La traición de UPN: una cena y varias llamadas para el ‘sí’ en una votación que deja heridas en los socios de la coalición

El portavoz del Grupo Parlamentario Socialista, Héctor Gómez, conversa con la vicepresidenta primera, Nadia Calviño, y la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, en la sesión en la que se vota la reforma laboral en el Congreso de los Diputados.

“He soñado que me equivocaba al votar”. La confesión de un destacado dirigente socialista refleja la tensión con la que se ha vivido hasta el último minuto de la aprobación de la reforma laboral, a la que el Gobierno llegaba con un ajustado 176 votos a favor y 173 votos en contra. Pero el error se produjo en la bancada de enfrente: un diputado del PP votó ‘sí’ de forma telemática salvando el decreto ley, que habría naufragado por la ‘traición’ de los dos parlamentarios de Unión del Pueblo Navarro (UPN) a su jefe de filas, Javier Esparza, que había anunciado el apoyo tras habérselo comprometido al secretario de Organización del PSOE, Santos Cerdán. El resultado fueron 175 síes frente a 174 noes en la votación de una de las medidas estrella de la coalición, que previsiblemente acabará en los tribunales. 

El fallo de Batet al contar, la traición de UPN y el error del PP: el suspense final de la votación de la reforma laboral

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UPN se convirtió en una pieza clave para la aprobación de la reforma laboral en el momento en el que el PSOE asumió que no saldría adelante con los socios habituales del Gobierno, sino con Ciudadanos y varios partidos minoritarios. El interlocutor en todo momento ha sido el presidente del partido regionalista navarro, Javier Esparza, que mantiene buena relación, pese a la distancia ideológica, con Cerdán. Una cena en un restaurante de Madrid a la que también asistió el ministro de Presidencia, Félix Bolaños, hace unas semanas fue el primero de los contactos para tratar de atraer el apoyo de sus dos escaños. Tras numerosas llamadas telefónicas en los últimos días, cerraron los flecos el miércoles. A cambio del ‘sí’, el PSOE se comprometía a retirar la reprobación del alcalde de Pamplona, Enrique Maya, y a apoyar una partida de 27 millones de euros en el consistorio. Ante el incumplimiento del acuerdo, los socialistas han secundado la reprobación del regidor impulsada por otro partido.

Los dos diputados de UPN, Carlos Adanero y Sergio Sayas, manifestaban por la mañana del jueves su disconformidad con la decisión de la dirección del partido y dejaban en el aire la convalidación del decreto por unos minutos. Adanero dijo claramente que se iba a someter a la disciplina de voto. Sayas aseguraba posteriormente a los periodistas que tenía “directrices” de la dirección, que se interpretaron en todos los medios de comunicación como que acataba la disciplina de voto. Esos titulares no fueron desmentidos por el parlamentario. También a Santos Cerdán le trasladó esa información y el dirigente socialista se lo tomó como los periodistas. “Yo le he dicho que tengo un mandato de la dirección, no que lo fuera a cumplir”, decía Sayas a los redactores que se agolpaban a su alrededor al acabar la caótica votación. De no ser por el error del diputado del PP al votar, la decisión de los parlamentarios navarros habría tumbado la norma comprometida con Bruselas dentro del Plan de Recuperación, por el que llegan miles de millones a España para superar la crisis por la pandemia. “Lo hubiéramos hecho aunque nuestro voto no hubiera servido”, ha dicho Sayas en La Sexta. 

“Es un tamayazo”, lamenta un diputado socialista, que ve detrás del giro de los diputados de UPN una jugada con el PP. En las filas del PSOE se han lamentado de haber dejado la aprobación en manos de UPN: “No son de fiar”. Desde la vicepresidencia segunda advierten que ya habían avisado de que “no se puede confiar en la geometría variable”, como denominan los socialistas a los apoyos transversales de varios grupos, que suponía confiar en formaciones como Ciudadanos o UPN, conservadoras y que no comparten las políticas de la coalición. 

Pero era la única opción factible ante la negativa de Sánchez a modificar el decreto y el rechazo de PNV y ERC, que exigían cambios en el decreto o en la normativa laboral para apoyarlo. Fuentes tanto del PSOE como de Unidas Podemos reconocen que si los nacionalistas vascos hubieran entrado en la ecuación, como se negoció ‘in extremis’, Ciudadanos habría dejado de apoyar el decreto con lo que no habrían dado los números. Mientras las conversaciones sobre la prevalencia de los convenios autonómicos frente a los estatales se producían a varias bandas el miércoles por la tarde, el portavoz de Ciudadanos, Edmundo Bal, se puso en contacto con el titular de Presidencia, Félix Bolaños, para que le garantizara una vez más que no habría cambios. Este jueves por la mañana fue el que volvió a preguntarle a Bal si mantenía su compromiso de votar ‘sí’. Los nervios estaban a flor de piel. 

