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Miles de universitarios pasaron los meses de verano como mineros, obreros, albañiles, agricultores y pescadores, compartiendo tiempo y labores con las clases obreras de los años 50 y 60 de la España franquista. Esa era la principal actividad del SUT (Servicio Universitario del Trabajo), a la que luego se sumarían campañas de alfabetización y lo que llamaron “trabajo dominical” en periferias urbanas marginales. La idea de crear una actividad para estudiantes universitarios que acercara a los jóvenes a la clases obreras fue del Padre Llanos, un peculiar jesuita muy cercano al movimiento falangista, capellán del régimen, y que años después militaría en el Partido Comunista. El principal objetivo del Servicio Universitario del Trabajo era eliminar la lucha de clases, que el ideario falangista soñaba con hacer desaparecer.

Comenzó a andar en los últimos años de la España de la posguerra, en 1950. En sus casi veinte años de actividad fue integrado en el sindicato falangista SEU, sobrevivió a su desaparición y contó en sus filas con más de 13.000 universitarios de todo el país. Buscaba dar salida a las inquietudes sociales de los universitarios del franquismo, siguiendo unos valores sociales presumiblemente católicos, pero acabó convirtiéndose en un hervidero progresista donde, en sus años finales, miembros de partidos clandestinos tenían un pie dentro.

De dos campos de trabajo en Almería, con más de treinta estudiantes implicados, a una treintena de campañas estivales cada año repartidas en industrias, minas de carbón y actividades agrícolas por todo el país. Además de convertirse en mano de obra barata, los “sutistas” también convivieron con las familias allí donde habían sido destinados. Del intercambio de tiempo libre entre estudiantes y trabajadores surgieron las campañas de alfabetización, que procuraban ofrecer a obreros y agricultores una educación básica de la mano de los universitarios. El teatro y los teleclubes completaron unas actividades culturales potenciadas alrededor de los campos de trabajo y campañas de educación. “El teatro conectaba perfectamente con lo que hacían las Misiones Pedagógicas de la República” dice Álvaro González, de la Asociación Amigos del SUT.

Los valores del obrerismo se sintieron prácticamente desde sus inicios. La Guerra Civil y la lucha por movimientos prohibidos y derechos, como la jornada de ocho horas, estaban presentes en la memoria de los obreros. La abogada Cristina Almeida, diputada en el Congreso en los 90 y una de las fundadoras de Izquierda Unida, formó parte del SUT: “Me permitió conocer cómo se hacía la contratación de los obreros. Cada día en la plaza el empresario elegía a dedo y subía a los trabajadores a un camión. Quien no subía aquel día no comía.”

En los años finales del Servicio, la politización de la universidad era más que evidente y los estudiantes aprovecharon estas actividades para transmitir a trabajadores y clases más bajas sus inquietudes políticas contra el franquismo, haciéndoles conscientes de sus injusticias y acercándose a movimientos sindicales. “Ese fenómeno de contacto hizo que muchos de nosotros pasáramos a la vida política”, comenta Emilio Criado, investigador jubilado del CSIC y miembro de CCOO, que pasó varios veranos trabajando como minero. Todo ello se sumó al estallido del Mayo del 68 francés y al cambio de la percepción que se tenía de los universitarios. “Pasamos de ser niños buenos, que vienen a dedicar su tiempo, a ser fuente de conflictos”.

Los archivos oficiales desaparecieron con el cierre y suspensión de las últimas campañas en 1969. Hoy es la Asociación Amigos del SUT quien lleva a cabo la recopilación y archivo de documentos, testimonios y memoria colectiva de aquellos años de toma de conciencia progresista. Este verano se cumplen setenta años de la primera campaña en dos campos de Almería. Manuela Carmena, el periodista Jaime Peñafiel, los socialistas Gregorio Peces-Barba y Pasqual Maragall, los abogados Cristina Almeida y Nicolás Sartorius, el actor Mario Gas, el ex Defensor del Pueblo Francisco Fernández Marugán, y el que fue rector de la Universidad Complutense Carlos Berzosa son algunos de los innumerables nombres relevantes que formaron parte del Servicio Universitario del Trabajo junto a otros miles de entonces jóvenes desconocidos. Hoy sabemos que el SUT fue decisivo para la implantación de los partidos clandestinos en el tardofranquismo y, en parte, determinante para el desarrollo de la Transición.

Publicado el
1 de agosto de 2020 - 21:43 h

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