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La ex del parricida de Oza sigue sintiendo culpa y que él "la puede matar"

Confirman la petición de prisión permanente para el acusado del parricidio en Oza

EFE

A Coruña —

La madre del menor presuntamente muerto a manos de su padre en la localidad coruñesa de Oza-Cesuras sigue sintiendo culpabilidad y que "en cualquier momento él la puede matar", según indicó la psicóloga adscrita al programa de atención de víctimas de violencia de género en el juicio que se celebra en la Audiencia Provincial de A Coruña.

La psicóloga que trata a la progenitora desde agosto de 2017 indicó que en aquella fecha, tres meses después de la muerte de su hijo, aún no era consciente de ello: "Sabe que ha ocurrido pero interiormente es como si no se diese cuenta".

Apuntó que presenta un "sentimiento de culpa extremo" por lo sucedido porque ella "se siente culpable" de la muerte del menor, así como "pánico y miedo" por vivir en una "alerta constante las 24 horas del día", un miedo que ya era "anterior" a la muerte del menor.

Tener la "autoestima muy, muy baja" y ocultar información por "miedo a que los demás se puedan sentir mal", explicó la psicóloga, son síntomas de maltrato.

"Es como si no se permitiese poder entender que aquello que ella vivía era una situación de maltrato. Responde a un perfil de mujer maltratada", advirtió.

Ella sigue sintiendo que "en cualquier momento él la puede matar" y aseguró que es "difícil" que eso desaparezca con el tiempo, concluyó.

Los facultativos del Imelga (Instituto de Medicina Legal de Galicia) que reconocieron a la madre del menor con dos entrevistas y pruebas psicométricas, un psicólogo, una trabajadora social y una médico forense, observaron a una "persona muy afectada emocionalmente, con síntomas de depresión y ansiedad".

Revelaron, asimismo, que conoció a la familia de su expareja quince días antes de la boda y situó un antes y un después en la relación desde el momento que contrajo matrimonio, con un consumo de alcohol frecuente y abusivo del padre del menor y, además, comportamientos que establecen una dinámica de relación violenta hacia ella.

La madre del menor les refirió cierta desatención del padre respecto a las responsabilidades como progenitor y que el niño hacía comentarios impropios hacia la madre cuando regresaba de estar con el acusado.

Los tests a los que fue sometida detectaron ansiedad, trastorno de estrés postraumático o pesadillas.

Los facultativos del IMELGA detectaron además elementos de maltrato tanto durante la relación como tras la ruptura así como miedo y resquemor a salir a la calle tras haber recibido amenazas hacia su integridad física.

También percibieron en la madre un sentimiento de culpabilidad porque considera que "tenía que haber visto que su hijo iba a ser asesinado" y por todo ello la consideraron una víctima de violencia de género.

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