El portavoz del PNV, Aitor Esteban, reprochó al Gobierno su preferencia por Ciudadanos, cuyo 'sí' se producía a cambio de nada. “Hemos sido claros y transparentes, no hemos engañado a nadie, avisamos con mucho tiempo”, dijo Esteban sobre su reivindicación de recuperar la primacía de los convenios autonómicos sobre los estatales. “Fuimos expresamente a Moncloa para decirle [al presidente]: para nosotros esto es algo que tiene que estar ahí, cuando sea, posteriormente; pero no podemos mirar a otro lado con este tema”, desveló. No obstante, desde Moncloa aseguran que Sánchez esta vez no se ha involucrado en la negociación, que han pilotado Díaz por Unidas Podemos y Bolaños por el ala socialista.

La vicepresidenta segunda ha agradecido en su intervención desde la tribuna al PNV su “seriedad” en las negociaciones y que hayan estado centradas en “contenidos”, una crítica velada a ERC. En Trabajo estuvieron hablando con los nacionalistas vascos hasta el final, apurando los plazos, con un texto sobre la prevalencia de convenios autonómicos casi cerrado. Sin embargo, la negociación estaba condicionada a cerrar otro pacto con ERC, acuerdo que no ha logrado alcanzarse.

El 'plantón' de Rufián a Díaz

“Hay que conocer a tus socios. Estaba claro que ERC no iba a entrar”, señalan en las filas socialistas sobre la intención de Yolanda Díaz de negociar hasta el último minuto. El mismo miércoles por la tarde, el Ministerio de Trabajo convocó a Gabriel Rufián a una reunión para seguir intentándolo, en teoría en un encuentro a tres bandas en el que también estaría Bolaños. Según fuentes de ERC, el ministro se sorprendió y no comprendió cuál era la intención de Díaz. Otras fuentes apuntan a que ERC decidió no acudir al constatar que no había ninguna novedad. “El PSOE no nos engañó, nos dijo desde el principio que no se tocaba nada”, señalan esas fuentes. Desde diciembre ha habido al menos tres reuniones telemáticas del PSOE y ERC con la asistencia de Bolaños, Adriana Lastra, Héctor Gómez y en algunas ocasiones María Jesús Montero y Rufián, Josep María Jové, Marta Vilalta y Jordi Salvador. “Se ha hablado de contenidos de la reforma laboral”, señalan fuentes socialistas en respuesta a Díaz, que desde la tribuna acusó veladamente a los republicanos de no haber abordado “contenidos”. 

Desde Trabajo insisten en que el diálogo con ERC ha sido constante desde que se alcanzó el acuerdo con los agentes sociales. De hecho, recuerdan que se hizo también una ronda de contactos con varios grupos políticos –entre los que se encontraban los republicanos catalanes– unos días antes de que se sellara el pacto social. Al Ministerio acudieron por parte de ERC Jordi Salvador y Marta Rosique. Fuentes de los sindicatos mayoritarios, CCOO y UGT (con una gran relación con ERC), insisten también en que las conversaciones de las organizaciones de trabajadores con el partido independentista sobre el contenido de la reforma laboral se han remontado al transcurso del diálogo social. “Sabían por dónde iban los tiros, pero les ha dado igual”, dicen en uno de los sindicatos. 

¿Negociación o imposición?

Las conversaciones con ERC han estado marcadas por las dificultades. Las partes diferían incluso en si los contactos eran realmente una negociación o no. En ERC aseguran que cuando el 30 de diciembre comienzan los contactos tras el acuerdo social, su impresión es que Trabajo quiere negociar. “Todavía nadie había hablado de no tocar una coma y nuestro interés era saber cuál era el margen que tenían, para saber por dónde empezar a hablar”, explican fuentes de los republicanos. Pero para mediados de enero esa impresión cambia y los negociadores de ERC entienden que no les dan opción a cambiar nada del texto, sino que les ofrecen cuestiones fuera de la reforma laboral. Una de ellas consiste en que ERC pueda nombrar expertos para una nueva comisión de estudio del estatuto de los trabajadores que prepara el Gobierno, oferta que los republicanos consideran insultante.

