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Imputado un exjefe de Asuntos Internos de la Guardia Civil por exculpar al coronel implicado en narcotráfico

El coronel Francisco Ortiz Clavero tendrá que explicar por qué las investigaciones a su compañero García Santaella nunca llegaron a un juzgado

El atestado de la Guardia Civil señala al mando imputado por narcotráfico como "dirigente" de una banda que introducía hachís por la costa granadina

"Era el titiritero que movía los hilos de todas las unidades de la Comandancia", dicen los investigadores del coronel García Santaella

Francisco Ortiz Clavero, en una imagen de una revista de una asociación de guardias civiles

El coronel Ortiz Clavero, en una imagen de la revista de la Asociación Pro Huérfanos de la Guardia Civil

La investigación a un alto mando de la Guardia Civil por narcotráfico ha dado un nuevo giro con la citación por parte de la jueza del caso de otro coronel, el que fuera jefe de Asuntos Internos de la Benemérita Francisco Ortiz Clavero. Según informaron fuentes jurídicas, Ortiz Clavero deberá prestar declaración el próximo 19 de noviembre, en calidad de imputado, para aclarar por qué la investigación que realizó su unidad a Francisco García Santaella en 2006 nunca prosperó ni llegó a un juzgado.

García Santaella está imputado por pertenencia a una banda de traficantes de hachís, de los que habría recibido más de 480.000 euros durante su etapa como comandante en Granada. Próximo a ascender a general, solo fue suspendido de su último destino, en la Dirección General de la Guardia Civil, cuando eldiario.es desveló el pasado abril la imputación por tráfico de drogas, cohecho y asociación ilícita, entre otros. Tres meses antes, Interior había condecorado al coronel imputado, a pesar de que ya constaban contundentes indicios en su contra. En el momento de la destitución, García Santaella aguardaba la orden política para ser ascendido a general.

La operación Golia era otra más de las que llevaba a cabo el Equipo contra la Delincuencia Organizada (EDOA) en Granada el pasado año. Hasta que los investigadores se detuvieron en una fugaz referencia a un tal ‘Padre’ entre las horas y horas de pinchazos telefónicos a los cabecillas de la red de tráfico de hachís. Tras su detención, éstos confesarían que con ese apelativo se referían a Francisco García Santaella, antiguo jefe de Policía Judicial e Información en la Comandancia de Granada y con el que habrían colaborado en el pasado para la introducción de al menos tres alijos con toneladas de hachís por la costa entre 2005 y 2006.

El relato de los narcos ha sido comprobado durante meses por los investigadores. Y en medio de ese relato, un pasaje de cuya importancia los agentes Antidroga se percataron de inmediato. Según uno de los cabecillas de la organización delictiva, el Servicio de Asuntos Internos de la Guardia Civil andaba tras sus pasos en 2006, la época en la que el guardia civil y los narcos colaboraban. Asuntos Internos, al menos en el Instituto Armado, solo participa en investigaciones que afectan a miembros del Cuerpo. La conclusión era clara: alguien había investigado a García Santaella mucho antes que ellos.

El relato del narco David García, ‘Cani’, se remonta a finales del verano de 2006, cuando se percató de la presencia de un vehículo cerca de su domicilio que despertó sus sospechas. Tenía un parasol en la ventanilla derecha del asiento trasero y al día siguiente, el mismo parasol había sido colocado en el lado contrario. Así que decidió acercarse y pudo ver cómo unos cables salían del parasol e iban a parar a una pequeña mochila. Lo primero que hizo fue llamar a su presunto colaborador en la Guardia Civil, el comandante Santaella. Se entrevistaron en un centro comercial de Granada y el narco facilitó los datos del vehículo al guardia civil.

Según consta en el atestado policial, al que ha tenido acceso eldiario.es, ambos se despidieron, pero el comandante volvió a telefonear a los veinte minutos, citando a su interlocutor en el mismo centro comercial donde se acababan de encontrar. ”Le dijo que ese vehículo era de Asuntos Internos y que si alguna vez le preguntaban por su relación, dijera que era un colaborador de la Guardia Civil para el tema de alijos”, escriben los investigadores.

