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Pikara Magazine es una revista digital que practica un periodismo con enfoque feminista, crítico, transgresor y disfrutón. Abrimos este espacio en eldiario.es para invitar a sus lectoras y lectores a debatir sobre los temas que nos interesan, nos conciernen, nos inquietan.

“No juegas mal para ser gay”

Kathrine Switzer, la primera mujer que corrió y finalizó la Maratón de Boston, cinco años antes de que las mujeres fueran admitidas de modo oficial.

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“No juegas mal para ser gay”. Esta frase se la dijeron a David Guerrero tras haber sufrido un fuerte placaje de rugby. A partir de ahí, surgió la idea de escribir el ensayo Corres como una niña, donde analiza la manera en la que las personas LGTBI participan en el deporte. Un tema que parece accesorio, de cierre de telediarios y entretenimiento barato, pero, mientras los periódicos más leídos diariamente en España sean del ámbito deportivo… ¿de verdad que vamos a seguir sin darle la importancia que se merece como espacio para promover valores de igualdad?

Con la idea de dar una respuesta a esta pregunta, el Ayuntamiento de A Coruña y la asociación LesCoruña promovieron en el mes de junio una mesa redonda sobre deporte y diversidad en el marco del programa del Orgullo LGTBI. Participó un elenco de activistas y deportistas de alto nivel: el propio Guerrero, Víctor Gutiérrez (secretario LGTBI del PSOE y jugador de waterpolo), Selene Buendia (presidenta de Irmandiñas Roller Derby), Ana Pastor (investigadora y autora del libro Chandaleras) y Sara Peláez (árbitra profesional de baloncesto).

La primera de las reflexiones que se lanzaron fue, precisamente, el papel que se le concede al deporte. “Siempre tenemos la mala costumbre de dejarlo al final dentro de concejalías o ministerios cuando, seguramente, después de la Educación, sea el espacio con mayor influencia en las personas”. Estas palabras se encuentran respaldadas por la Organización Mundial de la Salud, que ya señala el sedentarismo como una de las principales causas de muerte en países occidentales. Sí, el deporte es importante, pero hay que mirarse en los espejos donde podamos ver nuestro reflejo. Por citar un caso paradigmático: ¿es ejemplo de valores el ajedrez cuando establece categorías por sexos (denominadas femenina y abierto)?

Frente a ese absurdo, el sentido común y el afán inclusivo de deportes que se trabajan desde la base, como el Roller Derby, inscrito dentro de la Federación de Patinaje y organizado a través de la asociación nacional autogestionada ARDE. Permiten que cualquier persona se inscriba con el género sentido y los equipos pueden ser mixtos, aunque haya ligas masculina y femenina.

Esto nos lleva a otra de las cuestiones planteadas: “En lugar de querer erradicar a las mujeres trans del deporte, planteémonos caso a caso qué cuerpo es, en qué deporte está y qué supuesta ventaja competitiva se presupone. Asumir que todas las mujeres trans son de gran envergadura y que quitan medallas a todo el mundo implica decir demasiado y sin pruebas que lo ratifiquen”. Como también se puso de manifiesto, si el propio deporte practicado por mujeres cis está poco estudiado (la menstruación como gran olvidada), ¿cómo podemos atrevernos a regular otras realidades diversas?

En el deporte profesional hay distintas ventajas competitivas que tienen que ver con la carga genética, la alimentación… cuestiones que no se miden ni se regulan. Como se planteó en el debate: “¿Alguien está pensando en limitar la amplia presencia de personas zurdas en esgrima o en pádel y crear una categoría única?”. Por otra parte, nadie mide la testosterona de los varones, pero la de Caster Semenya, sí.

Fuera del deporte profesional (porque la elite solo supone el 4%, según datos del Consejo Superior de Deportes), estamos aplicando normativas internacionales de alto rendimiento en la práctica más local y amateur, incluso a niños o niñas trans de 7 años, prohibiéndoles hacer deporte bajo un pobre argumento de supuesta “ventaja competitiva”, cuando en estas edades el objetivo de la práctica está en la inclusión.

¿Por qué se expanden tan fácilmente estas ideas preconcebidas y sin base científica? Seguramente encontremos una respuesta en la falta de visibilidad. En España solo hubo una sanción por lgtbifobia en el deporte hace poco más de un año, protagonizada por el jugador de waterpolo Víctor Gutiérrez. No hay una ley que persiga y sancione la discriminación por orientación de género cuando, sin embargo -y por suerte-, se cierran estadios, se sancionan clubs y personas concretas si existe el mínimo atisbo de racismo en los campos de juego.

Necesitamos ser agentes del cambio, tanto deportistas LGTBI y no LGTBI pero, sobre todo, tienen que jugar este papel organismos reguladores de todos los niveles deportivos: desde federaciones internacionales hasta autonómicas. Hay que echarle más pelotas y menos balones fuera.

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