Otra de las cuestiones que Trabajo pone sobre la mesa es la posibilidad de devolver a la Generalitat la atribución de autorizar los ERE, explican en ERC, algo que había perdido en 2010, o también ampliar el cuerpo de inspectores, que pese a que es competencia catalana depende del Ministerio para abrir y cubrir nuevas plazas. Pero en Esquerra tampoco están contentos con estas propuestas. “Ellos todo el rato ofrecían cosas sobre competencias para la Generalitat, cuando nosotros queríamos hablar de cuestiones generales e interesantes para todos los trabajadores, como el abuso de la contratación parcial no deseada. Pero en estas cosas a nosotros no nos consideraban interlocutor”, se quejan desde la formación de Gabriel Rufián.

En total llega a haber tres reuniones telemáticas entre el Gobierno y ERC, a lo que hay que sumar las dos cenas que Díaz mantiene primero con el president Pere Aragonès en Madrid, el 12 de enero, y después con el conseller de Trabajo, Roger Torrent, en Barcelona, el día 26 de enero. En ninguna de las dos reuniones la ministra consiguió acercar posturas, ya que ambos representantes objetaron que la negociación debía liderarla el grupo parlamentario. Un grupo que, para el día 24 de enero cuando Díaz llegó a Catalunya para exhibir plena unidad con los sindicatos e intentar convencer a los republicanos, ya daba las negociaciones prácticamente por rotas.

“No avanzábamos, siempre nos remitían a las mismas propuestas. No había concreciones ni compromisos por escrito que involucraran a ambas partes del Gobierno, a Trabajo y a Presidencia. Y seguían negándose a la posibilidad de tocar el texto”, afirman desde Esquerra. Finalmente el diputado Jordi Salvador, que había sido uno de los principales interlocutores, nota síntomas de COVID el sábado, a cinco días de la votación, por lo que se aísla. Será Gabriel Rufián y uno de los técnicos que ha trabajado con Salvador quienes continúen las conversaciones, ya hundidas sin remedio. 

En Trabajo han presentado diferentes textos a ERC, el último este miércoles, aunque se han enfrentado a diferentes exigencias según el momento. En un principio, Pere Aragonès priorizó recuperar la autorización administrativa en los despidos colectivos, pero al final se reflejaba ese compromiso con la propuesta de un papel más activo de la Inspección de Trabajo en los ERE y los catalanes no han aceptado un acuerdo. Pasó a ser, además de esto, necesario también recuperar los 45 días de indemnización por despido improcedente, algo que no está plasmado en el acuerdo de coalición de PSOE y Unidas Podemos. Tampoco se había discutido en el diálogo social, por lo que resultaba inviable.

En los sindicatos mayoritarios pesa la idea de que ERC impuso intereses electorales para debilitar el auge de la popularidad de Yolanda Díaz frente a la negociación real del decreto laboral. Siempre con el convencimiento de que la norma saldría finalmente adelante con otros apoyos, algo que ha estado a punto de no ser por la traición de UPN. “Los primeros que se han quedado preocupados eran los de ERC”, dice un diputado socialista en referencia al momento en el que la presidenta del Congreso, Meritxell Batet, ha dado por derogado el decreto. “Su cara era un poema”, dice otra de las fuentes consultadas.

El choque entre ERC y Unidas Podemos

En la vicepresidencia segunda creen que esta experiencia deja “un mensaje” a los socios de investidura sobre “el peligro” de desmarcarse de políticas tan importantes como esta. Sobre todo, de medidas que se pueden compartir, como era el contenido de la legislación dadas las mejoras en derechos para los trabajadores, pero en la que acaban pesando más otras diferencias. 

La aprobación de la reforma laboral ha dejado un sabor agridulce en la coalición no solo por el truculento final de la votación. Una diputada de Unidas Podemos reconoce que el proceso deja “marcas” al Gobierno y a sus socios. El ala socialista del Ejecutivo, que desde el principio abrió la puerta a la vía Ciudadanos frente a la posición del socio minoritario, se esfuerza por asegurar que esta ha sido una cuestión puntual y que mantiene a PNV, ERC y EH Bildu como socios preferentes para el resto de la legislatura. “Es una votación singular con condicionantes que no tendrán otras”, afirmaba este jueves un ministro socialista.

También Gabriel Rufián ha dejado claro en su intervención que no cambiará su posición: “Mañana tendremos que seguir hablando porque somos muy conscientes de la alternativa”. Sin embargo, el portavoz de ERC ha sido muy duro con el Gobierno, al que ha acusado de “estafar” a los ciudadanos al dar poder de veto a los empresarios, y en especial contra Díaz. “La dura verdad es que esta reforma es exactamente la reforma que hubiera negociado, firmado y votado Albert Rivera si hubiera sido vicepresidente”, ha afirmado. En esta ocasión, PSOE y ERC mantienen las formas y las suspicacias están centradas entre los republicanos y Unidas Podemos, especialmente contra la vicepresidenta segunda. “En Catalunya se va a tensar”, advierten fuentes de los comunes.

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