Como con el resto de las afirmaciones de los narcos sobre Santaella, los agentes del EDOA de la Guardia Civil comenzaron las comprobaciones. No tardaron en constatar que, según recoge una nota de interna ese día, agentes del Servicio de Asuntos Internos (SAI) de la Guardia Civil fueron sorprendidos por el ‘Cani’ cuando procedían a instalar un “medio técnico” en un coche oficial. Era 24 de septiembre de 2006.

También han encontrado la consulta que el comandante Santaella realizó a la Central Operativa de Servicio (COS) sobre la matrícula de ese coche. El COS informó al mando de que esa matrícula era reservada y que el vehículo pertenecía a la Secretaría de Estado de Seguridad. “El comandante hizo gestiones y supo que se trataba de un vehículo del Servicio de Asuntos Internos de la Guardia Civil”, añade el atestado.

Los agentes del EDOA claman en su atestado contra la “traición” del comandante: “De tal magnitud fue el riesgo al que el comandante sometió a los agentes de la Guardia Civil que en una ocasión llegó a manifestar a David que la Unidad de Asuntos Internos de la Guardia Civil los estaba investigando (…) Dicha revelación comprometió la seguridad de los agentes participantes en esos operativos”.

La jueza tiene en su poder los informes de las investigaciones que Asuntos Internos realizó a Santaella entre 2006 y 2008, según fuentes de las pesquisas. Ahora quiere saber por qué todos los indicios recabados sobre el comandante fueron descartados por Asuntos Internos y nunca fueron entregados a un juez. De ahí que haya comenzado por llamar a declarar al máximo responsable de los guardias que investigan a otros guardias en la época en que se produjeron los hechos. Francisco Ortiz Clavero, entonces teniente coronel, está en la actualidad destinado en la Asociación Pro Huérfanos de la Guardia Civil, aunque se encuentra en la reserva.

'Modus operandi'

La investigación de los agentes Antidroga de la Guardia Civil ha incluido numerosos interrogatorios a los subordinados de Santaella en la época del coronel en Granada. Los investigadores han comprobado cómo el mando se inmiscuyó en la labor de sus subordinados y actuó de forma que levantó sus sospechas, sin que pasaran de ahí por las coartadas que construía desde su puesto de mando.

Los agentes han dividido el modus operandi de Santaella en dos tipos. En la primera, el mando comentaba a sus subordinados información obtenida de sus supuestos confidentes sobre entradas de hachís que se iban a producir. Pero no abría una investigación, ni informaba a la Fiscalía. Simplemente, organizaba un operativo, incautaba un alijo, formado por hachís de mala calidad, y al tiempo permitía que los narcos introdujeran otro sin ser detectados. Después cobraba 120.000 euros por entrada. Los agentes han documentado tres de ellas.

El segundo método era más básico. Con total impunidad, el comandante se acercaba al lugar de las incautaciones y se quedaba con parte de los alijos. Para garantizarse que no era descubierto, llegó a preguntar en una ocasión al guardia encargado de monitorizar las cámaras del SIVE si le podía ver desde su posición. Por este método, Santaella cobró 60.000 euros en dos ocasiones.

Según ha avanzado la investigación, los agentes han elevado el peso del coronel Santaella en la organización, “erigiéndose desde el principio entre los dirigentes". Según los investigadores, el entonces comandante daba "órdenes a la organización delictiva de cómo tenían que hacerse las cosas, pasando de forma inmediata a poner a disposición de dichos criminales a la gloriosa Institución de la Guardia Civil, así como la vida de los agentes y la estabilidad de sus familias”.

Tal fue el poder acumulado en Granada por García Santaella, que el EDOA escribe: “De forma gráfica se podría definir a dicho comandante como el titiritero que movía los hilos de la Comandancia en aquel entonces, siendo todas las unidades y especialidades de Guardia Civil marionetas en sus manos, no teniendo las mínima consciencia de lo que estaba haciendo con ellas, ni los entresijos que significaban las órdenes dadas a cada agente, órdenes secretas e individueales que de este modo no despertaban sospecha, pero que analizándolas desde un prisma superior y de conjunto, se configuran y encajan en un puzle delictivo de proporciones colosales”.

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