgama de juicios al respecto lo que demuestra es la clara necesidad de un debate sobre si se deben permitir o no situaciones como la de Hasel. Asaltar una tienda de ropa deportiva tratando de salir por el cristal que no es lo que hace es alejar ese debate tan necesario. Ya le pasó al Black Lives Matter, donde los disturbios provocaron que se hablase más del contenedor ardiendo que del asesinato racial, y tuvimos que hacer un esfuerzo extra en seguir manteniendo el foco donde había que mantenerlo para proteger los derechos humanos de todas y todos. Fue lo que me llevó, de hecho, a escribir por primera vez en un medio de comunicación.

Y es que las declaraciones de apoyo del portavoz de uno de los partidos del Gobierno tampoco ayudan. Primero, porque al igual que la violencia, consigue que se ponga el foco mediático y político en sus declaraciones, en lugar de ponerlo en la cuestión central del problema. Segundo, porque le hace un pase al hueco con tiro a puerta vacía a sus mal llamadas señorías de Vox o a la esperpéntica Díaz Ayuso, Isabel Natividad.

Soy votante, además de esos manifiestos y sin tapujos o vergüenzas, de Unidas Podemos. A día de hoy, he pasado de decir que estoy orgulloso del partido y sus ideales a decir que estoy poco arrepentido de mi voto. No es poca cosa teniendo en cuenta el panorama, pero ya es algo. Y no es una desazón que se origine por los ideales, sino por las acciones. Tengo que lidiar con la frustración de ver como dos autoabanderadas del feminismo, Calvo y Montero, imitan el juego de ver quién la tiene más grande de los líderes de generaciones pasadas que pecaban de exceso de testosterona. Y tengo que lidiar con un portavoz que cada vez se acerca más, aunque aún le queda, al nivel de bocachancla metafísicocuántico de Teodoro García Egea. Sinceramente, es difícil y fatigoso tener que justificar un voto cuando reiteradamente estás en desacuerdo con el portavoz del partido que supuestamente te representa.

Pero es que en realidad la cosa es bien sencilla. Si tu trabajo como portavoz de un partido de Gobierno le está haciendo más fácil el trabajo a políticos tan mediocres como Vox o la ilustre Natividad, creo que, como poco, es para hacérselo mirar y replantearse, muy seriamente, la estrategia.

Pablo, carajo, que al final me vas hacer votar a Errejón. 

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